Jn 4, 43-54: Curación del hijo de un funcionario real

Texto Bíblico

43 Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea. 44 Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». 45 Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
46 Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. 47 Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. 48 Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis». 49 El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». 50 Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. 51 Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. 52 Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». 53 El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.
54 Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Juan Crisóstomo

Sobre el Evangelio de san Juan: Curó al padre enfermo en el espíritu y al hijo enfermo en su cuerpo

«Si no veis signos y prodigios, no creéis» (Lc 4,48)
35


«Si no veis prodigios y signos, no creéis.» (Jn 4,48) El funcionario real parece no creer que Jesús tenga el poder de resucitar a los muertos. «¡Baja antes que no muera mi hijo!» (Jn 4,49) Parece que cree que Jesús ignora la gravedad de la enfermedad de su hijo. Por esto, Jesús le reprocha su poca fe, para mostrarle que los signos y prodigios se realizan sobre todo para curar a las almas. Así, Jesús cura al padre que está enfermo del espíritu no menos que al hijo que está enfermo en su cuerpo. Así nos enseña que hace falta unirse a él, no a causa de los milagros, sino por su enseñanza confirmada por los milagros. Jesús realiza los prodigios no para los creyentes sino para los incrédulos....

Una vez en casa, «creyó y toda su familia» (Jn 4, 53) Gente que no había visto nunca a Jesús ni oído hablar, creen en él. ¿Qué nos quiere enseñar el evangelio? Hay que creer en él sin exigir prodigios; no hay que exigir a Dios pruebas de su poder. En nuestros días, ¡cuánta gente muestra un amor mayor a Dios después que su hijo o su mujer hayan experimentado alivio en sus enfermedades! Aunque nuestros ruegos no fueran escuchados, hay que perseverar igualmente en la acción de gracias y la alabanza. ¡Quedemos unidos a Dios en la adversidad y en la prosperidad!

Anastasio de Antioquía

Sermón: Cristo transformará nuestro cuerpo humilde

«Esa era la hora en que Jesús le había dicho: 'Tu hijo vive'» (Jn 4,53)
5, Sobre la resurrección de Cristo, 6-7. 9: PG 89, 1358-1359.1361-1362

PG

Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Pero, no obstante, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Los muertos, por tanto, que tienen como Señor al que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven, y la vida los penetra hasta tal punto que viven sin temer ya a la muerte.

Como Cristo que, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, así ellos también, liberados de la corrupción, no conocerán ya la muerte y participarán de la resurrección de Cristo, como Cristo participó de nuestra muerte.

Cristo, en efecto, no descendió a la tierra sino para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro, que, desde antiguo, aprisionaban al hombre, y para librar nuestras vidas de la corrupción y atraernos hacia él, trasladándonos de la esclavitud a la libertad.

Si este plan de salvación no lo contemplamos aún totalmente realizado -pues los hombres continúan muriendo, y sus cuerpos continúan corrompiéndose en los sepulcros-, que nadie vea en ello un obstáculo para la fe. Que piense más bien cómo hemos recibido ya las primicias de los bienes que hemos mencionado y cómo poseemos ya la prenda de nuestra ascensión a lo más alto de los cielos, pues estamos ya sentados en el trono de Dios, junto con aquel que, como afirma san Pablo, nos ha llevado consigo a las alturas; escuchad, si no, lo que dice el Apóstol: Nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.

Llegaremos a la consumación cuando llegue el tiempo prefijado por el Padre, cuando, dejando de ser niños, alcancemos la medida del hombre perfecto. Así le agradó al Padre de los siglos, que lo determinó de esta forma para que no volviéramos a recaer en la insensatez infantil, y no se perdieran de nuevo sus dones.

Siendo así que el cuerpo del Señor resucitó de una manera espiritual, ¿será necesario insistir en que, como afirma san Pablo de los otros cuerpos, se siembra un cuerpo animal, pero resucita un cuerpo espiritual, es decir, transfigurado como el de Jesucristo, que nos ha precedido con su gloriosa transfiguración?

El Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia, nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad, gracias a Cristo, el cual transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Si, pues, esta transfiguración consiste en que el cuerpo se torna espiritual, y este cuerpo es semejante al cuerpo glorioso de Cristo, que resucitó con un cuerpo espiritual, todo ello no significa sino que el cuerpo, que fue sembrado en condición humilde, será transformado en cuerpo glorioso.

Por esta razón, cuando Cristo elevó hasta el Padre las primicias de nuestra naturaleza, elevó ya a las alturas a todo el universo, como él mismo lo había prometido al decir: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

Juan Pablo II

Discurso (16-10-1981): Llamada de la familia a la misión

«Creyó él con toda su familia» (Lc 4,53)
A los participantes en la sesión plenaria de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos


4. [...] ¡Cuán significativas resuenan las palabras del Evangelista Juan después de la curación milagrosa del hijo del funcionario regio de Cafarnaún! Este había implorado la ayuda de Jesús y había ya creído en El cuando le dijo que se fuera porque su hijo vivía (Jn 4, 50); pero cuando tuvo la confirmación definitiva del milagro por boca de sus servidores, entonces "creyó con toda su familia" (ib., 53). Sí, la familia que ha recibido la fe, la familia verdaderamente cristiana se proyecta, por así decirlo, para llevar a los otros y a las otras familias la fe que posee por gracia de Dios. La familia cristiana se pone en actitud de evangelizar, es por sí misma misionera.

Pienso, queridos hermanos e hijos, en la aportación que las familias cristianas, bien formadas y de vida moral ejemplar, pueden dar al anuncio del Evangelio. Por eso, eduquémoslas bien; ofrezcámosles la ayuda indispensable para defenderlas de las asechanzas y peligros que les acechan por doquier en la edad moderna; reforcémoslas y confirmémoslas en el precioso testimonio "pro Christo et Ecclesia" que dan a la sociedad circundante. Aun en donde las familias cristianas son sólo una pequeña minoría en un ambiente de mayoría no-cristiana, es también indispensable e importantísimo el testimonio que dan a las otras familias. Si sienten y viven en profundidad el anuncio del Evangelio, tendrán la misma eficacia que aquella levaduraque, escondida en tres medidas de harina, hace fermentar toda la masa (cf. Mt 13, 33; Le 13, 20-21).

5. [...]Os asista en este esfuerzo [en favor de la familia] Aquella que, esposa y madre incomparable en el hogar de Nazaret, realizó ya una altísima función en la primera familia de Cristo; y después, en virtud del supremo encargo recibido en el Calvario —"Ecce filius tuus" (Jn 19, 26)— extiende esa misión a la familia inmensamente dilatada de los hermanos de Cristo. A Ella, Reina de los Apóstoles, nos dirigimos ahora todos, para que nos conforte en nuestro renovado propósito de llevar a las familias y a los pueblos el Evangelio de la salvación.

Tomás de Kempis

Imitación de Cristo: Dudar de los sacramentos es una trampa del diablo

«Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea» (Lc 4,54)
IV, 18


«El que escruta la majestad de Dios, se verá abrumado por su gloria» (Pr 25,27 Vulg). Dios no ha dado al hombre la suficiente inteligencia para conocerlo todo…; lo que se te pide es una fe sólida y una vida sencilla, y no un conocimiento de todo. Si no entiendes ni comprendes las cosas más triviales ¿cómo entenderás las que están sobre la esfera de tu alcance? Sujétate a Dios y humilla tu juicio a la fe, y se te dará la luz de la ciencia, según te fuere útil y necesaria.

