Sábado XXXIII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 M 6, 1-13: Por el daño que hice en Jerusalén muero de tristeza
- Salmo: Sal 9, 2-3. 4 y 6. 16 y 19: Gozaré, Señor, de tu salvación
+ Evangelio: Lc 20, 27-40: No es Dios de muertos, sino de vivos




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–1 Macabeos 6,1-13: Muero de tristeza, por el daño que hice en Jerusalén. Antíoco Epifanes, el perseguidor, es atacado por una enfermedad, lejos de su país, y muere reconociendo que sufre el castigo de sus faltas. El pueblo de Dios a lo largo de su historia pasa por la experiencia de la persecución; ésta no perdona al Hijo de Dios, que ha venido a salvar al mundo, y es odiado por él. Todo culmina en su pasión y muerte en Cruz. También sus discípulos sufren persecución a lo largo de los siglos.

Pero, los perseguidos vencieron siempre, incluso cuando fue motivada la persecución por los pecados del pueblo. La historia muestra el fin de los perseguidores, unos convertidos, como es el caso de San Pablo, prodigio admirable al comienzo del cristianismo; otros despechados y doloridos por su fracaso, como es el caso de Juliano el Apóstata y de tantos otros. Confiemos siempre en el Señor. Pasan los hombres, pasan los perseguidores, pero Dios, Cristo y su Iglesia permanecen para siempre.

–Con el Salmo 9 cantamos al Señor que nos defiende de los enemigos: «Gozaré, Señor, de tu salvación. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando todas tus maravillas. Me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre. Porque mis enemigos retrocedieron, cayeron y perecieron ante tu rostro. Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío y borraste para siempre su apellido. Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron, su pie quedó prendido en la red que escondieron. Él no olvida jamás al pobre, ni la esperanza del humilde perecerá».

–Lucas 20,27-40: No es Dios de muertos, sino de vivos. En la enseñanza de este Evangelio, Jesús afirma la realidad maravillosa del mundo nuevo y reafirma la resurrección. Comenta San Ambrosio:

«Los saduceos, que eran la parte más detestable de los judíos, tientan al Señor con esta cuestión. Abiertamente Él les reprende entonces su malicia y, en un sentido místico, retuerce su posición, precisamente con la doctrina de una castidad ejemplar, tomando pie del problema que ellos le propusieron, ya que, según la letra, una mujer debería casarse, aun contra su voluntad, para que el hermanos del difunto le diese un heredero. De aquí el dicho “la letra mata” (2 Cor 3,6), como una propagadora de vicios, mientras que el Espíritu es el maestro de la castidad... Para la sinagoga la ley, literalmente tomada, es muerte, mientras que aceptada en sentido espiritual, la hace resucitar» (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.IX, 37 y 39).

Recibiendo esa doctrina con verdadero espíritu de fe, vivamos de tal modo que tengamos una resurrección gloriosa.

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