Lunes XIX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Dt 10, 12-22: Circuncidad vuestro corazón. Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis
- Salmo: Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20: Glorifica al Señor, Jerusalén
+ Evangelio: Mt 17, 21-26: Lo matarán, pero resucitará. Los hijos están exentos de impuestos.




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Deuteronomio 10,12-22: Se invita a Israel a temer a Dios, observando sus mandamientos y amándole. Vida interior. Espiritualidad profunda.

Dios no ama solamente a los patriarcas, sino que incesantemente renueva su amor, y es la situación actual del pueblo la que se hace digna de amor a sus ojos. El amor de Dios no es rechazado ni por la pequeñez ni a causa del pecado.

La elección, revelación del amor de Yahvé a su pueblo, implica la idea de que este último debe testimoniar por su parte su amor y adhesión a Dios. Esta reciprocidad de amor, que no es otra que la Alianza, invita al pueblo a amar a los pobres y a los extranjeros con el mismo amor que Dios siente hacia ellos. Exigencia, tanto más extraordinaria, cuanto que el pueblo marcha incesantemente a la conquista de un país que está en poder de extranjeros. Los profetas, y en esta lectura también, insisten mucho en la interioridad, en la compunción del corazón, del cumplimiento de la voluntad de Dios y del amor con que es cumplida.

–Bendecimos al Señor con el Salmo 147: «Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión, que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti... Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina, envía su mensaje a la tierra y su palabra corre veloz... Con ninguna nación obró así ni les dio a conocer sus mandatos».

Verdaderamente, si con ninguna nación obró así Dios como con Israel, anunciándole su palabra y dándole a conocer sus decretos y mandatos en la Alianza, ¿quién podrá imaginar la realidad de la Nueva Alianza en la Iglesia, en la que perpetuamente vive Cristo, realmente presente en la Eucaristía? Acercarse a la Eucaristía es acercarse a la Palabra omnipotente de Dios, que hace el mayor milagro: acercarse a los hombres y hacerse una misma cosa con ellos.

Mateo 17,21-24: Lo matarán pero resucitará. Luego de haber anunciado por segunda vez su cercana pasión, Jesús responde a la pregunta acerca del impuesto del Templo, volviendo a insistir sobre todo en la libertad de los hijos de Dios ante tal impuesto. Pero Jesús no es ningún revolucionario: quiere evitar el escándalo que provocaría si rechazase pagar el canon, especialmente en favor del Templo. San Jerónimo dice:

«Nuestro Señor era hijo de rey según la carne y según el espíritu, como descendiente de la estirpe de David y como Verbo del Padre omnipotente. Luego como hijo de rey no debía pagar el impuesto pero, dado que ha asumido la debilidad de la carne, ha debido «cumplir toda justicia» (Mt 3,15). Desdichados de nosotros que estamos censados bajo el nombre de Cristo y no hacemos nada digno de tan grande majestad; Él, por nosotros, ha llevado la cruz y ha pagado el impuesto, nosotros no pagamos impuestos en su honor. [Los miembros del clero no pagaban impuestos después que Constantino reconoció el cristianismo] y como si fuéramos hijos de rey, estamos dispensados de los tributos...

«No sé qué admirar primero aquí, si la presciencia del Salvador o su grandeza; la presciencia porque sabía que el pez tenía una moneda en la boca y que era el primero que iba a ser capturado; su grandeza y su poder porque a una palabra suya se formó una moneda en la boca del pez y su palabra realizó lo que iba a suceder.

«En sentido místico me parece que este pez capturado en primer lugar es aquel que estaba en el fondo del mar y moraba en las profundidades saladas y amargas para ser liberado por el segundo Adán, él, el primer Adán, y por lo que se había encontrado en su boca, es decir, su confesión, fue entregado por Pedro al Señor. Y está bien que sea dado precisamente ese precio, pero está dividido en dos partes, por Pedro es entregado como precio por un pecador, en cambio nuestro Señor no había conocido pecado ni se había hallado mentira en su boca (Is 53,9; 1 Pe 1,22)» (Comentario al Evangelio de Mateo 17,25-27).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

Tiempo Ordinario. Semanas X-XXI. , Vol. 5, CPL, Barcelona, 1997
pp. 250-254

1. Deuteronomio 10,12-22

a) En el libro del Deuteronomio -«la segunda ley»- sigue Moisés dando las ultimas recomendaciones a su pueblo, al final de la travesía del desierto.

La lógica es muy hermosa:

- Dios nos ha amado. Ese Dios que ha hecho los cielos y la tierra, el todopoderoso: «se enamoró el Señor de vuestros padres, los amó, y os escogió a vosotros entre todos los pueblos».

- Por tanto, ahora nos toca a nosotros corresponderle. Los verbos su suceden: «que temas al Señor, que sigas sus caminos, que le ames, que le sirvas, que guardes sus preceptos, que te pegues a él ...».

Moisés concreta, una vez más, el amor a Dios relacionándolo con el amor al prójimo: ya que Dios «no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, dándole pan y vestido», también nosotros debemos hacer lo mismo: «amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto».

b) La lógica de Moisés sirve también para nosotros, que hemos experimentado el amor de Dios todavía más que los israelitas.

