Martes XXXII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Sab 2, 23—3, 9: La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz
- Salmo: Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19: Bendigo al Señor en todo momento
+ Evangelio: Lc 17, 7-10: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Sabiduría 2,23-3,9: Los insensatos pensaban que morían, pero ellos están en la paz. Dios creó al hombre para la inmortalidad. El pecado es obra del diablo. Las almas de los justos, que han tenido que sufrir pruebas en este mundo, resplandecerán en la luz inmortal, en el día del juicio. No se acaba todo con la muerte y aquel que busca el premio, ha de mirar y confiar en el Señor. Los justos disfrutarán de la retribución que esperaron, y los perseguidores se encontrarán delante de sus víctimas, que les perdonaron.

Solo Dios puede condenar. Podemos ir a la muerte con la confianza de que Dios es nuestro Padre, que quiere que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». Los que en Él confían conocerán la verdad y los fieles permanecerán con Él en el amor, porque sus elegidos encontrarán gracia y misericordia. Seremos examinados en el amor, y si aprobamos ese examen, moraremos perpetuamente en la mansión del Amor, porque «Dios es Amor».

–Con el Salmo 33 bendecimos al Señor en todo momento: su alabanza ha de estar siempre en nuestros labios, nuestra alma se gloría en el Señor, que los humildes lo escuchen y se alegren. Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus súplicas, pero Él se enfrenta con los malvados. Cuando uno suplica al Señor, Él lo escucha y lo libra de sus angustias. El Señor está con los atribulados, salva a los abatidos, que confían en Él.

Es momento de revisar nuestra vida: ¿nos olvidamos de Dios? ¿vivimos con Él? ¿vamos a veces al margen de Él o contra Él? Es momento también de orar por la conversión de los pecadores.

–Lucas 17,7-10: Guardemos la humildad en todas nuestras acciones, a ejemplo de Cristo, de la Virgen y de los Santos. Somos unos pobres siervos; hemos hecho lo que teníamos que hacer. Comenta San Ambrosio:

«Vive en consecuencia con la convicción de que eres un siervo al que han encomendado muchos trabajos. No te creas más de lo que eres porque eres llamado hijo de Dios –debes reconocer sí la gracia, pero no debes echar en olvido tu naturaleza–, ni ha de envanecerte el haber servido con fidelidad, ya que ése era tu deber. El sol realiza su labor, obedece también la luna, los ángeles sirven... Por tanto, no pretendamos nosotros alabarnos a nosotros mismos, ni nos anticipemos al juicio de Dios, ni nos adelantemos a la sentencia del juez, antes bien, esperemos a su día y a su juicio» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VIII,32).

No podemos, no debemos glorificarnos a nosotros mismos, sino que hemos de glorificar a Dios con nuestras palabras y con nuestras obras. Sin Él nada podríamos haber hecho.

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