Sábado XIX Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Ez 18, 1-10. 13b. 30-32: Os juzgaré a cada uno según su proceder
- Salmo: Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
+ Evangelio: Mt 19, 13-15: No impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Ezequiel 18,1-10.13.30-32: Os juzgué a cada uno según su conducta. Dios da cuenta, por medio del profeta, de la responsabilidad de cada uno de cara al juicio divino: es un llamamiento a la conversión del corazón y al cambio de vida. San Cipriano escribe:

«Cuál y cuánta es la paciencia de Dios se ve en que aguanta con toda calma la afrenta que hacen a su soberanía y dignidad los hombres, levantando templos idolátricos, fabricando estatuas, practicando sacrificios sacrílegos. Se ve en que hace nacer el día y el sol lo mismo sobre los buenos que sobre los malos, y riega la tierra con lluvias, sin quedar nadie excluido de sus beneficios, porque no discrimina entre justos y malvados. Vemos que, por una equidad inseparable de la paciencia, lo mismo a los inocentes que a los culpables, a los piadosos que a los impíos, a los agradecidos que a los ingratos sirven por disposición de Dios las estaciones, favorecen los elementos, soplan los vientos, corren las fuentes, crecen las mieses, maduran las uvas, florecen los prados.

«Y a pesar de provocar continuamente con ofensas la ira de Dios, sin embargo contiene su cólera y aguarda con calma el día prescrito para la sanción; aunque tiene en sus manos la venganza, prefiere dar tiempo con su clemencia y demora para ofrecer la posibilidad de que ceda alguna vez la prolongada malicia, y los hombres encenagados en errores y crímenes, al menos al final, se vuelvan a Dios, ya que dirige estas advertencias: «No quiero la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva» (Ez 18,32)» (De los bienes de la paciencia 3-4).

–Ese espíritu de conversión lo hacemos oración con el Salmo 50: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu, devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso... un corazón quebrantado y humillado Tú no lo desprecias, Señor». Hasta el fin de los tiempos este Salmo será la plegaria de todo hombre que busca el camino de la salvación y que lucha contra el mal que se anida en su corazón.

Mateo 19,13-15: No impidáis a los niños que se acerquen a Mí, de ellos es el Reino de los cielos. Oigamos a San Agustín, que en una octava de la Pascua predica:

«De los tales es el Reino de los cielos (Mt 19,14), es decir, de los humildes, de los párvulos en el espíritu. No los despreciéis; no los aborrezcáis. Esta sencillez es propia de los grandes; la soberbia, en cambio, es la falsa grandeza de los débiles, que, cuando se adueña de la mente, levantándola, la derriba; inflándola, la vacía; y de tanto extenderla, la rompe. Él humilde no puede dañar; el soberbio no puede no dañar... Así, pues, si guardáis esta piadosa humildad que la Escritura Sagrada muestra ser una infancia santa, estáis seguros de alcanzar la inmortalidad de los bienaventurados: de los tales es el Reino de los cielos» (Sermón 353,1).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Piensa, Señor, en tu alianza,
no olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Levántate, oh Dios, defiende tu causa,
no olvides las voces de los que acuden a ti.
(Sal 73, 20. 19. 22. 23)

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
a quien podemos llamar Padre,
aumenta en nuestros corazones el espíritu filial,
para que merezcamos alcanzar
la herencia prometida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor,
los dones que le has dado a tu Iglesia
para que pueda ofrecértelos,
y transformarlos en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Glorifica al Señor, Jerusalén,
que te sacia con flor de harina.
(Sal 147, 12.14)

O bien:
El pan que yo daré es mi carne
para vida del mundo -dice el Señor-.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor,
y nos afiance en la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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