Jueves XXXIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 M 2, 15-29: Viviremos según la alianza de nuestros padres
- Salmo: Sal 49, 1-2. 5-6. 14-15: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
+ Evangelio: Lc 19, 41-44: ¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–1 Macabeos 2,15-29: Queremos vivir según la Alianza de nuestros padres. La resistencia de los judíos fieles, que sufren la persecución de los paganos, se concretiza en Matatías, el padre de los Macabeos. Él se rebela contra los oficiales encargados de obligar a la apostasía. Marca con su actitud fiel el comienzo del enfrentamiento armado. La adhesión a Dios vale más que todas las riquezas del mundo. Esto es lo que nos enseña la lectura de hoy. El poderoso mundo quiere comprar a Matatías, para que renuncie a sus principios religiosos y siga los paganos. Pero el precio del servicio de Dios es mucho mayor que todos los bienes de este mundo. San Ireneo dice:

«El servir a Dios en nada afecta a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión. Él es, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que le siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirle y servirle, sin recibir de ellos beneficio alguno» (Contra las herejías 4).

Esto es lo que, arriesgando sus vidas y perdiéndola a veces, hicieron aquellos judíos piadosos para observar fielmente la ley santa del Señor.

–Con el Salmo 49 proclamamos la felicidad de ser fieles al Señor, como aquellos judíos piadosos de la lectura anterior: «Al que sigue buen camino le haré ver la salvación del Dios. El Dios de los dioses, el Señor habla: convoca la tierra de oriente a occidente. Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece. “Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio”. Proclame el cielo su justicia, Dios en persona va a juzgar. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo, e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria».

Nosotros también nos vemos tentados como aquellos judíos perseguidos, que son para nosotros una gran ejemplo. También el mundo quiere que demos culto a muchos ídolos que pone en nuestro camino, como son el dinero, el poder, los honores, la fama, el placer...

–Lucas 19,41-44: Jesús llora por su amada Jerusalén, que no ha comprendido su gran amor, y prevé los castigos que le vendrán. Es un gran misterio. Adoremos los designios del Señor. Es verdad que la Iglesia de Jesucristo es el Israel de los tiempos nuevos. Es verdad que los apóstoles eran todos judíos, así como la mayor parte de los miembros de las primeras comunidades cristianas. Pero también es cierto que el pueblo judío, tanto en sus representantes cuanto en sus instituciones, rechazaron la salvación mesiánica que les ofrecía el Señor, como herederos de las promesas. Es un misterio. Israel no entró en la conversión suprema que Jesucristo exigía de él para que fuera el gran instrumento de su misión universal. El pueblo judío rechazó a Jesucristo, y por eso Él llora. Orígenes dice:

«hay que ver ante todo la significación de sus lágrimas. Todas las bienaventuranzas de las que Jesús habló en el Evangelio las confiesa Él mismo con su ejemplo, y lo que enseñó lo prueba con su propio testimonio... Conforme a lo que ha dicho: “bienaventurados los que lloran” (Mt 5,5), Él lloró para plantar también el fundamento de esta bienaventuranza. Lloró sobre Jerusalén, diciendo: “si hubieras conocido también tú la visita de la paz”» (Comentario al Evangelio de San Lucas 38,1-2).

También a nosotros nos puede pasar algo semejante si no sabemos discernir en las vicisitudes de nuestra vida lo que conduce a la paz, si no correspondemos con gran amor al inmenso amor que Cristo nos tuvo y nos tiene.

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