Lunes XXXI Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Flp 2, 1-4: Dadme esta gran alegría: Manteneos unánimes
- Salmo: Sal 130, 1. 2. 3: Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor
+ Evangelio: Lc 14, 12-14: No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Filipenses 2,1-4: Manteneos unánimes, con un mismo pensar y un mismo sentir. Esto es lo que quería el Apóstol. Es una invitación a vivir en el amor fraterno, en unidad y en humildad. Cristo nos ha dado ejemplo en su encarnación, en su vida entera, en su pasión y muerte, en la cruz. Comenta San Agustín:

«Pensad en la unidad, hermanos míos, y ved que si os agrada la multitud es por la unidad que existe en ella... Engrandeced al Señor conmigo y ensalcemos su nombre todos juntos. Una sola cosa es necesaria: aquella unidad celeste, la unidad por la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola cosa. Ved cómo se nos recomienda la unidad... Las tres Personas no son tres dioses, ni tres omnipotentes, sino un solo Dios omnipotente. La misma Trinidad es un solo Dios, porque “una sola cosa es necesaria”. Y la consecución de esta única cosa nos lleva el tener los muchos “un solo corazón”» (Sermón 103,4).

–Con el Salmo 130 proclamamos: «Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros, no pretendo grandezas que superan mi corazón. Yo acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre».

–Lucas 14,12-14: No hagamos el bien buscando sobre todo el agradecimiento. Obremos por amor, generosamente, buscando el bien de nuestros hermanos. Comenta San Agustín:

El Señor «te mostró con quién tienes que ser generoso..., con los necesitados, que no tienen nada que devolverte. ¿Pierdes con eso acaso? Se te recompensará cuando se recompense a los justos... Cuando Él nos lo devuelva, ¿quién nos lo quitará?... Cuando aún éramos pecadores, nos donó la muerte de Cristo; ahora que vivimos justamente, ¿nos va a decepcionar? Pero Cristo no murió por los justos, sino por los impíos. Si a los malvados les dio la muerte de su Hijo, ¿qué reservará para los justos?... El mismo Hijo, pero en cuanto Dios, como objeto de gozo, no en cuanto hombre, sometido a la muerte. Ved a lo que nos llama Dios. Mas de la misma manera que te fijas en el destino, dígnate mirar también el camino, dígnate mirar también el cómo» (Sermón 339,6).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

Tiempo Ordinario. Semanas XXII-XXXIV. , Vol. 6, CPL, Barcelona, 1997
pp. 242-245

1. Filipenses 2,1-4

a) Durante toda esta semana seguiremos leyendo la carta de Pablo a los cristianos de Filipos, que comenzamos el viernes pasado.

Es una carta llena de cariño por parte de Pablo, que correspondía así al afecto que le tenía aquella comunidad. Hoy les pide encarecidamente que le den esta gran alegría: "manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir".

La comunidad de Filipos, como todas las demás, debían tener motivos de tensión y divisiones. Por eso la recomendación.

b) Recomendación que nos viene bien a todos, los de entonces y los de ahora. La de Filipos, en este sentido, era una comunidad normal.

Los motivos para esta unidad no son sólo humanos -la convivencia civilizada- sino que, para Pablo, se apoyan sobre todo en la fe: "nos une el mismo Espíritu". Y detalla las condiciones que ayudarán a mantener esta unanimidad. Los consejos valen exactamente igual para nosotros: "no obréis por envidia ni por ostentación", "considerad siempre superiores a los demás", "no os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás".

Bastante mejor nos iría en la vida de comunidad si cultiváramos esas actitudes. Si pudiéramos cantar con verdad el salmo: "mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros".

Nuestras divisiones vienen de que cada uno se cree superior a los demás y se preocupa de lo suyo, sin prestar apenas atención a lo que interesa a los demás.

Pablo asegura a sus lectores que le darán una gran alegría si se entera de que van mejorando en caridad fraterna. También nosotros alegraremos el corazón de Dios, y nosotros mismos seremos más felices, si hoy hacemos lo posible por reprimir nuestras envidias y pretensiones, y nos decidimos a "considerar superiores a los demás".

Lucas 14,12-14

a) El sábado pasado leíamos la recomendación de Jesús sobre no ir buscando los primeros puestos al ser invitados. Hoy sigue con el tema, pero esta vez diciéndonos a quién deberíamos invitar preferentemente a comer.

Puede resultar paradójico el consejo: "no invites a tus amigas ni a los vecinos ricos". El motivo es que, si lo hacemos así, lo que estamos buscando en el fondo es que luego ellos nos inviten: "ellos corresponderán invitándote y quedarás pagado".

Mientras que si seguimos el criterio de Jesús, invitando "a pobres, lisiados, cojos y ciegos", estas personas no podrán pagarnos, y entonces el que nos premiará será Dios, "cuando resuciten los justos".

b) El evangelio se nos presenta muchas veces opuesto a nuestros criterios espontáneos y a las directrices de este mundo.

