Viernes XXVI Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Bar 1, 15-22: Pecamos contra el Señor no haciéndole caso
- Salmo: Sal 78, 1-2. 3-5. 8. 9: Por el honor de tu nombre, sálvanos, Señor
+ Evangelio: Lc 10, 13-16: Quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Baruc 1,15-22: Pecamos contra el Señor no haciéndole caso. El pueblo ofrece al Dios de sus padres su humilde súplica, confesando sus pecados de infidelidad y desobediencia. A lo largo de la Sagrada Escritura vemos cómo Dios exige que el pecador se aparte de su pecado y vuelva a Él. Escribe San Cipriano:

«¡Qué vergonzoso es en un cristiano, siendo él un siervo, huir del trabajo y no querer padecer por sus pecados, habiendo padecido Jesucristo por los nuestros, siendo el Señor! Si el Hijo de Dios padeció por hacernos a nosotros también hijos, ¿cómo los hombres rehúsan el padecer por conservar la calidad de hijos de Dios y semejantes a Jesucristo?» (Carta 56, a Cornelio,6). Y el mismo autor dice:

«¡Ah, miserable, has perdido tu alma, has empezado a sobrevivir a tu muerte espiritual, y a llevar andando por este mundo tu mismo sepulcro y no lloras amargamente! ¡No te escondes y ocultas, o por la vergüenza del delito, o por la continuación de los lamentos! Ve aquí las peores heridas de los pecadores; ve aquí los mayores delitos. ¡Haber pecado, y no dar satisfacción! ¡Haber delinquido, y no llorar los delitos!» (Sobre los lapsos 13).

–Con el Salmo 78 decimos: «Por el honor de tu nombre, sálvanos, Señor». Lamentación por la destrucción del templo y de la ciudad. También nosotros debemos llorar la destrucción y devastación de tantos templos vivos de Dios por el pecado de los hombres. Es una ruina peor, con peores consecuencias. Por eso hemos de implorar la misericordia divina sobre nosotros y sobre todos los hombres. En verdad, «han profanado el templo santo de Dios, han reducido Jerusalén a ruinas, echaron los cadáveres de los siervos de Dios en pasto a las aves del cielo y su carne a las fieras de la tierra. Hemos sido el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y burla de los que nos rodean... Socórrenos, Señor Dios y Salvador nuestro, por el honor de tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre».

Lucas 10,13-16: Quien rechaza a Cristo, rechaza al Padre que le envió. Cristo recrimina la falta de fe. Hemos de vivificar nuestra fe. Así lo enseña San Ireneo:

«La única fe verdadera y vivificante es la que la Iglesia distribuye a sus hijos, habiéndola recibido de los Apóstoles. Porque, en efecto, el Señor de todas las cosas confió a sus apóstoles el Evangelio, y por ellos llegamos nosotros al conocimiento de la verdad, esto es, de la doctrina del Hijo de Dios. A ellos dijo el Señor: «el que a vosotros oye, a Mí me oye y el que a vosotros desprecia a Mí me desprecia, y el que me desprecia a Mí, desprecia al que me envió» (Lc 10,16). No hemos llegado al conocimiento de la economía de nuestra salvación si no es por aquellos por medio de los cuales nos ha sido transmitido el Evangelio. Ellos entonces predicaron, y luego, por voluntad de Dios, nos lo entregaron en las Escrituras, para que fueran columna y fundamento de nuestra fe» (Contra las herejías 3,1,1-2).

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