Viernes XXVIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 4, 1-8: Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber
- Salmo: Sal 31, 1-2. 5. 11: Tú eres mi refugio: me rodeas de cantos de liberación
+ Evangelio: Lc 12, 1-7: Los pelos de vuestra cabeza están contados




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 4,1-8: La fe de Abrahán, modelo de la fe del cristiano. Abrahán fue tenido por justo en razón de su fe, don gratuito de Dios. Comenta San Agustín:

«Contra quienes dicen que Dios es bueno y misericordioso, y que no dejará que se pierda muchedumbre tan grande, salvando a unos pocos..., contra éstos dice el Apóstol: “¿ignoras que la paciencia de Dios es para llevarte a la penitencia? Tú, en cambio, de acuerdo con la dureza e impenitencia de tu corazón, te atesoras ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, que recompensará a cada uno según sus obras” (Rom 2,4-6)» (Sermón 339,3).

–El Salmo 31 nos hace ver esa justicia de Dios: «Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien Dios no le apunta su delito». Hemos pecado, Señor, lo reconocemos, no hemos encubierto nuestro delito. Confesamos nuestra culpa y tú nos has perdonado. Todo esto es un motivo grande para la alabanza divina, para gozar en el Señor y aclamarlo con un corazón agradecido.

–Lucas 12,1-7: Ni de un gorrión se olvida Dios. La Providencia divina todo lo dirige, hasta lo mínimo, con sabiduría y amor. Comenta San Ambrosio:

«El Señor inspira una disposición de simplicidad, y robustece el valor del alma, ya que la fe sola titubea. Él la fortifica con realidades humildes; porque si Dios no se olvida de las aves, ¿cómo podrá olvidarse de los hombres? Y si la majestad de Dios es tan grande y tan eterna que ni uno solo de los pájaros, ni el número de los cabellos de nuestra cabeza no existe sin conocerlo Dios, ¡qué indigno resulta creer que este Señor, que atiende con solicitud a lo más pequeño, no se acuerde de los corazones de sus fieles o los desprecie!» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,109 y 111).

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