Viernes IV de Cuaresma – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Sab 2, 1a. 12-22: Lo condenaremos a muerte ignominiosa
- Salmo: Sal 33, 17-18. 19-20. 21 y 23: El Señor está cerca de los atribulados
+ Evangelio: Jn 7, 1-2. 10. 25-30: Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora


Manuel Garrido Bonaño: Año Litúrgico Patrístico

Tomo II: Tiempo de Cuaresma, Fundación Gratis Date.

Entrada: «Oh Dios, sálvame por tu Nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras» (Sal 53,3-4).

Colecta (del Veronense y Gelasiano): «Señor, Tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas, y manifestarla a los hombres con nuestra propia vida».

Comunión: «Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados; el tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros» (Ef 1,7).

Postcomunión: «Señor, así como en la vida humana nos renovamos sin cesar, haz que, abandonado el pecado que envejece nuestro espíritu, nos renovemos ahora por su gracia».

Sabiduría 2,1. 12-22: Lo condenaremos a muerte ignominiosa. La conjura de los impíos contra el justo se verifica en la Pasión de Cristo. En los labios de los enemigos de Cristo al pie de la Cruz se volverán a escuchar palabras semejantes. El impío detesta el reproche permanente que la vida del justo constituya para su vida depravada. El impío quisiera ver suprimido al justo y hace todo lo que puede para llevarlo a cabo.  Su furor satánico le lleva a intentar demostrar que es  vana la confianza filial que el justo tiene en Dios, puesto que ni siquiera Él podrá librarlo de sus manos homicidas. En el fondo es un alegato ateísta.

Así se hizo con Cristo: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo, para que no perezca toda la nación». Así habló el sumo sacerdote Caifás. Desde ese día determinaron quitar la vida a Jesús. Sólo una breve semana y realizarán su plan nefando. Sobornarán al traidor Judas. Se apoderarán de Jesús en el Huerto de los Olivos y seguirán todos los pasos de la Pasión que meditaremos en días sucesivos, sobre todo en la Semana Santa.

–El justo ha de sufrir mucho a causa de los malos. En la lectura primera vemos el modo de pensar y de actuar de éstos. Pero es Dios el que vence y es su protección lo que cuenta. Vivamos con la confianza puesta en Dios. Así lo expresamos con el Salmo 33: «El Señor se enfrenta con los malhechores para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos los libra el Señor. Él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a Él».

Juan 7,1-2.10.25-30: Intentaban apresarlo, pero aún no había llegado su hora. Continúan las controversias judías contra Jesús que proclama en el templo, como Enviado del Padre, su mensaje profético. Jesús sabe muy bien todo lo que va a sucederle. Gracias a la visión continua de Dios, de que goza su alma, conoce exactamente, ve y palpa todo lo que le espera: la traición de Judas, la negación de Pedro, las  humillaciones y dolores indecibles…

También nos vio a nosotros. ¿No es cada pecado un desprecio de Jesús, de sus preceptos, de su doctrina, de sus bienes y promesas? ¡Con cuánta frecuencia se oponen a Cristo y a sus mandatos, las pasiones, los planes y miras humanas en la vida del hombre y del cristiano! Hemos de pedir luces de lo alto para examinar nuestra vida, hacer una auténtica revisión de vida, arrepentirnos de nuestros desvíos y pecados. De este modo nos prepararemos a las fiestas de Pascua con toda sinceridad de corazón y comenzaremos una vida nueva, llena de todas las virtudes.

Bastin-Pinckers-Teheux, Dios cada día: Someter a Dios a prueba.

Siguiendo el Leccionario Ferial (1). Cuaresma y Tiempo Pascual
Sal Terrae, Santander, 1982, pp. 89-90.

Sabiduría 2,1a. 12-22. El libro de la Sabiduría contrapone la suerte de los justos a la de los impíos. Confiados en su propia sabiduría, éstos rechazan toda idea de trascendencia y, de ese modo, se condenan a muerte. Los justos son para ellos un reproche viviente, y por eso desean desembarazarse de ellos lo antes posible. Releídas en la perspectiva del cuarto evangelio, dos afirmaciones adquieren un relieve sobrecogedor: el justo «se jacta de tener a Dios por Padre» y pone su esperanza en una intervención divina para poder escapar a la muerte. 