Algunos son gravemente tentados contra la fe en el santo sacramento; mas esto no se ha de imputar a ellos sino al enemigo. No tengas cuidado, no disputes con tus pensamientos, ni respondas a las dudas que el diablo te sugiere, sino cree en las palabras de Dios, cree a sus santos y a sus profetas, y huirá de ti el malvado enemigo. Muchas veces es muy conveniente al siervo de Dios el padecer estas tentaciones. Pues no tienta el demonio a los infieles y pecadores a quienes ya tiene seguros; sino que tienta y atormenta de diversas maneras a los fieles y devotos.

Acércate, pues, con una fe firme y sencilla, y llégate al sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso. Dios no te engaña; el que se engaña es el que se cree a sí mismo con demasía. Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, y «da entendimiento a los pequeños» (Sal 118, 130), alumbra a las almas puras y esconde su gracia a los curiosos y soberbios. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.

Balduino de Ford

Homilía: Creyó en la Palabra y recibió la vida

«Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino» (Jn 4,50)
6 sobre Hebreos 4,12: PL 204, 451-453

PL

«La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo». (Hb 4,12). A través de estas palabras el apóstol enseña a los que buscan a Cristo –Palabra, Fuerza y Sabiduría de Dios- toda la fuerza, toda la sabiduría que contiene la Palabra de Dios. Esta Palabra estaba al principio junto al Padre, eterna como él (Jn 1,1). En su tiempo fue revelada a los apóstoles, anunciada por ellos y humildemente recibida en la fe por el pueblo de los creyentes.

Hay, pues, una Palabra en el Padre, una Palabra en la boca de los apóstoles, una Palabra en el corazón de los creyentes. La Palabra en la boca es expresión de la Palabra que está en el Padre; es también expresión de la Palabra que hay en el corazón del hombre. Cuando se comprende la Palabra, o cuando se la cree, o cuando se la ama, la Palabra en el corazón del hombre se convierte en inteligencia de la Palabra, o en fe en la Palabra, amor en la Palabra. Cuando estas tres se reúnen en un solo corazón, en un momento se comprende, se cree y se ama a Cristo, Palabra de Dios, Palabra del Padre... Cristo habita en esta persona por la fe, y por una admirable condescendencia baja del Padre al corazón del hombre...

Esta Palabra de Dios... es viva: el Padre le ha dado tener la vida en ella misma tal como él tiene la vida en sí mismo (Jn 5,26). Es por eso que no solamente es viva, sino que es Vida, tal como está escrito: «Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida» (Jn 14,6). Y puesto que es la Vida, es viva para ser vivificante, porque «lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere» (Jn 5,21).

Javier Lozano Barragán

Algunos milagros de curación en los Evangelios: Creer destruye la muerte

«El hombre creyó lo que Jesús le dijo» (Jn 4.50)
n. 17, 23 de abril de 1997


En este milagro de curación lo que aparece como más sobresaliente es la fe del oficial regio. El cree en la palabra del Señor y la palabra despliega toda su eficacia que es una eficacia de dar la vida. Nuestro Señor reprende a aquellos que si no ven los signos palpables no creen, este oficial no ve los signos, sino que escucha sólo la palabra y de esta fe pura se elabora el marco del milagro que Jesús realiza. Es la invitación más fuerte para creer en la Palabra. Jesús es la Palabra del Padre, creer en El es tener la vida. La actualidad de este milagro significa que se dirige a nosotros y exige nuestra fe de acuerdo a la cual normar la vida concreta en un mundo en el que a veces los signos de otro tipo se oscurecen.





Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

Tiempo de Cuaresma: Lunes IV



Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos

San Agustín

44. Mas llama la atención por qué dice el Evangelista enseguida: “Que el mismo Jesús dio testimonio, que un profeta no es honrado en su patria”. Mejor hubiera podido decir que el profeta no tiene honra en su patria, si hubiera dejado de ir a Galilea y permaneciendo en Samaria. Yo creo esto: que en Samaria estuvo dos días, y los samaritanos creyeron en El. Estuvo tantos días en Galilea, pero los galileos no creyeron en El. Por esta razón dijo “que un profeta no es honrado en su patria” (In Ioannem tract., 16).

