Miércoles V de Pascua – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Hch 15, 1-6: Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia
- Salmo: Sal 121, 1-2. 4-5: Vamos alegres a la casa del Señor
+ Evangelio: Jn 15, 1-8: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Tiempo de Pascua. , Vol. 3, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Hechos 15,1-6: Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los Apóstoles y a los presbíteros sobre la controversia. ¿Los gentiles tenían que abrazar la ley judaica antes de convertirse al cristianismo? La solución tiene que venir del cuerpo responsable de la Iglesia: los Apóstoles y ancianos. Así nació el primer concilio de la Iglesia. La nota jerárquica de la Iglesia se manifiesta desde sus orígenes.  Juan Pablo I, en su alocución del 3 de septiembre de 1978 cita estas palabras de San Efrén:

«Nos parece escuchar como dirigidas a Nos, las palabras que, según San Efrén, Cristo dirigió a Pedro: «Simón, mi Apóstol, yo te he constituido fundamento de la Santa Iglesia. Yo te he llamado ya desde el principio Pedro, porque tú sostendrás todos los edificios; tú eres el superintendente de todos los que edificarán la Iglesia sobre la tierra...Tú eres el manantial de la fuente, de la que emana mi doctrina; tú eres la cabeza de mis Apóstoles...Yo te he dado las llaves de mi reino»».

–La resurrección de Jesús ha fijado a nuestra vida una meta de esperanza. En Jerusalén está Pedro. Allí se dirigen Pablo y Bernabé para que con los demás apóstoles y ancianos determinen lo que se ha de hacer en la cuestión judaizante. Nosotros vamos con ellos y cantamos el Salmo 121: «Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. En ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David». Todo esto ha pasado a la Iglesia, a su jerarquía, a Pedro, cabeza del Colegio apostólico.

Juan 15,1-8:  El que permanezca en Mí ese dará fruto abundante. Comenta San Agustín:

«Y si el sarmiento da poco fruto, el agricultor lo podará para que lo dé más abundante. Pero, si no permanece unido a la vid, no podrá producir de suyo fruto alguno. Y puesto que Cristo no podría ser la Vid si no fuese hombre, no podría comunicar también esa virtud a los sarmientos si no fuera también Dios. Pero, como  nadie puede tener vida sin la gracia, y sólo la muerte cae bajo el poder del libre albedrío, sigue diciendo: «El que no permaneciere en Mí será echado fuera, como el sarmiento y se secará, lo cogerán y lo arrojarán al fuego para que arda» (Jn 15,6).

«Los sarmientos de la vid son tanto más despreciables fuera de la vid, cuanto son más gloriosos unidos a ella, y como dice el Señor por el profeta Ezequiel (15,5), cortados de la vid, son enteramente inútiles al agricultor y no sirven para hacer con ellos ninguna obra de arte. El sarmiento ha de estar en uno de estos dos lugares: en la vid o en el fuego; si no está en la vid, estará en el fuego. Permanece, pues, en la vid para librarte del fuego» (Tratado 81,3 sobre el Evangelio de San Juan).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

El Tiempo Pascual Día tras Día. , Vol. 3, CPL, Barcelona, 1999

1. Hechos 15,1-6 

a) Los conflictos en la iglesia de Antioquía se agudizan con la intervención de "unos que bajaron de Judea", y que quieren imponer unas leyes claramente judaizantes. 

Ahora nos puede parecer que el problema de aquella comunidad era de poca importancia, pero para ellos era decisivo. La circuncisión es un detalle representativo para saber si siguen en vigor las leyes judías también para los paganos que se convierten: ¿nos salvamos por Jesús o seguimos dependiendo de la ley de Moisés? Ya antes (Hch 10-11), en el caso de Cornelio, les había indicado claramente el Espíritu Santo que debían abrirse a los paganos. Pero la sensibilidad de las personas no cambia en dos días, y sigue la tensión. Se está librando la batalla de la universalidad del Cristianismo. 