El salmo 33 canta el reconocimiento del justo liberado de sus enemigos. 

Juan 7,1-2.10.25-30. «En el mundo estuvo, y el mundo no le conoció. Vino a su casa, y los suyos no le recibieron». Los capítulos 7 y 8, que constituyen la parte central del «Libro de las Señales», están dominados por el conflicto entre Jesús y la autoridad de su país. La amenaza de muerte está presente por doquier. El marco del relato es muy simbólico y subraya debidamente la progresiva ceguera de Israel. Al principio, Jesús se esconde en Galilea, porque los judíos quieren matarlo. Después sube a Jerusalén, pero en secreto. Finalmente, dejará el templo para evitar ser lapidado. 

Cuando, al fin, Jesús escoge su hora, se presenta en Jerusalén en plena fiesta de las Tiendas, haciendo realidad la profecía de Malaquías: «Entrará en el santuario el Señor que buscáis» (3,1). 

Los «tests» están hoy de moda. Se somete a «tests» a los aparatos electrodomésticos para verificar la relación «calidad-precio». Se comprueban las posibilidades técnicas de los últimos descubrimientos. Se miden las facultades intelectuales de los estudiantes y la capacidad de adaptación de un empleado. Se acorrala a un candidato para comprobar su capacidad de resistencia y los medios de su política. 

«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo. Declara que conoce a Dios y se da el nombre de Hijo del Señor. Es un reproche para nuestras ideas, y se gloría de tener a Dios por padre». Desde hacía mucho tiempo, los jefes religiosos acorralaban a Jesús. Comprobaron su voluntad midiendo la novedad de su palabra. Saben que no se volverá atrás y que sortea todas sus trampas. Verdaderamente, los «tests» son claros, y su interpretación no tiene contestación posible. Jesús es peligroso, y es preferible que muera uno solo antes que todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes saben que Jesús no corresponde en absoluto a lo que se espera de él. Saben demasiado bien de dónde viene. «Si este justo es hijo de Dios, Dios le asistirá y le librará de sus adversarios. Condenémosle a una muerte infame, ya que, según dice, alguien cuidará de él». Nos parece oír las burlas al pie de la cruz: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: ¡pues que baje ahora y creeremos en él!». Ultima prueba y último «test», pero Jesús no aprobará el examen de recuperación: morirá. ¿Habrá confirmado Dios la decisión de los hombres? Hasta los discípulos dudaron. 

Someter a Dios a prueba… ¡Que nos dé garantías y aceptaremos (¿quizás?) comprometernos! ¡Que demuestre la rentabilidad de lo que propone, y respetaremos sus exigencias! Someter a Dios a prueba, conocer de dónde viene y adonde nos lleva, calcular y sopesar lo que él ofrece y lo que nosotros damos, en lugar de abandonarse y entregarse. ¡Pensáis conocerme y pretendéis saber de dónde soy! Sabedlo: ya me habéis perdido; nadie puede desvelar mi secreto. El único «test» que Dios soporta es el riesgo de una palabra que se da y la locura de una vida que se compromete. El amor no se mide; no conoce otro modo de probarse que su propia existencia. 

Era la fiesta de las Tiendas, en la época de la vendimia. Jesús ya había aceptado la prueba. Irá al lagar de la cruz. El vino sólo existe para ser vertido… Pero mañana estallará el amor en unos nuevos esponsales, y será la fiesta de Dios, que habrá resucitado a aquel a quien habían tendido una trampa. 

* ** 

Dios, nuestra roca,
denuncia a los que nos acusan: 

nuestra increencia y nuestras certezas, 

nuestros temores y nuestros desasosiegos. No nos abandones 

a la trampa de nuestra inconstancia. Muéstranos tu amor 

y lleva a su término
lo que has comenzado en nosotros. 

Zevini-Cabra, Lectio Divina

Tomo III, Cuaresma y Triduo Pascual, Verbo Divino, Estella (Navarra), 2002, pp. 295-301.

