Jueves XXVI Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Neh 8, 1-4a. 5-6. 7b-12: Esdras abrió el libro de la ley, pronunció la bendición del Señor, y el pueblo entero respondió: Amén, amén
- Salmo: Sal 18, 8. 9. 10. 11: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
+ Evangelio: Lc 10, 1-12: Vuestra paz descansará sobre ellos




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Nehemías 8,1-4.5-67-12: Esdras abrió el libro de la Ley, pronunció la bendición y el pueblo respondió: Amen. Amén. La Palabra ocupa en todo este relato un lugar esencial: convoca al pueblo, se lee durante siete días, es traducida y comentada. Los organizadores velan por su comprensión y la adhesión de los fieles. La Palabra es, por lo mismo, elemento constitutivo de la asamblea litúrgica. También en el cristianismo tiene un relieve especial. San Cipriano escribe:

«En los juicios, en las oraciones de los tribunales, hágase ambiciosa ostentación de las riquezas de la elocuencia. Mas cuando se habla de Dios, la pura sinceridad de las palabras no estriba en las fuerzas de la elocuencia para los argumentos de la fe, sino en las cosas. Toma no sentencias discretas, sino fuertes; no las adornadas con expresiones cultas para halagar a los oídos del pueblo, sino verdades desnudas y sencillas para predicar la benignidad divina» (Carta I a Donato).

San Juan Crisóstomo dice:

«Meditad las Escrituras. No quiere Jesucristo que nos contentemos con la simple lectura de las Escrituras, sino que profundizando, por decirlo así, hasta la médula, saquemos toda la sustancia, pues acostumbra la Escritura a encerrar en pocas palabras una infinidad de sentidos» (Homilía 37 sobre el Génesis, 104).

Y San Cirilo de Alejandría:

«La Sagrada Escritura nos enseña cuál es la fuerza del amor a Jesucristo nuestro Señor: también nos lo enseñó Éste por sí mismo, cuando dijo: «El que me ama, que me siga y esté conmigo, por todas partes por donde yo estuviera». Porque es preciso que siempre estemos en su presencia: que le amemos, que le sigamos por todas partes, y que no nos alejemos jamás de Él. Todo esto lo cumpliremos, si buscamos su gloria» (Homilía 3,13).

–Con el Salmo 18 decimos: «Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Son más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal que destila». Por eso hemos de amarlos y observarlos totalmente.

Lucas 10,1-12: Vuestra paz descansará sobre ellos. Nótese la importancia de acoger a los mensajeros del Señor. Comenta San Ambrosio:

«Hay otra virtud que se desprende de este pasaje, y es la de no pasar de una cosa a otra llevado de un sentir vagabundo, y eso con el fin de que guardemos la constancia en el amor a la hospitalidad y no rompamos con facilidad la unión de una amistad sincera, antes bien llevemos ante nosotros el anuncio de la paz, de suerte que nuestra llegada sea secundada con una bendición de paz, contentándonos con comer y beber lo que nos presentaren, no dando lugar a que se menosprecie el símbolo de la fe, predicando el Evangelio del Reino de los Cielos, y sacudiendo el polvo de los pies si alguien nos juzgase indignos de ser hospedados en su ciudad» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,64).

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