Martes XXXIV Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Dn 2, 31-45: Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos
- Salmo: Dn 3, 57. 58. 59. 60. 61: Criaturas todas del Señor: bendecid al Señor
+ Evangelio: Lc 21, 5-11: No quedará piedra sobre piedra




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Daniel 2,31-45: Dios suscitará un Reino eterno. Interpreta Daniel el sueño de la estatua colosal, construida con diversos materiales. Su explicación muestra la historia como colisión de fuerzas simbolizadas en los diversos imperios, que se oponen a la instauración del Reino por excelencia, el Reino de Dios, el de Cristo, el de los Santos. La piedra que cae y destruye la estatua es para algunos el monoteísmo yavista, sublimado en Cristo, opuesto a la idolatría –la estatua– de los grandes imperios. Es un Reino nuevo, llamado a extenderse rápidamente sobre toda la tierra. Por lo mismo hay que dar a esa piedra un significado mesiánico, en su sentido pleno. Cristo es la piedra angular, que desecharon los constructores, pero que ha venido a ser el punto clave del Reino espiritual de Dios.

–Sigue como Salmo responsorial el cántico de los tres jóvenes, en Daniel 3: «Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor; ángeles del Señor, bendecid al Señor; aguas del espacio, ejércitos del Señor, bendecid al Señor». Toda la naturaleza debe ser un canto de alabanza al Dios providente y eterno que, no obstante haberse manifestado a los patriarcas y profetas de Israel, sigue Altísimo y trascendente, sentado sobre querubines, que penetra con su mirada lo más profundo de los abismos. Su trono real es el firmamento de los cielos. Desde allí asiste majestuoso, desplegando su providencia sobre su pueblo y sobre los justos. Por eso toda la naturaleza, desde los ángeles hasta las bestias, y los mismos seres inanimados, deben alabarlo sin fin. Nosotros, los hombres cristianos, con mayor razón, pues tenemos más dones que los que recibieron los justos en el Antiguo Testamento: tenemos a Cristo, sus sacramentos, su Iglesia y su mensaje de santidad.

Lucas 21,5-11: No quedará piedra sobre piedra. Jesús anuncia la destrucción del templo de Jerusalén. Comenta San Ambrosio:

«Existe, sin embargo, otro templo, construido con piedras preciosas y adornado con ofrendas... Él hace referencia a la sinagoga de los judíos, cuya vieja construcción se disolvió cuando surgió la Iglesia. Pero en verdad, también en cada hombre existe un templo, que se derrumba cuando falla la fe y, especialmente, cuando se lleva hipócrita-mente el nombre de Cristo, sin que un afecto interior corresponda a tal nombre.

«Quizás sea ésta la exposición que mayores bienes me reporta a mí. Porque, ¿de qué me sirve saber el día del juicio? Y puesto que tengo conciencia de tantos pecados, ¿de qué me aprovecha el que Dios venga si no viene a mi alma ni a mi espíritu, si no vive en mí Cristo, ni Él habla en mí? Por esta razón Cristo debe venir a mí, su venida tiene que llevarse a cabo en mi persona. La segunda venida del Señor tendrá lugar al fin del mundo, cuando podamos decir: “el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gal 6,14)” (Tratado Sobre el Evangelio de San Lucas lib.X, 6 y 7).

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