Lunes XXI Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 2 Tes 1, 1-5. 11b-12: El Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él
- Salmo: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 4-5: Contad a los pueblos las maravillas del Señor
+ Evangelio: Mt 23, 13-22: ¡Ay de vosotros, guías ciegos!




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

2 Tesalonicenses 1,1-5.11-12El Señor sea nuestra gloria y nosotros seamos la suya. La obediencia a Dios está por encima de toda gloria humana. En Dios se halla el único fundamento sólido de la gloria. San Agustín enseña:

«Por una admirable condescendencia, el Hijo de Dios, el único según la naturaleza, se ha hecho hijo del hombre, para que nosotros, hijos del hombre por naturaleza, nos hagamos hijos de Dios por la gracia» (Ciudad de Dios 21,15).

Antes escribió San Ireneo:

«Si el Verbo se ha hecho carne, y si el Hijo de Dios se dijo Hijo del Hombre, ha sido para que el hombre, entrando en comunión con el Verbo, y recibiendo el privilegio de la adopción, llegase a ser  hijo de Dios» (Contra las herejías 3,19).

Y San Juan Crisóstomo:

«Ved que la caridad y la unión recíproca de los fieles entre sí es un gran socorro para resistir a los males y soportar con entereza las aflicciones. En esa honda fraternidad se encuentra el más grande consuelo. Las aflicciones solo hacen tambalearse a una fe débil y a una caridad imperfecta; pero una fe sólida y robusta encuentra en ella la ocasión de afianzarse. Mientras que un alma lánguida y débil no encuentra en el dolor ningún elemento de fuerza, el alma generosa apoya sobre él un nuevo impulso de energía» (Homilía  sobre II Tes.).

–Con el Salmo 95 decimos: «Contad a los pueblos las maravillas del Señor. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra, cantad al Señor, bendecid su nombre. Proclamad día tras día su victoria... Porque es grande el Señor y muy digno de alabanza»...

El deseo del piadoso israelita y también el nuestro es que todos los pueblos y naciones reconozcan la gloria de Yahvé y la dignidad suprema de su nombre, que todas las familias de la tierra le ofrezcan la gloria y el honor, que toda la tierra tiemble de emoción religiosa y se anuncie por doquier su nombre santo y glorioso, resplandeciente en Cristo y su obra redentora y evangelizadora.

Mateo 23,13-32: ¡Ay de vosotros, ciegos, guías de ciegos! Las maldiciones consuman la separación entre Jesús y las enseñanzas del judaísmo oficial: los escribas y fariseos son condenados por su minuciosidad en la interpretación de la ley. El Evangelio es siempre actual. San Juan Crisóstomo escribe:

«Siempre es, ciertamente, grave cosa la maldad; pero lo es sobre todo cuando el malo no cree necesitar corrección. Y llega el mal a su colmo cuando el malo cree que es capaz de corregir a otros. Lo que  Cristo pone de manifiesto al llamar a los escribas y fariseos ciegos y guías de ciegos. Extrema desgracia y miseria es que un ciego se imagine que no necesita guía; pero que encima pretenda guiar a los demás es querer precipitarse todos al abismo.

«Al hablar así el Señor, no hacía sino aludir una vez más a la loca ambición de gloria de aquellos y ponerles el dedo en la llaga de su rabiosa enfermedad. Porque no otra cosa era la causa de todos sus males, sino el hacerlo todo por ostentación. Esto los apartó de la fe, les hizo descuidar la verdadera virtud y los indujo a poner todo su empeño en las purificaciones corporales, sin atender para nada a la purificación del alma. Por ello justamente, para llevarlos a la verdadera virtud y a la pureza del alma les recuerda aquí la misericordia, la justicia y la fidelidad. Estas virtudes son, en efecto, las que conservan nuestra vida, éstas las que purifican el alma» (Homilía 73,2 sobre San Mateo).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Inclina tu oído, Señor, escúchame.
Salva a tu siervo que confía en ti.
Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día.
(Sal 85, 1-3)

Oración colecta
Escucha, Señor, nuestra oración matutina
y con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
para que, habiendo sido iluminados por tu claridad,
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas
Por el único sacrificio de Cristo,
tu Unigénito,
te has adquirido, Señor,
un pueblo de hijos tuyos;
concédenos propicio
los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor,
para sacar pan de los campos
y vino que alegre el corazón del hombre.
(Sal 103, 13. 14-15)

O bien:
El que come mi carne y bebe mi sangre
-dice el Señor-
tiene vida eterna
y yo lo resucitaré en el último día.
(Jn 6, 54)

Oración post-comunión
Te pedimos, Señor,
que lleves en nosotros a su plenitud
la obra salvadora de tu misericordia;
condúcenos a perfección tan alta
y mantennos en ella de tal forma
que en todo sepamos agradarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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