Sábado XXV Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Zac 2, 1-5. 10-11a: Yo vengo a habitar dentro de ti
- Salmo: Jer 31, 1010-12ab. 13: El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño
+ Evangelio: Lc 9, 43b-45: Al Hijo del Hombre lo van a entregar. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Zacarías 2,1-5.10-11: Yo vengo a habitar dentro de ti. Un ángel mide la nueva Jerusalén: tendrá fortificaciones y murallas de fuego, símbolo de la gloria de Dios. Todos los pueblos acudirán allí para adorar al Señor. San Juan aplica esto a la Jerusalén celeste en el Apocalipsis. Zacarías no podía presentar a sus compatriotas, que se preocupaban afanosamente en reconstruir la ciudad de Jerusalén, un horizonte más optimista.

La ciudad superará el esplendor antiguo y estará bajo la especialísima y personal protección de Dios. Como siempre, los profetas proyectan su mirada hacia los tiempos mesiánicos y esto de un modo espiritual». Cristo, la Iglesia, las almas, la gloria futura. Vivamos nosotros esas realidades con gran espíritu de fe. Solo así podemos ver y gozar de esas realidades en toda su plenitud.

–Como Salmo responsorial se ha escogido un pasaje de Jeremías 31, ya expuesto en otra ocasión: «El Señor nos guardará como Pastor a su rebaño. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas. El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño. Porque el Señor redimió a Jacob, a la humanidad, a nosotros mismos, nos rescató con mano fuerte». Por eso acudamos a la celebración litúrgica con aclamaciones, pues allí encontramos los bienes del Señor. Todos nos alegramos, porque el Señor ha hecho grandes maravillas con toda la humanidad, aunque ésta en gran parte no lo conozca o se olvide de ello y ofenda al Señor. Nuestra misión es proclamar esas maravillas por doquier y reparar las ofensas de los hombres.

Lucas 9,44-45: Nuevo anuncio de la Pasión. Pero los discípulos no lo entendieron. Tan asimilada tenían todos, incluso los apóstoles, una idea radiante del Mesías, que no podían ni imaginar la realidad de la Pasión y de la muerte en cruz del mismo. Era algo inconcebible. ¿Lo es para nosotros? San Juan Crisóstomo dice:

«Oigan los que se avergüenzan de la Pasión y de la Cruz de Cristo... ¿Qué perdón pueden tener aquellos que, después de tan manifiesta demostración, niegan la economía de la Cruz?... Considerad lo que habrán de sufrir los que, después de todo eso, destruyen y anulan el misterio de la Cruz» (Homilía 54 sobre San Mateo).

San Agustín comenta:

«¿De donde nos viene la vida? ¿De dónde le vino a él la muerte? Centra tu atención: «en el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios» (Jn 1,1). Busca allí la muerte. ¿Dónde se la encuentra? ¿De dónde le viene? ¿Cómo era la Palabra? «La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios». Si encuentras en ella carne y sangre, encuentras también la muerte. Por tanto, ¿de dónde le vino la muerte a aquella Palabra? ¿de dónde nos vino la vida a nosotros, hombre moradores de la tierra, mortales corruptibles y pecadores? Nada había en ella de donde pudiera surgir la muerte y nada teníamos nosotros de donde poder estar en la vida. De nuestro haber, él tomó la muerte, para darnos del suyo la vida» (Sermón 232,5).

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