46a. Allí, pues, creyeron en El sus discípulos cuando convirtió el agua en vino. Y estando la casa llena de invitados, y siendo el milagro tan grande, no creyeron en El sino los discípulos. Por esta causa retorna a aquella ciudad, a saber: para que ahora crean los que no creyeron por las razones primeras (In Ioannem tract., 16).

47-48. El que rogaba, ¿aún no creía? ¿Qué esperas oír de mí? Pregunta al Salvador qué opinaba de él. Por esto sigue: “Y Jesús le dijo: si no viereis milagros y prodigios, no creéis”. Reprende a aquel hombre como perezoso y frío en la fe, o de que no tenía fe alguna pero deseando probarle quién era Cristo, cuál era y cuánto podía, lo tienta por medio de la salud de su hijo. Se llamó prodigio como cosa dicha de lejos, porque “que se dice de lejos” significa la cosa con prioridad, y se extiende a lo futuro (In Ioannem tract., 16).

48. Tanto desea el Señor ensalzar el alma del que cree sobre todas las cosas mudables, que no quiere que los fieles duden acerca de aquellos milagros que se hacen por el divino poder, en la mutabilidad de los cuerpos (De cons. evang, 4, 10).

52-53. Por tanto, si creyó porque se le dijo que su hijo había sido curado y comparó la hora de los que se lo decían con la del que se lo vaticinaba, cuando rogaba, no creía (In Ioannem tract., 16).

53. “Creyó él y toda su familia.” Con la sola palabra creyeron muchos samaritanos, mas con aquel milagro sólo creyó la casa donde tuvo lugar. Después añade el Evangelista: “Este segundo milagro hizo Jesús otra vez cuando vino de la Judea a la Galilea” (In Ioannem tract., 16).

Crisóstomo, In Ioannem hom., 34

44. “Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.” Se añadió esto porque se marchó, no a Cafarnaúm, sino a Galilea y a Caná, como se dirá después. Y yo creo que en este lugar llamaba patria suya a Cafarnaúm. Porque como no recibió allí honor alguno, dijo por medio de San Mateo: “Y tú, Cafarnaúm, que has sido levantada hasta el cielo, bajarás hasta el infierno” (Mt 11,23). Pero ahora llama patria suya a aquélla en que se convierte mayor número.

45. “Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta…” ¿Cómo es eso? ¿No vemos también a muchos que llegan a ser admirados por los suyos? Así sucede en verdad; pero no debemos hacer extensivo a muchos lo que sucede rara vez. Porque aun cuando algunos sean honrados en su propio país, lo son mucho más en país extraño. La costumbre suele hacer a los hombres despreciables. Cuando Jesús vino a Galilea, los galileos le recibieron. Por esto sigue: “Mas cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron”. Y aquellos que se llamaban malos se les ve que salen a recibir en primer término al Salvador. Mas se dice, respecto de los galileos: “pregunta, y verás que ningún profeta ha salido de Galilea” (Jn 17,53). Mas le vituperaron porque había estado entre los samaritanos y le dijeron: “Samaritano eres tú, y tienes el demonio” (Jn 8,48). Pero los samaritanos y los galileos creen, para confusión de los judíos. Los galileos eran mejores que los samaritanos, porque los primeros creyeron por los milagros que Jesús hacía, mas los segundos sólo creyeron por las palabras de la mujer. Por esto sigue: “Porque habían visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén en el día de la fiesta”.

46a. “Volvió, pues, a Caná de Galilea…” En primer lugar, el Señor (como ya se ha dicho antes) había venido a Caná de Galilea llamado a unas bodas. Ahora va a esta ciudad por su propia voluntad, y dejando su patria, a fin de atraerlos más a la fe. Para que la fe, que ya había penetrado en ellos desde su primer milagro, se hiciese más fuerte con su presencia.

