Viernes III Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Heb 10, 32-39: Soportasteis múltiples combates. No renunciéis, pues, a vuestra valentía
- Salmo: Sal 36, 3-4. 5-6. 23-24. 39-40: El Señor es quien salva a los justos
+ Evangelio: Mc 4, 26-34: Echa simiente, duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Francisco, Papa

Homilía (30-01-2015): Amar nos libra de caer en la tibieza


Misa en Santa Marta
Viernes 30 de enero del 2015

No ama en serio quien no recuerda los días del primer amor. Y un cristiano sin memoria de su primer encuentro con Jesús es una persona vacía, espiritualmente inerte, como suelen ser los tibios. Es lo que nos dice el comienzo de lectura de hoy, en la que el autor nos invita a recordar aquellos primeros días, en los que fuisteis —dice— iluminados por Cristo (cfr. Hb 10,32). El día del encuentro con Jesús no se puede olvidar nunca porque es el día de la gran alegría, de las ganas de hacer cosas grandes. Y, junto a la memoria, no podemos perder tampoco la valentía de los primeros tiempos y el entusiasmo y la franqueza, que nacen del recuerdo del primer amor.

La memoria es muy importante para recordar la gracia recibida, porque si perdemos el entusiasmo que proviene del primer amor, caemos en ese peligro tan grande para los cristianos: la tibieza. Los cristianos tibios: están ahí, quietos; sí, son cristianos, pero han perdido la memoria del primer amor. Y también han perdido el entusiasmo. Incluso han perdido la paciencia, no toleran las cosas de la vida con el espíritu del amor de Jesús; tolerar, llevar sobre los hombros las dificultades. ¡Los cristianos tibios —pobrecillos— están en grave peligro!

Cuando pienso en los cristianos tibios, me vienen a la cabeza dos imágenes tan expresivas como desagradables. La que evoca Pedro, del perro que vuelve a su vómito (2Pe 2,22), y la de Jesús, para quien hay personas que, al seguir el Evangelio, expulsan al demonio, pero cuando éste vuelve con más fuerza, le abren la puerta por no estar en guardia, y el demonio toma posesión de aquella casa (Mt, 12,45) inicialmente limpia y aseada. Que es como decir volver al vómito de aquel mal en un primer tiempo rechazado. Sin embargo, el cristiano tiene dos parámetros: la memoria y la esperanza. Retener la memoria para no perder la experiencia tan hermosa del primer amor, que alimenta la esperanza. Muchas veces la esperanza puede parecer oscura, pero se sigue adelante. Cree y va a encontrar a Jesús, porque sabe que la esperanza no defrauda.

Estos dos parámetros son el marco en el que podemos conservar la salvación de los justos que viene del Señor. Una salvación, dice el Evangelio, que hay que proteger para que el pequeño grano de mostaza crezca y dé su fruto (cfr. Mc 4,32). Dan pena y hacen daño al corazón tantos cristianos a medias, tantos cristianos fracasados en el camino hacia el encuentro con Jesús, partiendo del encuentro con Jesús. Ese camino en el que han perdido la memoria del primer amor y la esperanza. Pidamos al Señor la gracia de proteger este regalo, el don de la salvación.

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Hebreos 10,32-39: Soportasteis múltiples combates con gran valentía. No desfallezcáis en ella. El motivo para perseverar en la lucha es la seguridad que tenemos de que la Promesa de Dios se cumplirá, y se cumplirá pronto. Es la eternidad divina la que sostiene y dirige el curso de los tiempos. Por tanto, valentía y confianza en el Señor. Dice Orígenes:

«Lo que falta a causa de la debilidad humana, lo completa Dios, que «hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman» (Cf. Rom 7,28) (Tratado sobre la oración 29,19).

Y San Bernardo:

«Entre los éxitos y fracasos de los momentos inestables, conservarás, como imagen de la eternidad, una sólida ecuanimidad. Bendecirás al Señor en todas las ocasiones y así, en medio de un mundo vacilante, encontrarás la paz, una paz inquebrantable» (Sermones sobre el Cantar de los Cantares 21,4-6).

–Con el Salmo 36 proclamamos que toda nuestra fuerza viene de Dios: «El Señor es quien salva a los justos. Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y Él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará, hará tu justicia como el amanecer, tu derecho, como el mediodía. El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos; si tropieza no caerá, porque el Señor lo tiene de la mano. El Señor es quien salva a los justos. Él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva, porque se acogen a Él».

Marcos 4,26-34: De día y de noche, la semilla va creciendo sin que el sembrador sepa cómo. La obra de Dios se realiza no obstante las limitaciones humanas. Tiene fuerza eficaz por sí misma. ¿Cómo es posible que la Iglesia se extienda rápidamente por todo el mundo a través de medios personales e instrumentales tan pobres? ¿De dónde le viene su fuerza para resistir y vencer tan grandes persecuciones como las que en un principio sufre de los judíos, luego de los romanos y ahora de tantos enemigos del Evangelio de Cristo? Responde San Ambrosio:

«Es cosa normal que, en medio de este mundo tan agitado, la Iglesia del Señor, edificada sobre la piedra de los Apóstoles, permanezca estable y se mantenga firme sobre esta base inquebrantable contra los furiosos asaltos de la mar (Mt 16,18). Ella está rodeada por las olas, pero no se bambolea, y aunque los elementos de este mundo retumban con un inmenso clamor, ella, sin embargo, ofrece a los que se fatigan la gran seguridad de un puerto de salvación» (Carta 2,1-2).

Y San Juan Crisóstomo:

«La nave de Jesús no puede hundirse... Las olas no quebrantan la roca, sino que ellas mismas se convierten en espumas. Nada hay más fuerte que la Iglesia... Es inútil pelear contra el cielo. Dios es siempre el más fuerte» (Homilía antes del exilio).

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