Sábado XXIV Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 Tm 6, 13-16: Guarda el Mandamiento sin mancha, hasta la venida del Señor
- Salmo: Sal 99, 2. 3. 4. 5: Entrad en la presencia del Señor con vítores
+ Evangelio: Lc 6, 43-49: ¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» , y no hacéis lo que digo?
+ Evangelio: Lc 8, 4-15: Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

1 Timoteo 6,13-16: Fidelidad a la profesión de fe cristiana. El pastor de almas no puede ejercer su misión más que en un incesante combate, que debe librar con vigor si quiere permanecer fiel a su compromiso bautismal y al mandamiento solemne de la Iglesia. San Gregorio de Nisa dice:

«Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado. «A Dios nadie lo ha visto jamás», dice San Juan (Jn 1,18); y San Pablo confirma esta sentencia con aquellas palabras tan elevadas: «a quien ningún hombre ha visto ni puede ver» (1 Tim 6,16). Ésta es aquella piedra leve, lisa y escarpada, que aparece como privada de todo aguante intelectual; de ella afirmó también Moisés en sus decretos que era inaccesible, de manera que nuestra mente nunca puede acercarse a ella por más que se esfuerce en alcanzarla, ni puede nadie subir por sus laderas escarpadas» (Homilía 7 sobre las bienaventuranzas).

El pastor ideal es ante todo el que dirige los combates de la fe. Esto es fundamental en la doctrina paulina. Lo esencial en ese combate no es la lucha contra los enemigos de la fe; la fe es un combate en la medida en que la creencia lleva automáticamente consigo la fidelidad y la constancia, la lucha consigo mismo para obtener la victoria personal y la preocupación por la fe y la salvación de los demás, sobre todo cuando se es responsable de una comunidad. Por eso ha de ser constante nuestra oración por los que rigen la Iglesia o algunas de sus partes.

–La doxología paulina a Cristo, Rey de reyes y Señor de los señores, que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, ha sugerido el Salmo 99 para aclamar al Señor, para servirle con alegría y entrar en su presencia con vítores. «El Señor es Dios. Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. Entremos por sus puertas con acción de gracias, con himnos y bendiciendo su nombre. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades». A Él le debemos la fe, y todo lo que con ella nos ha otorgado, gracias a la predicación de los apóstoles y la de sus mismos sucesores. Todos nos ayudamos en el combate de la fe con la oración, con el ejemplo, con las palabras sinceras.

Lucas 8,4-15: Parábola del Sembrador. Hemos de ser tierra buena que acoge la semilla de la palabra de Dios, que colabora con la gracia divina, que con un corazón noble y generoso da a los demás el trigo bueno y sabroso de la vida espiritual intensa, para hacer que todos se conviertan también en tierra buena y generosa, para hacer lo mismo. Escribe San Gregorio de Elvira:

«La Escritura testifica que el campo es el mundo... ¿Cuáles son estos hijos e hijas entre los que el Señor se dice Lirio entre espinas? Llama hijo e hijas a los creyentes. Mas como en la Iglesia hay muchos que engendran abrojos y espinas, por lo deseos mundanos, por las riquezas, los honores y ambiciones dice el Evangelio: andando entre los afanes, riquezas y placeres de la vida no llegan a madurar (Lc 8,14)? La Iglesia vive entre ellas, ya que, por cierto, la mayor parte de los creyentes se dedica a los cuidados seculares. Mas el que llegue a despreciarlos brillará como lirio entre los otros, a los que llama espinas» (Tratado sobre el Cantar de los Cantares 3).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos.
Trata con misericordia a tu siervo.
(Sal 118, 137. 124)

Oración colecta
Señor, tú que te has dignado redimirnos
y has querido hacernos hijos tuyos,
míranos siempre con amor de Padre
y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo,
alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Oh Dios, fuente de la paz y del amor sincero,
concédenos glorificarte por estas ofrendas
y unirnos fielmente a ti
por la participación en esta eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios, del Dios vivo.
(Sal 41, 2-3)

O bien:
Yo soy la luz del mundo -dice el Señor-.
El que me sigue no camina en las tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida.
(Jn 8, 12)

Oración post-comunión
Con tu palabra, Señor, y con tu pan del cielo,
alimentas y vivificas a tus fieles;
concédenos, que estos dones de tu Hijo
nos aprovechen de tal modo
que merezcamos participar siempre
de su vida divina.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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