Miércoles XIII Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Am 5, 14-15. 21-24: Retirad de mi presencia el estruendo del canto; fluya la justicia como arroyo perenne
- Salmo: Sal 49, 7. 8-9. 10-11. 12-13. 16bc-17: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
+ Evangelio: Mt 8, 28-34: ¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo ?




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana X-XVIII del Tiempo Ordinario. , Vol. 5, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Amós 6,14-15.21-24: Dios manifiesta su desagrado ante el culto que se limita a unas prácticas externas y carece de sinceridad. El que es justo y exigente no puede contentarse sino con la equidad y la justicia de sus seguidores.

Lo exige la esencia del culto que es la veneración por un ser basada sobre el sentimiento de su excelencia y de la propia inferioridad y sumisión que se tiene frente a ello. Es, pues, radicalmente una cierta actitud interna hecha no sólo de admiración, de estima y de honor, sino también de humildad y de protestación de sumisión.

El culto es esencial y principalmente interno. Ante todo porque el culto es un homenaje que se rinde a Dios; ahora bien, el honor está formalmente en el espíritu que lo rinde, siendo formalmente una actitud del espíritu, ante todo de la voluntad. También porque Dios es espíritu y en espíritu hay que ponerse en contacto con Él. Finalmente, porque en el hombre la parte sustancial, determinante, y más noble es el espíritu. Pero, como el hombre no es solamente espíritu, también es necesario el culto externo, social y colectivo. Mas en ese culto externo no se ha de omitir el interno, pues es esencial al culto.

El culto supone un signo empeñativo: las disposiciones de ánimo en las que el culto interno consiste no se conciben sin el «compromiso» o la obligación, al menos implícita de vivir en el futuro como lo exige de nosotros la excelencia de Dios, que reconocemos en el culto y la sumisión que le profesamos.

–Con el Salmo 49 nos ponemos en la misma línea de lo dicho anteriormente: «Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios» Es una requisitoria contra el formalismo requisitoria no son los sacrificios rituales que el pueblo ofrece, sino el absurdo de erigir la religión y el culto en un sistema consistente por sí mismo y privado de la entrega sincera del corazón. El sacrificio que Dios quiere es el sacrificio de alabanza, o lo que es lo mismo, que el hombre integre en sus sacrificios su misma persona, en contraposición de los dones puramente materiales. Los profetas insistieron mucho en esto. No debe haber dos líneas paralelas: por un lado el culto y por otro la conducta, la propia vida de espaldas a lo que el culto exige. Esto tiene una gran aplicación para nosotros.

El Concilio Vaticano II dice así:

«Mas, para asegurar la plena eficacia de la liturgia, es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina para no recibirla en vano. Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente» (Sacrosanctum Concilium11).

Mateo 8,28-34: Los milagros de Jesús dan a conocer la presencia misteriosa del Reino que hace retroceder a las fronteras del imperio del mal. Al liberar a los hombres de la sujeción a los espíritus malignos, Jesús lleva a cabo ya desde ahora el juicio de Dios. Dice San Juan Crisóstomo:

«Apenas hubo desembarcado Jesús, al milagro pasado sucedió otro más temeroso. Y fue que unos endemoniados, como si fueran esclavos fugitivos y criminales que se topan con su amo comenzaron a gritar: «¿qué tenemos que ver contigo Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Como las turbas le habían confesado hombre, vienen ahora los demonios a proclamarlo Dios; y los que no habían oído al mar embravecido y luego en calma, ahora oían a los demonios que gritaban lo mismo que había proclamado el mar con su calma.

«Luego, porque no se pensara que era cuestión de adulación, como quienes lo estaban muy bien experimentando, gritan y dicen: ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo? Muy bien hacen confesando ante todo su enemistad con el Señor, pues así no caben sospechas en la súplica que le van a dirigir... ¿Y por qué razón mataron los demonios a los cerdos? No por otra razón sino porque el empeño de los demonios es siempre afligir a los hombres y en la ruina de éstos está siempre su alegría... Realmente también en el caso de estos endemoniados les salió la jugada al revés; pues, por una parte, quedó proclamado el poder de Cristo, y proclamada también, con más claridad aún, la maldad de ellos, de la que el Señor libró a los posesos; y, por otra, se demostró que, si el Dios de todas las cosas no se lo permite, no pueden ellos tocar ni a una piara de cerdos» (Homilía 28,2-3 sobre San Mateo).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo.
(Sal 46, 2)

Oración colecta
Padre de bondad,
que por la gracia de la adopción
nos has hecho hijos de la luz;
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error
y permanecer siempre en el esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Oh Dios, que obras con poder en tus sacramentos,
concédenos que nuestro servicio
sea digno de estos dones sagrados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Bendice, alma mía, al Señor y todo mi ser a su santo nombre.
(Sal 102, 1)

O bien:
Padre, por ellos ruego; para que todos sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado -dice el Señor-.
(Jn 17, 20-21)

Oración post-comunión
La víctima eucarística
que hemos ofrecido y recibido en comunión,
nos vivifique, Señor,
para que, unidos a ti, en caridad perpetua,
demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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