La comunidad de Antioquía envía a Pablo y Bernabé a Jerusalén -costeando su viaje, detalle muy realista- para que confronten su problema con los apóstoles y presbíteros. Fueron bien acogidos y todos "se reunieron a examinar el asunto". Empieza el llamado "concilio de Jerusalén", del que seguiremos leyendo mañana. 

b) La situación de Antioquía nos hace pensar que a lo largo de la historia, y también seguramente ahora, hay en una comunidad cristiana momentos de tensión. Porque nacen de por sí, o por la necesidad de adaptarse a circunstancias nuevas, o porque hay personas interesadas en sembrar confusión. 

La lección que nos dan aquellos primeros cristianos es que saben dialogar. Hay discusiones, y seguramente fuertes, pero la decisión la van a tomar sentándose a dialogar, escuchando los unos a los otros los argumentos que tienen que aportar, y discerniendo en común lo que es más fiel a la voluntad de Dios. 

También ahora unos están más apegados a ciertas formas de ley, según la formación que han recibido. Otros son más liberales. Unos y otros pueden estar convencidos de lo suyo y creen que son fieles a Cristo. Pero unos y otros deben saber escuchar, no pretender que prevalezca su opinión. Los apóstoles escucharon lo que Pablo y Bernabé tenían que contar. También escucharon a otros -fariseos convertidos- que eran partidarios de que "hay que exigirles que guarden la ley de Moisés". Y a su tiempo tomaron decisiones desde la fe y desde la inspiración del Espíritu. 

Mejor nos irían las cosas en una familia o en cualquier clase de comunidad si fuéramos menos intransigentes, más capaces de dialogar, y de escuchar, y de hacerlo desde la fe. Buscando el bien común, la fidelidad a Cristo, y no la victoria personal. 

2. Juan 15,1-8 

a) Qué hermosa la comparación con la que hoy describe Jesús la unión de los discípulos con él. 

Él es la vid, la cepa. Los fieles son los sarmientos. De la vid pasa la savia, o sea, la vida, a los sarmientos, si "permanecen" unidos a la vid. Si no, quedan secos, no dan fruto y se mueren. El verbo "permanecer", en griego "menein", aparece 68 veces en los escritos de Juan: once de ellas en este capítulo 15. 

Dios Padre es el viñador, el que quiere que los sarmientos no pierdan esta unión con Cristo. Ésa es la mayor alegría del Padre: "que deis fruto abundante". Incluso, para conseguirlo, a veces recurrirá a la "poda", "para que dé más fruto". 

De entre las varias comparaciones que tienen como clave la vid y la viña -el pueblo de Israel como una viña plantada por Dios, que se queja amargamente de que la viña en la que había puesto su ilusión no le da frutos; los viñadores malos castigados porque no pagan al dueño-, ésta de la cepa y los sarmientos es la que más íntimamente describe la unión vital de Cristo con sus seguidores. 

b) La metáfora de la vid y los sarmientos nos recuerda, por una parte, una gozosa realidad: la unión íntima y vital que Cristo ha querido que exista entre nosotros y él. Una unión más profunda que la que se expresaba en otras comparaciones: entre el pastor y las ovejas, o entre el maestro y los discípulos. Es un "trasvase" íntimo de vida desde la cepa a los sarmientos, en una comparación paralela a la de la cabeza y los miembros, que tanto gusta a Pablo. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que esta comunión la realiza el Espíritu: "La finalidad de la misión del Espíritu Santo es poner en comunión con Cristo para formar su Cuerpo. El Espíritu es como la savia de la vid del Padre que da su fruto en los sarmientos" (CEC 1108). 

Esta unión tiene consecuencias importantes para nuestra vida de fe: "el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante". 

Pero, por otra parte, también existe la posibilidad contraria: que no nos interese vivir esa unión con Cristo. Entonces no hay comunión de vida, y el resultado será la esterilidad: "porque sin mí no podéis hacer nada", "al que no permanece en mí, lo tiran fuera y se seca", "como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí". Es bueno que hoy nos preguntemos: ¿por qué no doy en mi vida los frutos que seguramente espera Dios de mí? ¿qué grado de unión mantengo con la cepa principal, Cristo? 

