Sábado III Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Heb 11, 1-2. 8-19: Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios
- Salmo: Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo
+ Evangelio: Mc 4, 35-41: ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Hebreos 11,1-2.8-19: Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba ser Dios. Abrahán y Sara permanecen en la fe y por ellos son recompensados. Perseveremos en la fe a toda costa. San Ireneo:

«En Abrahán estaba prefigurada nuestra fe: él fue el patriarca y, por decirlo así, el profeta de nuestra fe, como lo enseña claramente el Apóstol en su Carta a los Gálatas (3,5-9)... El Apóstol no sólo lo llama profeta de la fe, sino padre de aquellos de entre los gentiles que creen en Cristo Jesús. La razón es que su fe y la nuestra son la misma y única fe: él, en virtud de la promesa de Dios, creyó en las cosas futuras como si ya se hubieran realizado; y nosotros, de manera semejante, en virtud de la promesa de Dios, contemplamos como en un espejo por la fe aquella herencia que tendremos en el reino» (Contra las herejías IV, 21,1).

–La fe de Abrahán, la promesa de Dios, el cumplimiento de todas las promesas en Jesucristo..., son, con tantos otros, signos formidables de la visita de Dios a su Pueblo. Abrahán creyó a Dios y por su fe fue justificado, y toda su descendencia sigue perseverando en la fe, ahora en la plena fe de Jesucristo. Recitamos por eso el Cántico del Benedictus (Lc 1,69-75):

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo; según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza. El juramento que juró a nuestro padre Abrahán, para concedernos que libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días».

Marcos 4,35-40: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! En este milagro los Padres han visto siempre figurada la protección de Cristo sobre su Iglesia. Las olas de la persecución tienden a hundirla, pero Cristo está con ella y no lo consiente. Es claro, pues, que la razón de la indestructibilidad de la Iglesia está en su íntima y sustancial unión con Cristo, que es su fundamento primario.

Jesucristo edificó su Iglesia sobre roca viva, y desde el principio prometió a su Esposa que los poderes del infierno no prevalecerían contra ella (Mt 16,18). La fe nos atestigua que esta firmeza en la constitución de la Iglesia y en la veracidad de su doctrina durará siempre. San León Magno dice:

»«Sobre esta piedra firme edificaré un templo eterno, y la alta mole de mi Iglesia, llamada a penetrar en el cielo, se apoyará en la firmeza de esta fe. Los poderes del infierno no podrán impedir esta profesión de fe, los vínculos de la muerte no la sujetarán, porque estas palabras son palabras de vida. Ellas introducen en el cielo a los que la aceptan, y hunden en el infierno a los que la niegan» (Sermón 4,2-3).

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