Jueves XXVIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 3, 21-30a: El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley
- Salmo: Sal 129, 1-2. 3-4. 5: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
+ Evangelio: Lc 11, 47-54: Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 3,21-30: Justificación por la fe. No es el cumplimiento de las obras de la ley lo que merece, tanto para los paganos cuanto para los judíos, el don gratuito de la justificación, sino la fe en Cristo. Así lo predica San Juan Crisóstomo:

«También la primera venida [de Cristo] fue por causa de la justicia. ¿Cómo? Antes de la primera venida estaba la ley natural, los profetas, la ley escrita, la doctrina, miles de promesas, signos, castigos y otras muchas cosas de las que había que pedir cuenta. Y, con todo, como era clemente, no examina, sino que manifiesta en todo su misericordia. Si hubiera examinado, todos habrían sido condenados, pues “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Rom 3,23)» (Homilía 28,1, sobre el Evangelio de San Juan).

–Con el Salmo 129 decimos: «Del Señor viene la salvación, la misericordia, la redención copiosa». El pecador arrepentido grita desde lo hondo al Señor y Él lo escucha, están sus oídos atentos a la voz de su súplica. Pero el pecador piensa: «si el Señor lleva cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero el Señor es misericordioso, de Él procede el perdón y así infunde respeto», más aún, amor intenso. Esperemos en el Señor, esperemos en su Palabra, aguardemos al Señor.

–Lucas 11,47-54: Jesucristo hace un gran reproche: se le pedirá cuenta a esta generación. Lo dice con ocasión de que los escribas y fariseos acrecientan su oposición. Y comenta San Ambrosio:

«En realidad este pasaje resulta una condenación perfecta de la superstición de los judíos, los cuales, construyendo los sepulcros de sus profetas, condenaban los hechos de sus padres, y atraían sobre sí mismos la sentencia de condenación. En efecto, con la edificación de los sepulcros de los profetas pregonaban el crimen de aquellos que los habían matado, e imitando sus acciones, se declaraban herederos de la iniquidad paterna» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,106).

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