Lunes IV Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Heb 11, 32-40: Por medio de la fe subyugaron reinos. Dios tiene preparado algo mejor para nosotros
- Salmo: Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24: Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor
+ Evangelio: Mc 5, 1-20: Espíritu inmundo, sal de este hombre




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Hebreos 11,32-40: Por medio de la fe subyugaron reinos. Dios tiene preparadas maravillas para nosotros. La historia de los jueces y profetas de Israel se propone como modelo para los cristianos, quienes han obtenido el cumplimiento de la promesa divina. De nuevo la Carta a los Hebreos encarece el valor de la fe. Es lo que enseña San Ambrosio:

«Si el Señor se cuida de las aves, animales de escaso valor, y de los hombres malvados, haciendo que les nazca el sol y la tierra les sea fructífera; y si reparte con largueza el don de su misericordia a todos, en modo alguno se puede dudar que tiene en una consideración muy presente los méritos de sus fieles. Por eso admirablemente construyó su doctrina, poniendo como cúspide la fe, al mismo tiempo que la colocó como fundamento de las virtudes; porque así como la fe es estímulo de la virtud, así también la virtud constituye la firmeza de la fe» (Comentario a San Lucas VII,118).

–La lectura anterior nos ha mostrado los frutos de la fe. Ha resaltado su grandeza, capaz de las más grandes conquistas y de los más extremados sacrificios. Y en el Antiguo Testamento, toda esa vivencia de fe apunta a Cristo. Pensando en Él cantamos el Salmo 30: «Los que esperáis en el Señor sed fuertes y valientes de corazón. Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles y concedes a los que a Ti se acogen a la vista de todos. En el asilo de tus presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras. Bendito el Señor que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada... Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a su leales».

Marcos 5,1-20: Espíritu inmundo, sal de este hombre. La lepra, los demonios, todas las miserias que puedan oprimir a los hombres, todas son vencidas por Cristo Salvador con suprema facilidad. San Máximo el Confesor escribe:

«La fuerza de los demonios disminuye cuando la práctica de los mandamientos debilita en nosotros las pasiones; y es eliminada cuando, por efecto de la libertad interior, estas pasiones desaparecen finalmente del alma; porque ellos no encuentran ya en ella las complicidades que sirven de base a sus ataques» (Centurias sobre la caridad 2,22).

Siempre estamos nosotros expuestos a las tentaciones del diablo. Por eso San León Magno nos exhorta:

«Fundados, amadísimos, en esta esperanza [en el triunfo de Cristo], guardaos de todos los artificios del diablo, que no sólo busca sorprender por los placeres corporales, sino que también siembra la cizaña de la mentira en el buen trigo de la fe, e intenta profanar el campo de la verdad, para hacer caer por los errores malvados a los que no ha podido corromper por sus malas acciones... Nosotros, libertados de estos peligros por el Señor Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, soportemos con una fe gozosa todas las pruebas y todos los combates de la vida presente» (Homilía 69,5).

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