En un capítulo anterior, el evangelista Juan pone en labios de Jesús otra frase muy parecida a la de hoy, pero referida a la Eucaristía: "el que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí y yo en él... Como yo vivo por el Padre, así el que me coma vivirá por mí" (Jn 6,56-57). La Eucaristía es el momento más intenso de esta comunión de vida entre Cristo y los suyos, que ya comenzó con el Bautismo, pero que tiene que ir cuidándose y creciendo día tras día. Tiene su momento más expresivo en la comunión eucarística, pero luego se prolonga -se debe prolongar- a lo largo de la jornada, en una comunión de vida y de obras. 

"Atrae hacia ti el corazón de tus fieles" (oración) 
"Que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error" (oración)
"Se reunieron a examinar el asunto" (1ª lectura) 
"Sin mí no podéis hacer nada" (evangelio)
"Permaneced en mí y yo en vosotros"  (evangelio) 

Zevini-Cabra

Lectio Divina para cada día del año

Tiempo de Pascua. , Vol. 4, Verbo Divino, Navarra, 2001

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 15,1-6

En el comienzo del fragmento aparece planteada la cuestión que tanto interesó y turbó a los primeros discípulos: ¿hace falta la circuncisión para salvarse? Pablo y Bernabé responden decididamente que no. Pero ¿y si los que dicen lo contrario contaran con el aval de las columnas de la Iglesia de Jerusalén?

De ahí viene la solución: ir directamente a Jerusalén. Allí, tras un viaje en el que cuentan sus éxitos apostólicos, suscitando una «gran alegría a todos los hermanos», fueron recibidos por «la iglesia, los apóstoles y demás responsables» y encuentran la misma oposición que hallaron en Antioquía por parte de los fariseos convertidos.

Su tesis es la típica de los judaizantes, contra los que Pablo tendrá que luchar durante mucho tiempo (cf. sobre todo Gal 5,6-12). Para éstos, la ley de Moisés tenía una validez perenne y, por consiguiente, también tenía que ser impuesta a los convertidos del paganismo.

La cuestión es seria: de ahí que se convoque una reunión a la que asisten los apóstoles y los demás responsables. Según una variante occidental del texto original, asistieron también «el conjunto de los hermanos». Son las premisas del celebérrimo «Concilio de Jerusalén», la primera reunión oficial de la Iglesia para resolver una cuestión grave, de la que podía depender la difusión de la Palabra entre el mundo pagano. Sobre esta reunión se han derramado ríos de tinta (en parte por la dificultad de armonizar los datos de Lucas con los de Pablo). Con todo, la importancia de la reunión es indudable y sus resultados serán altamente positivos.

Evangelio: Juan 15,1-8

MEDITATIO

Debo caer en la cuenta de que el cristianismo no es sólo un mensaje, sino una vida. No afecta sólo a la mente, sino que nos hace dar un salto cualitativo en el orden del ser. No es sólo algo iluminador, sino transformador. Es la vida divina derramada en mí por Cristo, que vivifica mi existencia gracias a mi comunión con él. ¿Quién puede darme la vida divina, la participación en la vida inmortal, una vida más allá de toda imaginación, sino Dios mismo? No puedo subir al cielo, sólo puedo recibir lo que del cielo me viene dado. Y lo recibo estando en comunión con Cristo, la vid, y con los hermanos, los otros sarmientos. El Padre da la vida al Hijo y el Hijo la transmite a los que están unidos a él: ésa es la realidad que lo transforma todo.

¿Pienso alguna vez en la unicidad de la «vida divina»? Esta expresión puede parecernos a veces vaga, dado que no es verificable con instrumentos humanos, pero es decisiva, porque es la razón de mi «ser hijo» de Dios, de mi vida definitiva con él, una vida que será vida de «familia» con la inaccesible y gloriosa Trinidad, puesto que ahora soy «consanguíneo» suyo. El punto de soldadura insustituible entre lo divino y lo humano sigue siendo Jesús y la comunión con él. Jesús es insustituible para mi vida de hijo de Dios; él me convierte en un sarmiento sano con su palabra, él me hace llegar la linfa vital de la inmortalidad, una linfa que viene de la eternidad y sumerge en la eternidad.

