Viernes XXVII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Jl 1, 13-15; 2, 1-2: El día del Señor, día de oscuridad y tinieblas
- Salmo: Sal 9, 2-3. 6 y 16. 8-9: El Señor juzgará el orbe con justicia
+ Evangelio: Lc 11, 15-26: Si yo echo los demonios con el dedo de Dios entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Joel 1,13-15-2,1-2: Está cerca el día del Señor. Somos invitados a la penitencia para aplacar al Señor. El día del Señor será terrible, como no lo hubo jamás. Para el creyente no es la historia un comienzo perpetuo. La historia conoce un progreso marcado por las visitas de Dios a sus tiempos, en días, horas, momentos privilegiados. El Señor vino, viene sin cesar, vendrá, vendrá para juzgar al mundo y salvar a los creyentes. Los profetas nos hablan del día terrible, el fin del mundo, como también es anunciado en el Nuevo Testamento. Es también el día que marcará el triunfo definitivo de Dios por su Hijo Jesucristo. El tiempo que aún queda hasta el día del Señor debe emplearse en hacer fructificar los «talentos», en socorrer a los demás, en hacer el bien a todos. Por eso dice San Pablo: «mientras tenemos tiempo, practiquemos el bien» (Gal 6,10; cf. Col 4,5; Ef 5,16).

–El Salmo 9 nos ayuda a meditar la lectura anterior: «El Señor juzgará el orbe con justicia... Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío y borraste para siempre su apellido. Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron; su pie quedó prendido en la red que escondieron. Dios está sentado por siempre en el trono que ha colocado para juzgar. Él juzgará el orbe con justicia y regirá las naciones con rectitud». Tenemos confianza en la misericordia del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva. Por eso damos gracias al Señor, de todo corazón, proclamando todas sus maravillas, nos alegramos y exultamos con el Señor y tocamos en honor del nombre del Altísimo.

–Lucas 11,15-20: Jesús expulsó a los demonios. Esto es signo de la venida del Reino de Dios. Cristo rebate con gran fuerza a sus opositores. Y San Ambrosio comenta:

«Aquellos que no ponen su esperanza en Cristo, sino que creen que los demonios son arrojados en nombre del príncipe de los demonios, niegan ser súbditos de un reino eterno. Lo cual se aplica al pueblo judío, que en esta clase de males piden la ayuda de un demonio para echar a otro. Pero ¿cómo puede permanecer en pie un reino dividido, cuando se ha perdido la fe?... Resulta una gran insensatez, unida a un furor sacrílego, el hecho de que, habiéndose encarnado el Hijo de Dios para desterrar a los espíritus inmundos y habiendo dado también a los hombres el poder de destruir esos malos espíritus, despojándoles de su botín, que es la señal ordinaria de los vencedores, algunos invoquen en su favor la ayuda y la defensa del poder diabólico, cuando precisamente los demonios son arrojados por el dedo de Dios o, como dice Mateo, con el Espíritu de Dios (12,28)» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,91-92).

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