46b. Llámase “cortesano”, o porque fuese de familia real, o porque tuviese dignidad de príncipe, por lo que recibía tal denominación. Por ello creen algunos que éste fue el mismo centurión que se cita en San Mateo. Pero se manifiesta por otra parte que era distinto de aquel otro. Porque aquel otro, cuando Jesús quería ir a su casa, le ruega que no se moleste; pero éste no le ofrecía nada, y lo llevaba hacia su casa. Mas aquél salió al encuentro de Jesús bajando de un monte, y entró en Cafarnaúm; y éste se unió con Jesús cuando venía a Caná. El hijo de aquél estaba paralítico, mas el hijo de éste padecía fiebre. Acerca de este cortesano se dice: “Este, habiendo oído que Jesús venía de la Judea a la Galilea, fue a El y le rogaba”, etc.

49. “Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.»” Véase cómo aun trae a Jesucristo de una manera física, como si no pudiese resucitar a su hijo después de muerto. Mas que viniese aun cuando no creía y le rogase, nada tiene de particular, porque los padres acostumbran, efecto de su gran cariño, no sólo a hablar a los médicos en quienes confían, sino también en quienes desconfían, no queriendo callar nada de cuanto pueda contribuir a la salud de sus hijos. Pero si hubiese creído realmente en el poder de Jesucristo, no hubiese dejado de ir a Judea.

49-50. Porque allí estaba la fe bien asegurada y, por lo tanto, ofreció ir para que conozcamos la piedad de aquel hombre; mas éste aun era imperfecto y, por lo tanto, aún no conocía claramente que podría curarle estando lejos; pero como Jesús no fue, añade esto. Prosigue: “Creyó el hombre a la palabra que le dijo Jesús y se fue”. Sin embargo, no se iba muy contento ni tranquilo.

51-53. Los que le salieron al encuentro no vinieron sólo para anunciarle, sino porque creyeron que ya era inútil la presencia de Jesucristo, quien esperaban que vendría. Y que el cortesano no había creído perfectamente ni de buena fe, se conoce de un modo terminante por lo que sigue: “Y les preguntó la hora en que había comenzado a mejorar”. Por lo tanto, quería saber si esta mejoría se debía a la casualidad o al precepto de Jesucristo. Sigue: “Y le dijeron: ayer, a las siete, le dejó la fiebre” [1]. Véase aquí cómo se demuestra el milagro, porque no de una manera sencilla, ni como sucede con el que se libra del peligro, sino que de repente y a un mismo tiempo. Para que se vea que lo sucedido no era efecto de la naturaleza, sino del poder de Jesucristo. Por esto sigue: “Conoció, pues, el padre, que era la misma hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive, y creyó él y toda su casa”.

54. “Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.” Y no añadió esto sin falta de misterio, sino dando a entender que, habiendo hecho este segundo milagro, todavía no habían llegado los judíos a la altura de los samaritanos, que no habían visto ninguna señal.


Notas

[1] A la hora séptima, es decir a la 1 de la tarde.

Orígenes, In Ioannem

44. “Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.” Debemos examinar el sentido de estas palabras. Es verdad que la patria de los profetas era Judea. Y es bien sabido que nunca fueron honrados por los judíos, en virtud de lo que dice el Señor por medio de San Mateo: “¿A cuál de los profetas no han perseguido vuestros padres?” (Mt 23,31). Es admirable también la verdad de estas palabras, porque se referían no sólo a los profetas santos, menospreciados por los suyos y al mismo Señor nuestro; sino que se extendía también a otros que habían seguido ciertas doctrinas filosóficas, que habían sido despreciados por sus conciudadanos y conducidos a la muerte (tom., 17).

45. “Los galileos le hicieron un buen recibimiento…” Como Jesús arrojó del templo a los que vendían ovejas y bueyes, le guardaron tanta consideración que los galileos le recibieron por este motivo, respetando y adorando su majestad. Y la verdad que no aparecía menor su poder en esta ocasión que cuando daba vista a los ciegos y oído a los sordos. Pero yo creo que no hizo entonces esto solamente, sino que hizo otros milagros (tom., 17).

