Jueves XIX Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Ez 12, 1-12: Emigra a la luz del día, a la vista de todos
- Salmo: Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62: No olvidéis las acciones de Dios
+ Evangelio: Mt 18, 21—19, 1: No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Ezequiel 12,1-12: Emigra a la luz del día, a la vista de todos: Dios invita al profeta a que imite la emigración a fin de anunciar la futura deportación y el destierro, y de modo especial el ocaso del reinado de Sedecías, el último rey de Judá. Es el castigo de aquellos que «tienen ojos para ver y no ven; y oídos para oír y no oyen». Con estas palabras repetidas varias veces, reprocha Cristo el desinterés de algunos de sus oyentes ante las realidades de lo alto que les enseña.

La emigración es constante en nuestros tiempos: campos absorbidos por las ciudades; países pobres por los ricos; ciudades en paro por las de mucho trabajo... Es un signo de las limitaciones del hombre. Todo desplazamiento viene a ser como un desarraigo de la persona. El cristiano debe ver todo esto con un criterio sobrenatural: llevar la cruz, acogida al hermano, caridad constante en unos y en otros... Así contribuimos a hacer una humanidad más conforme a los mandatos de Dios y a Dios mismo. Se ha de dar en la Iglesia una preocupación grande para que la vida espiritual y la práctica religiosa de los emigrantes no decaigan, sino que se vivifiquen.

–Con el Salmo 77 proclamamos: «No olvidéis las acciones de Dios... Tentaron a Dios Altísimo y se rebelaron, desertaron y traicionaron... Dios los oyó y se indignó... entregó su pueblo a la espada»... La historia de Israel, resumida en este Salmo, es una historia de Alianza de Dios con su pueblo, marcada por la fidelidad inquebrantable de Dios y por las infidelidades humanas. Es ocasión de hacer una gran revisión de vida. ¿hay en nosotros infidelidades? Volvámonos a Dios, que es un Padre misericordioso y nos perdona siempre. Es San Pablo quien nos dice que todo lo del Antiguo Testamento sucedió como ejemplo para nosotros, para nuestra vida de cristianos (1 Cor 10,11-13). Aceptemos con humildad esas lecciones y actuemos en consecuencia: correspondamos con un mayor amor a los beneficios inmensos que Dios nos otorga.

Mateo 18,21–19,1: Perdón constante. Jesucristo indica a Pedro que se ha de perdonar sin límites, sin medida y eso mismo enseña con la parábola del rey que quiso ajustar las cuentas. Comenta San Agustín:

«Ved, hermanos, que la cosa está clara y que la amonestación es útil. Se debe, pues, la obediencia realmente salutífera para cumplir lo mandado. En efecto, todo hombre al mismo tiempo que es deudor ante Dios tiene a su hermano por deudor... Se queremos que se nos perdone a nosotros, hemos de estar dispuestos a perdonar todas las culpas que se cometan contra nosotros» (Sermón 83,2 y 4).

San Jerónimo comenta:

«Sentencia temible si el juicio de Dios se acomoda y cambia de acuerdo a las disposiciones de nuestro espíritu. Si no perdonamos una pequeñez a nuestros hermanos, las cosas grandes no nos serán perdonadas por Dios. Como cada uno puede decir: «Yo no tengo nada contra él, él sabe, tiene a Dios por juez, no me importa lo que quiere hacer, yo le he perdonado», el Señor confirma su sentencia y destruye totalmente la simulación de una paz fingida diciendo: «Si cada uno no perdona de corazón a su hermano»» (Comentario al Evangelio de Mateo 18,35).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Piensa, Señor, en tu alianza,
no olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Levántate, oh Dios, defiende tu causa,
no olvides las voces de los que acuden a ti.
(Sal 73, 20. 19. 22. 23)

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
a quien podemos llamar Padre,
aumenta en nuestros corazones el espíritu filial,
para que merezcamos alcanzar
la herencia prometida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor,
los dones que le has dado a tu Iglesia
para que pueda ofrecértelos,
y transformarlos en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Glorifica al Señor, Jerusalén,
que te sacia con flor de harina.
(Sal 147, 12.14)

O bien:
El pan que yo daré es mi carne
para vida del mundo -dice el Señor-.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor,
y nos afiance en la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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