LECTIO

Primera lectura: Sabiduría 2,1a.12-22

Después de una exhortación para vivir de acuerdo con la justicia (Sab 1,1-15), el hagiógrafo deja la palabra a los “impíos”. Estos, en un discurso articulado, exponen su “filosofía”: viven la vida como búsqueda desenfrenada del placer, eliminando -incluso con violencia- cualquier obstáculo que se les ponga por delante. Los dos versículos que enmarcan la exposición manifiestan un claro juicio condenatorio: razonan equivocadamente (v. 1), se engañan (v. 21).

Los “impíos” de los que se habla son probablemente los hebreos apóstatas de la comunidad de Jerusalén, que, aliados con los paganos, persiguen a sus hermanos fieles al Dios de la alianza. Con su conducta estos `justos” constituyen una presencia insoportable. Cuatro imperativos muestran un creciente rencor oculto que se convierte en odio abierto: del tender acechanzas se pasa al insulto, para llegar finalmente al proyecto de condena a muerte, en un desafío blasfemo contra Dios (v. 18; cf. v 20).

El “resto” de Israel vive su pasión profetizando la del Mesías. Jesús es el único Justo verdadero, el Hijo amado, el humilde puesto a prueba, escarnecido (v. 19) y condenado a una muerte infame (v. 20). Pero, sobre todo, es él quien, habiendo puesto toda su confianza en el Padre, surge del abismo en la luz de pascua como primogénito de los muertos. La esperanza del Antiguo Testamento adquiere una dimensión inesperada, que supera cualquier “profecía” posible: por los méritos de uno solo, todos son constituidos “justos”, si se abre el corazón para acoger el don de su gracia.

Evangelio: Juan 7,1-2.10.25-30

La persona de Jesús suscitó preguntas e inquietudes entre sus contemporáneos, mientras la aversión de los jefes judíos llega al paroxismo (v. lb). Jesús no es un provocador ni un cobarde: espera la hora del Padre sin huir ni adelantar los acontecimientos. Por eso evita la Judea hostil y cuando por fin sube a Jerusalén a la fiesta más popular, la de las Tiendas, lo hace “de incógnito”, contrariamente al deseo de sus parientes, pero deseosos de disfrutar su fama (vv. 3-5). En la ciudad santa, sin embargo, es reconocido en seguida. Y como siempre se dividen los ánimos: ahora se trata de su mesianismo.

Los círculos apocalípticos de la época sostenían el origen misterioso del Mesías: y si Jesús proviene de Nazaret, es sólo un impostor (vv. 26s). Jesús no ignora las voces que se van difundiendo, y sobre ellas se eleva su propia voz, fuerte y clara, en el templo (v. 28: literalmente “grito”; se trata de una proclamación solemne y con autoridad). Con sutil ironía, se muestra que su origen es efectivamente desconocido a los que piensan saber muchas cosas de él: de hecho, no quieren reconocerlo como el enviado de Dios y por eso no conocen al Dios veraz y fiel que cumple en él sus promesas. Las palabras de Jesús suenan a los oídos de sus adversarios como una ironía, un insulto y una blasfemia. Tratan de echarle mano, pero en vano: él es el Señor del tiempo y las circunstancias, porque se ha sometido totalmente al designio del Padre, y todavía no ha llegado su “hora” (v. 30).

MEDITATIO

Juan ubica el drama mesiánico en el interior de la historia del pueblo de Dios; en particular, une la vida de Jesús con las celebraciones de las grandes fiestas hebreas, que tenían como objetivo mantener viva la memoria de las grandes obras de Dios. Como siempre, en el cuarto evangelio, los pequeños detalles adquieren un valor simbólico. ¿Por qué aparece el complot contra Jesús pocos días antes de la celebración de la fiesta de las Tiendas? En esta fiesta se agradecía a Dios las cosechas y se recordaban los cuarenta años pasados en el desierto. Se construían chozas con ramas -también en Jerusalén-, a las que se iba a meditar: retiro en un desierto simbólico.

La controversia que relata Juan se sitúa precisamente en vísperas de este tiempo propicio a la reflexión. Es como si Jesús hiciese un último esfuerzo para invitar a los adversarios a reflexionar sobre su persona y sobre sus “obras”. Sabemos que el resultado fue negativo. ¿No podríamos quizás nosotros, acogiendo la sugerencia de la liturgia de hoy, hacer este alto en nuestro camino hacia la pascua, tomarnos un tiempo para dedicarlo a releer y meditar este texto tan denso e inagotable, para interrogarnos más profundamente sobre el misterio de la persona de Jesús y adherirnos a él con mayor amor?