Cuando hacemos un favor a otro, sería bueno que examináramos nuestras intenciones profundas: ¿lo hacemos por amor a Dios y por amor a la persona en sí misma, o bien buscamos que nos pueda corresponder? ¿nos gusta convidar a los ricos (y así estaríamos invitándonos a nosotros mismos) o hacemos la opción de invitar a los pobres, que no nos pagarán? Jesús, en el sermón de la montaña, nos enseñó que no tenemos que buscar el premio o el aplauso de las personas, sino hacer el bien discretamente, sin pregonarlo (él decía gráficamente, que nuestra mano izquierda no sepa el bien que hace la derecha), y entonces Dios, que sí ve en lo escondido, nos premiará.

Si hacemos un favor a una persona porque ya nos lo ha hecho ella antes a nosotros, o porque esperamos que nos lo haga, eso no es amor gratuito, sino comercio: "do ut des", "te doy para que me des". Jesús nos había dicho, y lo leímos el jueves de la semana 23: "si amas sólo al que te ama, ¿qué mérito tienes?; si haces el bien sólo a los que te hacen bien, ¿qué mérito tienes?" (Lc 6,32). Nuestro amor ha de ser desinteresado, sin pasar factura por el bien que hacemos. Si hacemos favores a quienes "no pueden pagarnos", ya nos lo pagará él: "conmigo lo hicisteis". Y él es buen pagador.

Hoy podríamos tener con alguien un detalle de amor gratuito, sin que se note, sin pasar factura. Y que se convierta en costumbre...

"No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad el interés de los demás" (1a lectura II)
"Dichoso tú, porque no pueden pagarte: te pagarán cuando resuciten los justos" (evangelio).

Zevini-Cabra

Lectio Divina para cada día del año

Ferias Tiempo Ordinario (Semanas 26-34 Años Pares). , Vol. 8, Verbo Divino, Navarra, 2002

LECTIO

Primera lectura: Filipenses 2,1-4

Pablo acaba de exhortar a los cristianos de Filipos a comportarse de una manera digna del Evangelio; al mismo tiempo, se ha ofrecido a sí mismo como modelo de resistencia y de lucha contra los adversarios del Evangelio. Ahora, la exhortación apostólica se vertebra de un modo claro e iluminador. El comienzo (v 1) y el final (v 4) de esta pequeña unidad literaria se reclaman y se completan mutuamente: en primer lugar aparece una concentración cristológica y, a continuación, una dilatación antropológica. En el centro (vv. 2ss), expresa

Pablo el derecho a recibir una gratificación personal en calidad de apóstol: «Dadme la alegría de tener los mismos sentimientos, compartiendo un mismo amor, viviendo en armonía y sintiendo lo mismo».

La primera parte de esta lectura (vv. 1 ss) se caracteriza por una serie de «si» que, en realidad, expresan no una hipótesis, sino una certeza. Este relieve, de naturaleza literaria, es importante para comprender el pensamiento de Pablo por el hecho de que en su concepción teológica todo lo que es bueno, bello y santo deriva de Cristo y de su misterio pascual, que se dilata, como es obvio, en la mente, en el corazón y en las relaciones interpersonales de los creyentes. La segunda parte de la lectura (v. 3ss) presenta una formulación negativa orientada a otra positiva. El apóstol exhorta a extirpar del tejido conectivo de la comunidad creyente toda «rivalidad o vanagloria», y recomienda: «Sed, por el contrario, humildes y considerad a los demás superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás».

Evangelio: Lucas 14,12-14

En el marco de una invitación a comer, después de haber curado a un hidrópico en sábado y de haber propuesto una parábola, Jesús dirige ahora una serie de advertencias al jefe de los fariseos que le había invitado.

Se trata de una de esas afirmaciones de Jesús que nacen de la experiencia, de la vivencia inmediata, observada con extrema atención, interpretada de manera simbólica y trasladada al ámbito religioso. Las dos partes de este breve texto evangélico se corresponden perfectamente: el paralelismo antitético facilita su comprensión («Cuando des una comida... Más bien, cuando des un banquete...»: vv. 12.13).

La enseñanza de Jesús está muy clara y, para que pueda incidir en la sensibilidad de sus destinatarios, la confía en dos «situaciones de vida» que, para un jefe de los fariseos, debían ser habituales. Por un lado, Jesús pone en guardia contra actitudes sólo aparentemente generosas, aunque, en realidad, son interesadas, egoístas y productivas. Este modo de proceder, según Jesús, no sólo traiciona un ánimo mezquino, sino que termina por comprometer también las relaciones interpersonales. La situación contraria que presenta Jesús se presta, en cambio, a una invitación exquisitamente evangélica, que nos conduce al corazón de la enseñanza de Jesús: la opción de privilegiar a los pobres, a los lisiados, a los cojos y ciegos, exactamente a ésos a quienes el Señor ama más que a cualquier otro y entre los que difunde su benevolencia. Se trata del mensaje de las bienaventuranzas (Lc 6,20-26), que todos conocemos bien. La bienaventuranza y la promesa del v. 14 completan de modo admirable la enseñanza de Jesús.

