Martes XXX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 8, 18-25: La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios
- Salmo: Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6: El Señor ha estado grande con nosotros
+ Evangelio: Lc 13, 18-21: Crece el grano, y se hace un arbusto




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 8,18-25: Los hijos de Dios viven aguardando la gloria que se manifestará en ellos. Y mantienen esta esperanza en medio de los sufrimientos del mundo presente. San Agustín comenta:

«¡Cuán fácilmente se tolera cualquier adversidad temporal para evitar la pena eterna, para lograr la paz eterna! Con razón el Vaso de Elección [San Pablo] dijo con inmensa alegría: “no corresponden los padecimientos temporales a la gloria futura que se revelará en nosotros” (Rom 8,18). Ya ves por qué es suave aquel yugo y la carga ligera. Si es difícil para los pocos que le eligen, es fácil para todos los que le aman. Dice el salmista: “según tus mandatos, yo me he mantenido en la senda establecida” (Sal 16,4). Esos caminos que son duros para los trabajadores, son suaves para los amadores. Por eso la dispensación de la divina providencia hizo de modo que el hombre interior, que se renueva día a día, ya no viva bajo la ley, sino bajo la gracia... Tiene ahora la facilidad de la fe simple, de la esperanza buena y de la santa caridad» (Sermón 70).

–Con el Salmo 125 decimos: «El Señor ha estado grande con nosotros. Cambió nuestra suerte»... Nos ha dado su gracia, su yugo es suave y su carga ligera. Parece un sueño, pero es una gran realidad. Él ha sufrido por nosotros. Nos ha dado ejemplo y nos ayuda con su gracia misericordiosa... Hemos sembrado con lágrimas, pero cosechamos entre cantares. Grande y hermoso es participar en los sufrimientos de Cristo, para luego participar también en la gloria de su triunfo.

–Lucas 13,18-21: El Reino de Dios es como el grano de mostaza, y como la levadura. El reino glorioso del futuro está ahora en los corazones humildes de los creyentes. Es un misterio el crecimiento del reino de Dios en este mundo. Nos fijamos en el crecimiento externo que, ciertamente existe, según las estadísticas, pero no nos fijamos en el crecimiento interior o de profundidad, es decir, en la vida interior, en la santidad, que también existe, aunque no resulta tan manifiesta, salvo cuando hay una beatificación o canonización... San Ambrosio escribe:

«Si tanto al reino de los cielos como a la fe se les compara al grano de mostaza, no se puede dudar que la fe es el reino de los cielos, y el reino de los cielos es una realidad que en nada difiere de la fe. Por tanto, quien tiene la fe posee el reino de los cielos, reino que “está dentro de nosotros”, como está dentro de nosotros la fe... Por eso hemos de desear que la Santa Iglesia, que está figurada por esta mujer del Evangelio y que tiene en su poder esa harina que somos nosotros mismos, esconda en el interior de nuestra alma a Jesús, nuestro Señor, hasta que el colorido de la divina sabiduría penetre en los rincones más secretos de nuestro espíritu» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,177 y 182).

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