Martes II del Tiempo de Cuaresma – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Is 1, 10. 16-20: Aprended a hacer el bien, buscad la justicia
- Salmo: Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
+ Evangelio: Mt 23, 1-12: Ellos dicen, pero no hacen




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Tiempo de Cuaresma. , Vol. 2, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Isaías 1,10.16-20: Aprended a obrar bien, buscad la justicia. La mejor penitencia es apartarse del pecado y obrar el bien. Comenta San Agustín:

«Mostrad que sois un cuerpo digno de la Cabeza... Tal Cabeza no puede sino tener un cuerpo adecuado a ella» (Sermón 341,13).

Lactancio dice que la caridad cristiana es la verdadera justicia:

«Da preferentemente a éste de quien nada esperas. ¿Por qué eliges las personas? ¿Por qué examinas los miembros? Has de estimar como hombre a todo el que por esto te pide, porque te considera hombre. Expulsa aquellas sombras y apariencias de justicia y adopta la verdadera y tangible. Da copiosamente a los ciegos, enfermos, cojos, desvalidos , a quienes a no ser que se les socorra fallecerán. Son inútiles a los hombres, pero útiles a Dios, quien conserva su vida, quien les da el espíritu, quien los juzga dignos de la luz. Protégelos en cuanto esté de tu mano y sustenta con humanidad la vida de los hombres para que no mueran.

«Quien puede socorrer a los que están a punto de perecer, si no lo hace los mata. Uno, pues, es el oficio cierto y verdadero de la liberalidad y de la justicia: alimentar a los indigentes y a los impedidos» (Inst. Divinas 6,11).

Así lo afirma también San Ambrosio:

«La misericordia es parte de la justicia, de modo que si quieres dar a los pobres esta misericordia es justicia, según aquello: «Distribuyó, dio a los pobres, su justicia permanece eternamente»(Sal 111,9). Además, porque es injusto que el que es completamente igual a ti no sea ayudado por su semejante» (Sermón 8 sobre el Salmo 118,22).

–La justicia, la misericordia y las obras de caridad han de salir del interior del corazón. «No todo el que dice: »Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos» (Mt 7,21). Lo que ha de cambiar en la penitencia es el corazón, pues es de allí de donde proceden nuestros actos. Con el Salmo 49 proclamamos esta verdad:

«Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holo-caustos ante Mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mis mandatos? Eso haces ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. El que ofrece acción de gracias ése me honra; al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios»

Mateo 23,1-12: Ellos no hacen lo que dicen. Debemos dar buen ejemplo no solo con las palabras, sino principalmente con las obras. Lo contrario es el fariseísmo, la hipocresía de los escribas y los jefes de la Sinagoga, que Cristo condena en esta lectura evangélica.

Esta actitud consiste esencialmente en utilizar las prerrogativas propias de la condición de representante de Dios, para, con pretexto de tributarle culto, procurar el propio interés y honra, engañando a los fieles. Las mismas prácticas y gestos religiosos quedan despojadas de su auténtico sentido, ante el deseo desordenado de hacerse notar. Además, el hipócrita pone su ciencia teológica al servicio de su egoísmo, aprovechando su erudición para escoger, entre la casuística de los preceptos, aquellos que le a él le reportan beneficio y cargando a otros con mandamientos de los que ellos mismos se consideran dispensados.

Es un mal gravísimo. Pero es también una tentación para todos, si no fundamentamos nuestras obras en la humildad de corazón y de un amor sincero a Dios y al prójimo. En todo momento hemos de dar a Dios un culto adecuado, el que exige su propio ser y sus obras de amor.

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