En Cristo Jesús nos ha elegido para hijos suyos. Nos ha dado la plenitud de la libertad y de la salvación. Nosotros sí que podemos decir con el salmo: «glorifica al Señor, alaba a tu Dios... que ha puesto paz en tus fronteras, él envía su mensaje a la tierra... con ninguna nación obró así».

Amar a Dios, servirle, seguir sus caminos: ahí está la verdadera felicidad para cada persona y la clave de la armonía y la prosperidad para la comunidad. Esos caminos de Dios no son sólo de oración y de culto, sino también de justicia y de caridad. «Circuncidar el corazón» es una invitación a que sepamos cortar por lo sano. Cuando un médico nos dice que hay que operar, que hay que extirpar algo de nuestro cuerpo para el bien del resto, no dudamos en obedecerle. ¿Y cuando nos lo pide la salud espiritual?

Seguir los caminos de Dios y cumplir sus mandatos no es exactamente la consigna que más se oye en nuestra sociedad. Pero es la que nos recuerda continuamente la Palabra de Dios, que, de ese modo, hace de contrapunto a las voces de este mundo. Es lo que vino a hacer y a enseñar Jesús: «mi alimento es cumplir la voluntad de mi Padre». Los que hemos orientado nuestra vida en esta dirección -responder con nuestro amor concreto al amor que nos ha mostrado Dios-, haremos bien en refrescar hoy nuestras motivaciones y la coherencia en nuestro estilo de vida.

2. Mateo 17,21-26

a) Después de un nuevo anuncio de su muerte y resurrección -que entristece mucho a sus discípulos-, el pasaje de hoy se refiere al pago de un tributo por parte de Jesús.

Desde tiempos de Nehemías era costumbre que los israelitas mayores de veinte años pagaran, cada año, una pequeña ayuda para el mantenimiento del Templo de Jerusalén: dos dracmas (en moneda griega) o dos denarios (en romana). Era un impuesto que no tenía nada que ver con los que pagaban a la potencia ocupante, los romanos, y que recogían los publicanos.

Jesús pagaba cada año este didracma a favor del Templo, como afirma en seguida Pedro. Cumple las obligaciones del buen ciudadano y del creyente judío. Aunque, como él mismo razona, el Hijo no tendría por qué pagar un impuesto precisamente en su casa, en la casa de su Padre. Pero, para no dar motivos de escándalo y crítica, lo hace. En otras cosas no tiene tanto interés en no escandalizar (el sábado, el ayuno). Pero no se podrá decir que apareciera interesado en cuestión de dinero.

Lo del pez resulta difícil de explicar: probablemente, se refiere a una clase de peces con la boca muy ancha y que, a veces, se encontraban con monedas tragadas. En esta ocasión, encuentran un «estáter», que valía cuatro dracmas, lo suficiente para pagar por Jesús y por Pedro, con quien se ve que tiene una relación muy especial.

b) El pequeño episodio nos recuerda, por una parte, cómo Jesús se encarnó totalmente en su pueblo, siguiendo sus costumbres y normas. Como cuando fue circuncidado o presentado por sus padres en el Templo, pagando la ofrenda de los pobres. También en lo civil recomendó: «dad al César lo que es del César».

Aunque la enseñanza principal de Jesús fue cumplir la voluntad de Dios sobre nuestra vida: les anuncia a los suyos su disponibilidad total ante la misión que se le ha encomendado, salvar a la humanidad con su muerte y resurrección.

También a nosotros nos toca cumplir las normas generales de convivencia social, por ejemplo, las referentes a los tributos. No sólo por evitar sanciones, sino porque «la corresponsabilidad en el bien común exige moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto y la defensa del país» (Catecismo n. 2240).

Y, como en el evangelio de hoy se trata de un impuesto religioso, el de la ayuda al culto del Templo, es útil recordar que todos nos deberíamos sentir corresponsables de las necesidades de la comunidad eclesial, colaborando de los diversos modos que se nos proponen: trabajo personal, colectas de dinero para el mantenimiento del culto, la formación de los ministros, las actividades benéficas, las misiones, etc.

«Que temas al Señor tu Dios, que sigas sus caminos y le ames» (1a lectura I)
«Al Hijo del Hombre lo matarán pero resucitará al tercer día» (evangelio).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Piensa, Señor, en tu alianza,
no olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Levántate, oh Dios, defiende tu causa,
no olvides las voces de los que acuden a ti.
(Sal 73, 20. 19. 22. 23)

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
a quien podemos llamar Padre,
aumenta en nuestros corazones el espíritu filial,
para que merezcamos alcanzar
la herencia prometida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor,
los dones que le has dado a tu Iglesia
para que pueda ofrecértelos,
y transformarlos en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Glorifica al Señor, Jerusalén,
que te sacia con flor de harina.
(Sal 147, 12.14)

O bien:
El pan que yo daré es mi carne
para vida del mundo -dice el Señor-.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor,
y nos afiance en la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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