Miércoles XXIX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 6, 12-18: Ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida
- Salmo: Sal 123, 1-3. 4-6. 7-8: Nuestro auxilio es el nombre del Señor
+ Evangelio: Lc 12, 39-48: Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 6,12-18: Desde el Bautismo, que nos ha unido al Misterio Pascual del Señor, hemos de estar siempre muertos al pecado y vivos para Dios. Ha habido un cambio radical: de esclavos del pecado hemos venido a ser servidores de la justicia. Comenta San Agustín:

«Niégate a entregar armas a la concupiscencia y brillará tu victoria. Lucha, esfuérzate: ningún atleta recibe la corona sin sudor. Vives en estado de competición, participas en un combate... Si la carne despierta la pasión, ordena el espíritu en la castidad; si la carne incita a la ira, imponga tu espíritu la misericordia. Si, envuelto en este combate, no pones a disposición de la concupiscencia rebelde tus miembros, los que fueron en otro tiempo armas de iniquidad al servicio del pecado, se convierten ahora en armas de justicia al servicio de Dios» (Sermón 163,A,1).

Hemos de ofrecernos a Dios enteros, como hombres que han vuelto a la vida. Por eso todo hemos de emplearlo en servicio del bien.

–Con el Salmo 123 proclamamos que «tenemos nuestro auxilio en el nombre del Señor». Por nosotros solos nada podemos, pero con el Señor tenemos la victoria segura: «Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres», las fuerzas del mal, las pasiones, la concupiscencia... «nos hubieran tragado vivos, tanto ardía su ira contra nosotros, nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello... Bendito el Señor que nos ayudó. Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió y escapamos... Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra».

–Lucas 12,39-48: La vigilancia es propia del pueblo cristiano, y especialmente de sus responsables. Cristo enseña que el tiempo presente se nos ha concedido para hacer méritos con respecto a la vida eterna. Escuchemos a San Gregorio Magno:

«La misma cualidad de la condición humana nuestra cuánto es más excelente que todas las otras cosas, porque la razón dada al hombre afirma cuánto excede la naturaleza racional a todas las cosas que carecen de vida, de sentido y de razón. Mas, porque cerramos los ojos a las cosas interiores e invisibles, y nos apacentamos de las visibles, honramos muchas veces al hombre no por aquello que él es, sino por lo que puede, y venimos a caer en la acepción de personas, no por las mismas personas, sino por las cosas que ellas tienen... Mas el Dios todopoderoso examina la vida de los hombres por la sola cualidad de los merecimientos; y muchas veces da mayor pena por donde dio estas cosas mayores, en razón del ministerio y oficio, según la misma Verdad da testimonio diciendo: “al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirᔠ(Lc 12,48)» (Morales sobre Job 25,1).

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