ORATIO

¡Ven, Espíritu Santo de Dios!

Hemos endurecido nuestros corazones como una piedra a causa de nuestro pertinaz orgullo, la violencia finamente perpetrada, las grandes o pequeñas ambiciones que perseguimos a toda costa. Cada día condenamos al Inocente a una muerte infame, cuando nos mueve un principio distinto de el del amor. El mal que hacemos, quizás sin darnos cuenta, aplasta hoy a los inocentes.

¡Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo!

Tú, luz santísima, esclarece la conciencia, ilumina la inteligencia: pretendíamos conocer a Dios y hemos despreciado a su Cristo en la multitud de pobres humillados por la vida que, sin apariencia ni brillo, han pasado junto a nosotros.

¡Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo!

Dulce huésped del alma, ayúdanos a descubrir el origen del Humilde que soportó en silencio la iniquidad de todos nosotros sin avergonzarse de llamarnos “hermanos”. Confórmanos a él para que comprendamos la gracia de vivir como hijos del único Padre, enviados por él con Cristo a llevar el amor a todo ser humano.

¡Ven, Espíritu Santo, crea en nosotros un corazón nuevo!

CONTEMPLATIO

Tú eres el Cristo, Hijo del Dios vivo. Tú eres el revelador de Dios invisible, el primogénito de toda criatura, el fundamento de todo. Tú eres el Maestro de la humanidad. Tú eres el Redentor: naciste, moriste y resucitaste por nosotros. Tú eres el centro de la historia y del mundo. Tú eres quien nos conoce y nos ama. Tú eres el compañero y amigo de nuestra vida. Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza. Tú eres aquel que debe venir y que un día será nuestro juez y, así esperamos, nuestra felicidad. Nunca acabaría de hablar de ti. Tú eres luz y verdad; más aún: tú eres “el camino, la verdad y la vida” […].

Tú eres el principio y el fin: el alfa y la omega. Tú eres el rey del nuevo mundo. Tú eres el secreto de la historia. Tú eres la clave de nuestro destino. Tú eres el mediador, el puente entre la tierra y el cielo. Tú eres por antonomasia el Hijo del hombre, porque eres el Hijo de Dios, eterno, infinito.

Tú eres nuestro Salvador. Tú eres nuestro mayor bienhechor. Tú eres nuestro libertador. Tú eres necesario para que seamos dignos y auténticos en el orden temporal y hombres salvados y elevados al orden sobrenatural. Amén (Pablo VI, 29 noviembre 1970).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:

“Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor” (Sal 33,20).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En la vida de Jesús, en su vivir mediante el Padre, se hace presente el sentido intrínseco del mundo, que se nos brinda como amor -de un amor que ama individualmente a cada uno de nosotros- y, por el don incomprensible de este amor, sin caducidad, sin ofuscamiento egoísta, hace la vida digna de vivirse. La fe es, pues, encontrar un tú que me sostiene y que en la imposibilidad de realizar un movimiento humano da la promesa de un amor indestructible que no sólo aspira a la eternidad, sino que la otorga. La fe cristiana obtiene su linfa vital del hecho de que no sólo existe objetivamente un sentido de la realidad, sino que este sentido está personalizado en Uno que me conoce y me ama, de suerte que puedo confiar en él con la seguridad de un niño que ve resueltos todos sus problemas en el “tú” de su madre.

Todo esto no elimina la reflexión. El creyente vivirá siempre en esa oscuridad, rodeado de la contradicción de la incredulidad, encadenado como en una prisión de la que no es posible huir. Y la indiferencia del mundo, que continúa impertérrito como si nada hubiese sucedido, parece ser sólo una burla de sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos esta pregunta nos obligan la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor, que quisiera conocer más y más a quien ha dado su “sí”, para amarle más y más.

¿Lo eres realmente? Yo creo en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de mi vida (J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, Salamanca 1969, 57-58, passim).

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