Martes XXIX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 5, 12. 15b. 17-19. 20b-21: Por el pecado de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte. ¡Cuánto más ahora vivirán y reinarán!
- Salmo: Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 17: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
+ Evangelio: Lc 12, 35-38: Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 5,12.15.17-19.20-21: Por el pecado de uno entró la muerte en el mundo. San Pablo compara a Cristo con Adán. Éste sumió al género humano en la muerte por obra de su pecado. Cristo, por el contrario, es la fuente de la gracia, de la justicia y de la vida para todos los hombres. Escribe Tertuliano:

«Dice el Señor que vino “para salvar lo que había perecido” (Mt 18,11). ¿Qué piensas que era lo que había perecido? El hombre, sin lugar a duda. ¿Todo hombre o parte de él? Ciertamente todo, ya que la transgresión, que fue causa de la muerte del hombre, fue cometida tanto por el impulso del alma con su concupiscencia como por la acción de la carne con su placer. Con ellos se escribió contra todo el hombre el veredicto de culpabilidad, por el que luego tuvo que pagar justamente la pena de muerte.

«Así, pues, también el hombre entero será salvado, ya que el hombre entero cometió el delito... Sería indigno de Dios que devolviera la salud a la mitad del hombre, por decirlo así; vendría a ser menos que los mismos gobernantes de este mundo, que siempre conceden indulto en forma total. ¿Habrá que admitir que el diablo es más fuerte para el mal del hombre, al lograr destrozarlo totalmente, mientras que Dios es más débil, ya que no lo restaura en su totalidad? Pero dice el Apóstol: “donde abundó el delito, sobreabundó la gracia” (Rom 5,20)» (La resurrección de la carne 34).

–Oramos en el Salmo 39 con las palabras referidas a Cristo en la Carta a los Hebreos: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aquí estoy –como está escrito en el libro– para hacer tu voluntad». Cristo fue el cumplimiento personificado de la Voluntad del Padre. Para cumplir la Voluntad del Padre murió en la cruz y de este modo logró expiar y reparar el pecado de la humanidad. Los demás sacrificios quedaron abolidos. Solo el suyo pudo salvar al hombre. Por eso proclamamos su salvación ante la gran asamblea: «Grande es el Señor». Todos buscamos en Él la salvación y en Él nos alegramos.

–Lucas 12,35-38: Dichosos nosotros si el Señor, cuando vuelva, nos encuentra en vela. No sabemos la hora justa de ese momento. El cristiano, al igual que el padre de familia avisado o que el buen servidor, no debe dejarse vencer por el sueño, debe velar, es decir, estar en guardia y apercibido para recibir al Señor. La vigilancia caracteriza por tanto la actitud del discípulo que espera y aguarda el retorno de Jesucristo; consiste ante todo en mantenerse en estado de alerta espiritual, y por lo mismo exige el despego de los placeres y de los bienes terrestres. Como es imprevisible la hora de la parusía, hay que estar preparados para el caso en que se haga esperar. Esta vigilancia ha de ejercerse día tras día en la lucha contra el Maligno; por eso hay que orar y ser sobrios. Dichosos los que están siempre dispuestos a recibir la venida del Señor.

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