Sábado XX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rt 2, 1-3. 8-11; 4, 13-17: El Señor te ha dado hoy quien responda por ti. Fue el padre de Jesé, padre de David
- Salmo: Sal 127, 1-2. 3. 4-5: Esta es la bendición del hombre que teme al Señor
+ Evangelio: Mt 23, 1-12: No hacen lo que dicen




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Rut 2,1-3.8-11; 4.13-17: Tu hijo te ha dado quien responda por ti. Su hijo será el abuelo de David. En Israel, las promesas son la clave de la Historia de la salvación, que es el cumplimiento de las profecías y de los juramentos de Dios. Estos juramentos hacen irrevocables los dones de Dios. Las infidelidades de Israel ocasionan a veces restricciones de estas promesas, pero las promesas mismas serán mantenidas, gracias a un resto, a un Hijo del Hombre (Dan 7,13ss).

El judaísmo subrayará por un lado la confianza en las promesas, y por otro su carácter de recompensa: con la obediencia a los mandamientos hay que merecer la herencia prometida. El cristianismo, por el contrario, verá en ellas la pura iniciativa de Dios, el don prometido a todos los que creen. Por eso San Pablo, preocupado por mostrar que la base de la vida cristiana es la fe, se ve llevado a mostrar que la esencia de la Escritura y del designio de Dios consiste en la promesa dirigida a Abrahán y cumplida en Jesucristo (Gal 3, 16-29). En esto hay que situar la presencia de Rut, elegida por Dios a través de los acontecimientos.

–El Salmo 127 está todo transfigurado por el amor familiar, tan en consonancia con la lectura anterior. Pero esto hay que verlo como signo y figura del amor de Dios a su pueblo y el amor del pueblo para con Dios, amor de cada uno por su hermano. Todo se ve realizado en la Iglesia, Madre fecunda de todos sus hijos por el bautismo, que nos prepara al festín eucarístico. San Agustín exhortaba a sus diocesanos a cantar este Salmo como una revelación de Cristo, en el cual, como en un solo hombre, viven todos los que temen al Señor (Enarraciones en Sal 127,3.7). De Sí y de la Iglesia dice Cristo: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos, el que permanece en Mí y yo en él, dará mucho fruto» (Jn 15,5). «Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor: Dichoso el que sigue los caminos del Señor».

Mateo 23,1-12: No hacen lo que dicen. En este pasaje evangélico Cristo arremete contra la hipocresía de los responsables del judaísmo. Él enseña la humildad y el servicio. San Agustín comenta:

«También a estos los toleró el Apóstol; pero no les ordenó que fuesen así. También ellos hacen algo y son instrumentos de bien. Buscan lo suyo, pero anuncian a Cristo. No te preocupes de lo que busca el predicador; lo que anuncia, eso ten. No mires ni te interese lo que él pretende. Escucha la salvación de su boca y reténla aunque venga de sus labios. No te constituyas juez de su corazón... Escucha solo la salvación que predican. «Haced lo que dice». Te da seguridad en tu obrar. ¿Y qué es esto? ¿Obran mal? No hagáis lo que hacen (Mt 23,3). ¿Obran bien, es decir, no saludan por el camino, no anuncian el Evangelio por oportunismo? Imitadlos como ellos imitan a Cristo. ¿Es bueno el hombre que predica? Toma la uva del racimo de la vid. ¿Es malo? Coge la uva, aunque prenda del seto espinoso. El racimo es fruto del sarmiento, no de las espinas, aunque haya crecido enredado entre ellas. Por lo tanto, cuando lo ves, si tienes hambre, cógelo, con cuidado, no sea que al meter la mano para coger el racimo te pinches con las espinas. Esto es lo que te digo: oye lo bueno y no imites las malas costumbres» (Sermón 101,10).

Y San Jerónimo:

«¿Quién más manso, quién más bueno que el Señor? Es tentado por los fariseos, sus trampas se rompen..., y sin embargo, por respeto al sacerdocio, por la dignidad de su nombre, exhorta al pueblo a sometérsele, en consideración no de sus obras sino de su doctrina» (Comentario al Evangelio de Mateo 23,1-3).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo;
mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa.
(Sal 83, 10-11)

Oración colecta
Oh Dios, que has preparado bienes inefables
para los que te aman,
infunde tu amor en nuestros corazones,
para que, amándote en todo y sobre todas las cosas
consigamos alcanzar tus promesas,
que superan todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestros dones,
en los que se realiza un admirable intercambio,
para que, al ofrecerte lo que tú nos diste,
merezcamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.
(Sal 129, 7)

O bien:
Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan,
vivirá para siempre.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
Señor, después de haber recibido a Cristo
en estos sacramentos,
imploramos de tu misericordia que,
transformados en la tierra a su imagen,
merezcamos participar de su gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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