Martes XXVII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Jon 3, 1-10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida y Dios se compadeció
- Salmo: Sal 129, 1-2. 3-4. 7bc-8: Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
+ Evangelio: Lc 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Jonás 3,1-10: Conversión de los ninivitas y compasión del Señor que les otorgó el perdón. Comenta San Agustín:

«Desde la profundidad gritaron los ninivitas y encontraron el perdón. Y la amenaza del profeta quedó anulada con más facilidad por la humillación de la penitencia. Aquí dirás: ‘‘yo estoy ya bautizado en Cristo, momento en que se perdonaron todos mis pecados, y que después a los ojos de Dios me he hecho cual perro horrible, que vuelve a su vómito. ¿Adónde huiré de su espíritu? ¿Adónde huiré de su presencia?’’ ¿Adónde, hermano, sino mediante el arrepentimiento, irás a la misericordia de Aquél, cuyo poder habías despreciado al pasar? Nadie puede huir efectivamente de Él a no ser huyendo hacia Él, huyendo de su severidad a su bondad?» (Sermón 351,12).

–Con razón se ha traído aquí el Salmo 129, aludido por San Agustín en el comentario anterior. «Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz, esté tus oídos atentos a la voz de mi súplica... De ti viene el perdón y tú infundes respeto. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Él redimió a Israel de todos sus delitos». Y nos redimió también a todos nosotros con su muerte en la Cruz. Esa redención se nos aplica siempre que, arrepentidos, nos llegamos al sacramento de la penitencia y a la Sagrada Eucaristía.

–Lucas 10,38-42: Marta lo recibió en su casa. María escogió la mejor parte. Comenta San Agustín:

«Marta, entregada al servicio, se ocupaba de los quehaceres de la casa; en efecto, dio hospitalidad al Señor y a sus discípulos. Se esmeraba con preocupación, sin duda piadosa, para que los santos no experimentasen en su casa molestia alguna. Mientras ella estaba ocupada en este servicio, su hermana María, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras. Marta interpeló al Señor... Y el Señor respondió: “una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte que no le será quitada”. Buena es la tuya, pero mejor la de ella. Buena es la tuya, pues bueno es desvelarse en beneficio de los santos, pero la suya es aún mejor... En definitiva lo que tú elegiste pasa... María eligió la contemplación, escogió vivir de la Palabra... La misma Palabra es la vida. Es esa la única cosa: contemplar las delicias del Señor, cosa imposible en la noche de este siglo» (Sermón 169,17).

Es bien claro el pensamiento de San Agustín. La contemplación absoluta no es de este siglo; mientras estamos en él hemos de alternar la acción y la contemplación, el ora et labora benedictino. Los activos necesitan de la contemplación y los contemplativos de la acción pro modulo nostro.

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