Miércoles IX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Tb 3, 1-11. 24-25: Llegaron las oraciones de los dos a la presencia gloriosa del Dios Altísimo
- Salmo: Sal 24, 2-3a. 4-5ab. 6-7bc. 8-9: A ti, Señor, levanto mi alma
+ Evangelio: Mc 12, 18-27: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Tobías 3,1-11.24-25: Llegaron las oraciones de los dos a la presencia del Altísimo. El anciano Tobías ruega al Señor con humildad y arrepentimiento, en tanto que en otro lugar, una de sus compatriotas, Sara, insultada por una criada, se entrega al ayuno y a la oración. Dios atiende las súplicas de ambos, y les envía al arcángel San Rafael. Grande es el poder de la oración. San Juan Crisóstomo dice:

«La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella, nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos, y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible... La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios; alegra nuestro espíritu, confirma nuestro ánimo» (Homilía 6 sobre la Oración).

–Por encima de todo, sobre las maquinaciones contra los justos, está la providencia de Dios, que los cuida y dirige. Esta seguridad es la que provoca en ellos una esperanza sólida, aun en medio de muchas y graves dificultades. No se ven defraudados jamás.

Dios les guía. Por eso hemos de abandonarnos en Él con absoluta confianza. A esto nos ayuda el Salmo 24: «A ti, Señor, levanto mi alma, Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras que el fracaso malogra a los traidores. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña sus camino a los humildes».

Marcos 12,18-27: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Cristo siempre salió victorioso de las dificultades que le ponían sus enemigos. Ahora a los saduceos les da una gran lección sobre la resurrección. La esperanza en la resurrección es la verdadera fuerza capaz de ordenar todas las realidades humanas en una escala de valores eternos. San Juan Crisóstomo comenta:

««Dios no es Dios de muertos, sino de vivos». No es Dios –les dice– de quienes no existen, de quienes absolutamente han desaparecido y que no han de levantarse más. Porque no dijo: «Yo era», sino: «Yo soy», es Dios de quienes existen y viven. Porque a la manera que Adán, si bien estando vivo el día que come del árbol prohibido, muere por sentencia divina, así éstos, aun cuando han muerto, viven por la promesa de la resurrección... Y aún sabe el Señor de otra clase de muertos, sobre los que dice: «dejad que los muertos entierren a los muertos».«Las gentes que lo oyeron quedaron maravilladas de su doctrina. Los saduceos, entonces, se retiran derrotados. Las muchedumbres, ajenas a todo partidismo, sacan fruto. Por tanto, ya que tal es la resurrección, hagamos todo lo posible a fin de obtener en ella los primeros puestos» (Homilía 70, 3, sobre San Mateo).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Mírame, oh Dios, y ten piedad de mi, que estoy solo y afligido.
Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados, Dios mío.
(Sal 24, 16. 18)

Oración colecta
Señor,
nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca,
y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal
y nos concedas aquellos beneficios
que pueden ayudarnos para la vida presente y futura.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Señor,
llenos de confianza en el amor que nos tienes,
presentamos en tu altar esta ofrenda,
para que tu gracia nos purifique
por estos sacramentos que ahora celebramos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
(Sal 16, 6.8)
O bien:
Os lo aseguro: Cualquier cosa que pidáis en la oración,
creed que os la han concedido y la obtendréis -dice el Señor-.
(Mc 11, 23-24)

Oración post-comunión
Guía, Señor,
por medio de tu Espíritu,
a los que has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
y haz que, confesando tu nombre
no sólo de palabra y con los labios,
sino con las obras y el corazón,
merezcamos entrar en el reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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