Viernes XXXIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 M 4, 36-37. 52-59: Celebraron la consagración del altar, ofreciendo con alegría holocaustos
- Salmo: 1 Cro 29, 10. 11ab. 11d-12a. 12bcd: Alabamos, Señor, tu nombre glorioso
+ Evangelio: Lc 19, 45-48: Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–1 Macabeos 4,36-37.52-59: Celebran con alegría la consagración del altar, con ofrendas y holocaustos. Tras la victoria de los fieles resistentes, Judas Macabeo purifica el templo, y el pueblo celebra con júbilo su consagración. El templo de Jerusalén es el centro del culto a Yavé. A él acude todo piadoso israelita de cualquier parte del país para contemplar el «rostro» de Dios, y es para los fieles objeto de un amor conmovedor. Por eso cuando el templo es profanado por el rey Antíoco, que instala en él un culto idolátrico pagano, los judíos se sublevan para defenderlo, y el primer objetivo de su guerra santa es justamente purificar el templo, para reanudar en él el culto tradicional. Cuando muere Cristo el velo de aquel antiguo templo venerable se rasga, para significar que el culto antiguo ha sido sustituido por otro culto más espiritual y perfecto: el de Cristo, el de la Iglesia. Con todo, al principio, los apóstoles simultaneaban su culto eucarístico con las oraciones en el templo. Pero en el año 70 sufre una completa destrucción, que significa en forma decisiva que su función ha terminado ya. Y nunca ha sido reconstruido.

–Alabamos al Señor con un cántico del libro 1 Crónicas 29: «Alabamos, Señor, tu nombre glorioso. Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los siglos. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor y la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. Tú eres Rey y Soberano de todo: de ti viene la riqueza y la gloria. Tú eres el Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza, tú engrandeces y confortas a todos».

–Lucas 19,45-48: Habéis convertido la Casa de Dios en una cueva de bandidos. Jesús se indigna ante la profanación del templo, que ha de ser «Casa de oración». Es una lección para nosotros. El respeto al templo ha de ser ahora mayor aún que entonces. Es ahora el lugar de la reactualización sacramental del sacrificio redentor del Calvario, y allí está Cristo realmente presente en el sagrario. Es el lugar de la oración y de la vida sacramental de la Iglesia. Dice San Ambrosio:

«Él expulsó a los cambistas. Pero, ¿de quién son figura estos tratantes sino de los que procuran enriquecerse con los tesoros del Señor, no tratando de distinguir lo que es un bien de lo que es un mal? El gran tesoro del Señor es la divina Escritura, ya que en el momento de partir Él, distribuyó los denarios entre sus servidores y les repartió los talentos (Mt 25, 14; Lc 19,13)... Si existe el tesoro de las Escrituras, es evidente que se puede hablar también de los intereses de la Escritura» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib. IX,18).

«Las mesas de los cambistas caen por tierra para poner en su lugar la mesa del Señor [la Eucaristía], y es destrozada el ara con el fin de puedan surgir los altares» (ib. 20).

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