MEDITATIO

Hasta en el gesto, aparentemente magnánimo, de quien distribuye a los invitados para la comida o la cena se puede esconder un sentimiento de egoísmo, a saber: cuando la elección de los invitados está sugerida sólo por motivos de obligación, de conveniencia social, de mera simpatía o de interés. Es obvio que el tema sugerido por la lectura evangélica -que encuentra también cierta resonancia en el final de la primera lectura- es el de la gratuidad, acompañado y reforzado por la «opción preferencial por los pobres», que no es un descubrimiento de los cristianos de hoy, sino la quintaesencia del Evangelio. Con todo, es menester liberar este término de un significado puramente material, como quizás estemos inclinados a hacer hoy, dada nuestra sensibilidad al valor económico de nuestras acciones y nuestros gestos: todo lo que hacemos, todo lo que producimos, no puede dejar de tener -incluso debe tener- un valor económico. Sin embargo, Jesús quiere educarnos para que procedamos a una evaluación también espiritual, es decir, integral y más completa, de nuestras acciones y de nuestras opciones.

Así, gratuidad significa e implica prestar más atención a los otros que a nosotros mismos, reconocer en los otros un valor objetivo, porque cada uno lleva en su propio ser la imagen y la semejanza de Dios, de ahí que sea, por sí mismo, digno de atención, de estima y de amor.

Comprendemos así el sentido de la bienaventuranza que proclama Jesús al final de este texto evangélico y, sobre todo, la promesa de una recompensa que, según la lógica de Dios, nos será asegurada «cuando los justos resuciten».

ORATIO

Oh Señor Jesús, tú buscaste a los pobres y a los hambrientos y me dices: «Comparte con ellos tu abundancia, y ellos creerán que yo soy el Pan de la vida».

Oh Señor Jesús, tú invitaste a tu mesa a los oprimidos y a los perseguidos y me dices: «Lucha por su libertad, y ellos creerán que yo soy la Luz del mundo».

Oh Señor Jesús, tú has llamado a las víctimas de muchas y diferentes violencias y me dices: «Denuncia con valor todo mal, y ellos creerán que yo soy la Verdad».

Oh Señor Jesús, tú acogiste en tu redil a las ovejas que estaban dispersas y me dices: «Abandona tu aspecto perfeccionista, y ellos creerán que yo soy el buen Pastor».

Así serás pobre, apacible, misericordioso, limpio de corazón, obrador de la paz, amante de la justicia. En una palabra, ¡serás bienaventurado!

CONTEMPLATIO

Está también el reproche del Señor a los escribas. Les reprocha su dureza cuando les dice: «Entended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios"» (Mt 9,13). Tanto los escribas como los fariseos estaban persuadidos de que podían quitarse los pecados de encima con los sacrificios prescritos por la Ley. Por eso el Señor da preferencia a la misericordia sobre el sacrificio: para demostrar con claridad que los delitos de todo tipo de pecado pueden ser cancelados no en virtud de los sacrificios de la Ley, sino en virtud de las obras de misericordia. Análoga es la invitación que el Señor dirige a los fariseos en otro pasaje, cuando los apostrofa con estas palabras: «Pues dad limosna de vuestro interior, y todo lo tendréis limpio» (Lc 11,41). Este es, por consiguiente, el sentido de la expresión «misericordia quiero y no sacrificios». Tanto es así que continúa: «En efecto, no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Cromacio de Aquileya).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:

«Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás» (Flp 2,4).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Uno de los encuentros más interesantes de la madre Teresa de Calcuta fue el que mantuvo con el emperador etíope Hailé Selassié pocos meses antes del golpe de Estado que acabaría por deponerle. La pequeña hermana estaba avisada de que no debía hacerse demasiadas ilusiones, dado que ya eran muchas las organizaciones religiosas y sociales que habían intentado inútilmente trabajar en Etiopía, y no tardó mucho en comprender que la decisión correspondía al emperador y sólo a él. La audiencia estuvo precedida por una conversación con el chambelán de palacio, que se desarrolló en estos términos: «¿Qué es lo que espera de nuestro gobierno?» «Nada –respondió la madre Teresa–; he venido sólo a ofrecer a mis hermanas para que trabajen entre los pobres y los que sufren.» «¿Qué harán las hermanas?» «Nos entregaremos con todo lo que somos a servir a los más pobres entre los pobres.» «¿De qué títulos disponen?» «Intentamos entregar amor y compasión a aquellos que no son amados ni deseados.» «Veo que su enfoque es completamente distinto. Usted predica a la gente, ¿intenta acaso convertirla?» «Nuestros actos de amor hablan al pobre que sufre del amor que Dios siente por él».

Cuando, finalmente, la madre Teresa fue conducida a la presencia del emperador, le esperaba una sorpresa. Selassié pronunció unas pocas palabras: «He oído hablar de su trabajo. Me hace muy feliz que esté aquí. Sí, que sus hermanas vengan también a Etiopía».

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