Conviene, por tanto, que Galilea (esto es, “la que emigra”) acuda a las fiestas de Jerusalén, adonde se encuentra el templo del Señor, y que vea allí todos los milagros que hace Jesucristo. Pues ésta es la razón por la que los galileos reciben al Hijo de Dios cuando viene hacia ellos. De otro modo no lo hubiesen recibido, o El no hubiese venido cuando ellos preparaban su recepción (tom., 14).

46b. “Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.” Pensará acaso alguno que ese cortesano era uno de los generales de Herodes, o alguno de los de la familia del César que ejerciera por aquel tiempo un cargo en Judea; porque no se dice que fuera judío (tom., 14).

51. Se manifestó desde luego su alta posición y su cargo, porque salieron los criados a encontrarle. Por esto sigue: “Y cuando se volvía, salieron a él sus criados”, etc (tom., 14).

54. “Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.” Esta frase encierra una anfibología [1], porque en primer término manifiesta que, cuando Jesús venía de Judea a Galilea hizo dos milagros, de los cuales el segundo fue el del hijo del cortesano. Y por otra parte, existiendo dos milagros que Jesús hizo en Galilea, hizo el segundo viniendo de Judea a Galilea, y éste es el verdadero sentido.

En sentido místico puede decirse como Jesús vino a Galilea dos veces, manifestando en ello las dos venidas del Salvador al mundo: la primera, llena de misericordia, como sucedió con el milagro del vino, para alegrar a los convidados; y la segunda, resucitando al hijo del cortesano, que ya estaba casi muerto, o lo que es lo mismo, al pueblo judío, el cual, después que hayan entrado todos los gentiles, vendrá a salvarse cuando el mundo esté próximo a su fin. Grande es el Rey de los reyes, que ha sido constituido por Dios en la cumbre de su monte santo de Sión (Sal 2). Y los que vieron el día de Este y se alegraron son reconocidos como los de la corte (Jn 8). Y nosotros creemos que el cortesano representaba a Abraham; que su hijo enfermo era la imagen del pueblo de Israel, debilitado respecto del culto divino, pero que se calentó tanto, quemadas las espigas de su enemigo, y que, por ello, se cree que empezó a enfervorizarse. Y también aparece que, estando los santos por delante después que dejaron el vestido de la carne, salvaron a su pueblo. Por esto se lee en el libro de los Macabeos, después de la muerte de Jeremías: “Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ruega mucho por el pueblo” (Mac 15,14). Luego, Abraham ruega que el pueblo enfermo sea favorecido por el Salvador. Y en verdad que la palabra del poder nació de Caná, en donde se dijo: “Tu hijo vive”; pero la realización de la palabra tuvo lugar en Cafarnaúm, porque allí fue donde el hijo del cortesano se curó, como si viviese en el campo del consuelo. Esto representa a cierto género de hombres débiles, no del todo privados, sin embargo, de acciones buenas. Y aquellas palabras: “si no veis milagros y prodigios no creéis”, se le dijo a aquél, que se refieren a muchos de sus hijos, y a él mismo en cierto modo. Y así como San Juan esperaba que se realizase la señal que se le había dado, a saber: “Sobre aquél en que vieres que baja el Espíritu Santo” (Jn 1,33), así los santos que ya habían muerto, esperaban que se daría a conocer la venida de Jesucristo en nuestra carne mortal por medio de milagros y de prodigios. Mas este cortesano tenía, no sólo aquel hijo, sino también criados, por medio de los que se significa cierta clase de personas que creen poco y con poca firmeza. Y no dejó la fiebre al hijo en la hora séptima por una casualidad, sino que este número siete representa el día del descanso [2] (tom., 18).