¡Suprema belleza la de la fe! ¡Grandioso panorama el de una vida divinizada!

ORATIO

Oh Jesús, ¡cuán grande y decisivo eres! Contigo estoy vivo, sin ti estoy muerto. Contigo me arrolla el río inmortal de la vida divina y me lleva hacia el océano divino, ilimitado y sin ocaso. Contigo lo soy todo, sin ti no soy nada.

Te doy gracias, Señor, lleno de admiración, por haber venido a unirme con la eternidad; más aún, con el Padre, fuente de la vida perenne. Atame a ti, para que no sea yo un sarmiento cortado, un sarmiento sin fruto. Mantén viva en mí la conciencia de la necesidad de mi comunión contigo. Por eso te presento toda la necesidad que tengo de la Palabra que me une a ti, de la eucaristía que me alimenta de ti, del mandamiento nuevo que me une con mis hermanos y produce el fruto precioso de la fraternidad, del testimonio de tu nombre, que llena de racimos maduros mi sarmiento.

Pódame, Señor, con tu Palabra y sostén mi compromiso de dar frutos duraderos en los campos de la fraternidad, de la veneración y del amor a tu santo nombre, nombre de vid, nombre de vida, nombre de frutos que maduran para la eternidad.

CONTEMPLATIO

Que nadie piense que el sarmiento por sí solo puede producir algún fruto. El Señor ha dicho que quien está en él produce «mucho fruto». No ha dicho: «Sin mí podéis hacer poco», sino: «Sin mí no podéis hacer nada».

De todos modos, sea poco o mucho, no podemos hacerlo sin él, puesto que sin él no podemos hacer nada. Porque cuando el sarmiento produce poco fruto, el agricultor lo poda para que produzca más; sin embargo, si no está unido a la vid y no toma alimento de la raíz, no podrá dar por sí mismo ningún fruto (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 80,2).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos» (Jn 15,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El arte de vivir en íntima unión con Jesús se puede ejercitar de tres maneras: en primer lugar, manteniéndonos siempre en su presencia, sin perderlo nunca de vista. Este arte consiste, esencialmente, en acostumbrarse a oír a Jesucristo en sí mismo mediante el recuerdo de su divina presencia en nosotros, mediante la costumbre arraigada de realizar actos de amor con él y mediante la gracia que Dios nos concede a Fin de crear unas íntimas relaciones de familiaridad entre él y el alma. La disposición más importante que se requiere es pensar en él con motivo de todo, representarnos su vida, su pasión y sus dichos, porque de este modo es como se crea una dulce familiaridad.

En segundo lugar, corresponder fielmente y con exactitud a las inspiraciones del cielo. Es preciso seguir a Jesús con corazón atento, ávido de escuchar su Palabra y seguir sus invitaciones. En tercer lugar, con humildad de corazón: así como los que viven en la corte deben seguir la regla de una perfecta corrección exterior, también Ios que Forman la corte de nuestro Señor deben ser conscientes de la grandeza de la vocación cristiana y vivir con ansiedad y amor humilde (J. J. Surin, 1 fondamenti Bella vita spirituale, Roma 1994).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria.
Te aclamarán mis labios, Señor. Aleluya.
(Sal 70, 8. 23)

Oración colecta
Oh Dios,
que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido,
atrae hacia ti el corazón de tus fieles,
para que siempre vivan a la luz de tu verdad
los que han sido librados de las tinieblas del error.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor,
que la celebración de estos misterios pascuales
nos llene siempre de alegría
y que la actualización repetida de nuestra redención
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
El Señor ha resucitado, él nos ilumina,
a nosotros, los redimidos por su sangre. Aleluya.

Oración post-comunión
Escucha, Señor nuestras oraciones,
para que la participación
en los sacramentos de nuestra redención
nos sostenga durante la vida presente
y nos dé las alegrías eternas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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