Lunes XXVIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 1, 1-7: Por Cristo hemos recibido este don y esta misión: hacer que los gentiles respondan a la fe
- Salmo: Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4: El Señor da a conocer su victoria
+ Evangelio: Lc 11, 29-32: A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 1,1-7: Por Cristo recibió Pablo el don de hacer que los gentiles respondan a la fe. Los Padres insisten siempre en lo esencial de la fe cristiana. Así San Ignacio de Antioquía:

«Yo glorifico a Jesucristo, Dios, que es quien hasta tal punto os ha hecho sabios; pues muy bien me di cuenta de cuán apercibidos estáis de fe inconmovible, bien así como si estuvierais clavados en carne y espíritu sobre la cruz de Cristo, y qué afianzados en la caridad por la sangre del mismo Jesucristo. Y es que os vi llenos de certidumbre en lo tocante a nuestro Señor, el cual es, con toda verdad, “del linaje de David, según la carne” (Rom 1,2-3), Hijo de Dios según la voluntad y poder de Dios, nacido verdaderamente de una Virgen, bautizado por Juan, para que por Él fuera cumplida toda justicia (Mt 3,15)» (Carta a los fieles de Esmirna 1,1).

–El Salmo 112 es una invitación a la alabanza divina. El Señor es el Dios trascendente que sobrepasa en grandeza a todos los pueblos, y su trono se eleva sobre todo lo creado. Pero esa trascendencia divina es misericordiosa y se abaja hasta los humildes para salvarlos. Por eso lo alabamos más intensamente. Su nombre es bendecido ahora y por siempre. «De la salida del sol hasta el ocaso alabado sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Él se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar el cielo y la tierra?» El Señor, verdaderamente, levantó del polvo al desvalido, alzó de la basura al pobre, que es toda la humanidad, con la evangelización de su Hijo, que se prolongó en los Apóstoles y en toda la Iglesia.

–Lucas 11,29-32: El signo de Jonás. Los paganos se levantarán contra los contemporáneos de Jesús, que no quisieron creer en Él. Escribe San Ambrosio:

«Este es el contenido del misterio. Por lo demás, el signo de Jonás, puesto como tipo de la pasión del Señor, nos atestigua la gravedad de los pecados cometidos por los judíos. Podemos, por tanto, darnos cuenta a la vez del oráculo de la majestad y de su signo de la bondad, pues el ejemplo de los ninivitas anuncia el castigo y al mismo tiempo ofrece el remedio. Por eso, aun los judíos pueden esperar el perdón, si quieren hacer penitencia» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib. VII, 97).

El verdadero creyente, sin despreciar la función que desempeñan los milagros, no se fija tanto en ellos cuanto en la misma persona de Jesucristo, en el que ve la manifiesta intervención de Dios en la historia de los hombres. Cristo muerto y resucitado. Ésa es la realidad del signo dado por Cristo en la plenitud de los tiempos.

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