Miércoles III Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Heb 10, 11-18: Ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados
- Salmo: Sal 109, 1. 2 .3 .4: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec»
+ Evangelio: Mc 4, 1-20: Salió el sembrador a sembrar




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Hebreos 10,11-18: Cristo ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. El sacrificio único ofrecido por Jesucristo, aceptado por el Padre, que le glorifica en la resurrección, obtiene para los hombres el perdón de los pecados. En esto consiste la nueva y definitiva Alianza. Nada entendemos de la Carta a los Hebreos si no tenemos una conciencia muy profunda de la malicia del pecado, como muerte que separa de Dios, fuente de la vida. Dice San Agustín:

«Se ofrece al Padre un sacrificio nuevo y verdadero de reconciliación, no en el Templo, cuya dignidad ha ya terminado, ni dentro de los muros de la ciudad, que en castigo de su crimen ha de ser destruida, sino en el exterior, «fuera de las puertas de la ciudad» (Heb 13,12), para que, en lugar del misterio abolido de las antiguas víctimas, fuese presentada una nueva hostia sobre un nuevo altar, y fuese la cruz de Cristo no un altar del templo, sino del mundo» (Sermón 59,5).

Esta imagen bellísima indica bien la universalidad del sacrificio redentor de Cristo, expresado ya en la Escritura y muy difundido en la doctrina de los Santos Padres, desde los Padres Apostólicos. Uno de los textos más elocuentes en este sentido es el de Mario Victorino:

«Fue asumido todo el hombre, asumido y liberado. Y en éste fueron liberadas todas las cosas universales, toda la carne, toda el alma, y en la cruz se quitaron y purificaron por Dios Salvador, Palabra Universal de todos los universales» (Contra Arrio 4).

–De nuevo nos trae la liturgia de hoy el Salmo 109: «Tú eres sacerdote según el rito de Melquisedec», que ya rezábamos en el miércoles de la semana segunda.

Marcos 4,1-20: Salió el sembrador a sembrar. Todo cuanto se menciona en esta parábola es muy valioso: el Sembrador, la semilla que se siembra, que es la Palabra de Dios, y la forma y generosidad con que es acogida en el corazón humano. Comenta San Agustín en un sermón, al comienzo de su episcopado:

«Ved cómo salió el sembrador a sembrar. Sale el sembrador y siembra sin pereza. Pero ¿cómo es que parte cae en el camino, parte en tierra pedregosa, parte entre las espinas? Si hubiera temido a esas tierras malas, no hubiera venido tampoco a la tierra buena. Por lo que toca a nosotros, lo único que nos atañe es no ser camino, no ser piedras, no ser espinas, sino tierra buena, para dar el treinta, el sesenta, el ciento, el mil por uno. Sea más, sea menos, pero siempre demos fruto de trigo.

«No seamos camino, donde el enemigo, cual ave, arrebata la semilla pisada por los transeúntes; ni seamos pedregal, donde la escasez de tierra hace germinar pronto lo que luego no puede soportar el calor del sol; ni seamos espinas, que son las ambiciones terrenas y los cuidados de una vida viciosa y disoluta. ¿Y qué cosa peor que la preocupación por la vida no permita llegar a la Vida? ¿Qué cosa más miserable que perder la Vida por preocuparse por la vida? ¿Hay algo más desdichado que caer, por temor a la muerte, en la misma muerte?

«Extírpense las espinas, prepárese el campo, siémbrese la semilla, llegue la hora de la recolección, suspírese por llegar al granero y desaparezca el temor del fuego» (Sermón 101,3).

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