Jueves XXVII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Mal 3, 13—4, 2a: Mirad que llega el día, ardiente como un horno
- Salmo: Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6: Dichoso el hombre, que ha puesto su confianza en el Señor
+ Evangelio: Lc 11, 5-13: Pedid y se os dará




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Malaquías 3,13-4,2: Mirad que llega el día, ardiente como un horno. El profeta censura los abusos de su época, en especial todos los referentes al culto. Si los impíos parece que triunfan al presente, el día del Señor pondrá de manifiesto la separación de los malos y los buenos. Para éstos brillará el Sol de justicia. El fuego del juicio viene a ser un castigo sin remedio, verdadero fuego de ira, cuando cae sobre el pecador endurecido. La revelación expresa lo que puede ser la existencia de una criatura que se niega a dejarse purificar por el fuego divino, pero queda abrasada por él. Jesucristo adoptó el lenguaje clásico del Antiguo Testamento y así aparece también en todo el Nuevo Testamento. Es de fe que existe el infierno, que es eterno y que descienden inmediatamente a él las almas de los que mueren en pecado mortal. Al menos quince veces se enseña esto en los Evangelios. San Agustín dice:

«Se hizo digno de pena eterna el hombre que aniquiló en sí el bien que pudo ser eterno... Y no se extinguirá la muerte, sino que será muerte sempiterna, y el alma no podrá vivir sin Dios, ni librarse de los dolores muriendo» (La ciudad de Dios 11,21,3).

Y en el Martirio de San Policarpo (10) se dice:

«A los mártires les parecía frío el fuego de los verdugos, porque tenían ante los ojos el fuego aquel que es eterno y nunca se extinguirá... Me amenazas con un fuego que solo abrasa una hora y se extingue pronto; porque tú no conoces el fuego del juicio futuro y el eterno castigo que espera a los ateos».

–Esa misma suerte del impío y del justo es contemplada en el Salmo 1: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la Ley del Señor. Será como un árbol plantado al borde de la acequia; da fruto en su sazón, y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento, porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal».

–Lucas 11,5-13: Parábola del amigo importuno. Partiendo de ella, San Ambrosio encarece la vocación de todos los cristianos a la oración continua:

«Este es el pasaje del que se desprende el precepto de que hemos de “orar en cada momento”, no solo de día, sino también de noche; en efecto, ves que éste que a media noche va a pedir tres panes a su amigo y persevera en esa demanda instantemente, no es defraudado en lo que pide... Haciendo caso, pues, de la Escritura, pidamos el perdón de nuestros pecados con continuas oraciones, día y noche; pues si hombre tan santo y que estaba tan ocupado en el gobierno del reino alababa al Señor “siete veces al día” (Sal 118,164), pronto siempre a ofrecer sacrificios matutinos y vespertinos, ¿qué hemos de hacer nosotros que debemos rezar más que él, puesto que, por la fragilidad de nuestra carne y espíritu, pecamos con más frecuencia, para que no falte a nuestro ser, para su alimento, “el pan que robustece el corazón del hombre” (Sal 103,15), a nosotros que estamos cansados ya del camino, muy fatigados del transcurrir de este mundo y hastiados de las cosas de la vida?» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, lib. VII, 87).

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