54. “Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.” También pueden representar [3] las dos venidas de Jesucristo al alma. La primera, cuando hizo el vino del agua, dando esta alegría al alma del convite espiritual. Y la segunda, cuando destruya todas las consecuencias de las tristezas y de la muerte (tom., 18).


Notas

[1] Una anfibología es un error lógico que se produce cuando se argumenta a partir de premisas ambiguas debido a su estructura gramatical, como es el caso de las dos interpretaciones posibles de Jn 4, 54.

[2] La hora séptima, es decir a la 1 de la tarde.

[3] Las dos visitas a Caná.

Teofilacto

Resumen. Mas el cortesano es todo hombre, no sólo porque se acerca al Rey de todas las cosas, en cuanto al alma, sino porque él tiene el dominio de todo, cuyo hijo (esto es, la mente) tiene fiebre por todas las malas pasiones y deseos. Y se acerca a Jesús rogándole que baje, esto es, que use de la condescendencia de su misericordia y perdone los pecados, antes que sea muerto por la debilidad de sus pasiones. Pero el Señor le dice: “Ve”, esto es: “manifiesta tu marcha continua en dirección del bien, porque entonces tu hijo vivirá; pero si cesas de andar, te mortificará tu conciencia acerca de la ejecución del bien”.

43-44. El Señor salió de Samaria y vino a Galilea. Para que no hubiese quien dudase y preguntase por qué causa no había estado siempre en Galilea, dice que porque no había recibido allí honor alguno, lo cual atestigua el mismo Salvador cuando dice: “Que ningún profeta es honrado en su patria”.

46a. “Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.” Nos recuerda el evangelista el milagro realizado en Caná de Galilea, del agua convertida en vino, para dar más fuerza a la predicación de Cristo. Porque los galileos recibieron a Jesús, no sólo por los milagros hechos en Jerusalén, sino también por los llevados a cabo entre ellos, aduciendo al mismo tiempo la razón de que en El hubiese creído, sin conocer la dignidad de que Jesús estaba revestido, un cortesano. De donde prosigue: “Y había allí un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm”.

Alcuino

43. Después de dos días que estuvo en Samaria, se marchó a Galilea, en donde se había criado. Por esto dice: “Y dos días después”, etc.

54. “Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.” También puede decirse que, por medio de los siete dones del Espíritu Santo se concede el perdón de los pecados. Y el número siete, partido en tres y en cuatro, significa la Santísima Trinidad y las cuatro estaciones del año, o las cuatro partes del mundo, los cuatro elementos.

Beda

45b. “Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta…” Y de dónde tomaron ocasión para ver todo aquello, lo manifiesta cuando dice: “Pues ellos también habían asistido a la fiesta”. En sentido espiritual puede decirse que, una vez confirmados los gentiles en la fe por medio de los dos preceptos de la caridad, Jesucristo volverá a su patria, cerca del fin del mundo, esto es, a los judíos.

52-53. En esto se da a conocer que hay grados en la fe como en las demás virtudes, en las cuales hay principio, desarrollo y perfección. El principio de la fe de éste estuvo cuando pidió la salud de su hijo; su incremento, cuando creyó en la palabra del Salvador, que le dijo: “Tu hijo vive”; y obtuvo la perfección cuando se lo anunciaron sus criados.

San Gregorio, In Evang. hom., 28

48. “Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis.»” Pero acordaos también de lo que pide, y conoceréis claramente que dudó acerca de la fe. Porque pidió que bajase a sanar a su hijo. Por esto sigue: “Le dice el Cortesano: Señor, ven antes que muera mi hijo”. Por lo tanto, no había creído en El, porque no creyó que podría darle la salud si no estaba presente de una manera material.

50. Pero como el Señor es rogado para que vaya, nos indica que no asiente a la invitación, y con sólo mandarlo, le devuelve la salud El que creó todas las cosas por su propia voluntad. Por esto sigue: “Y Jesús le dijo: ve, que tu hijo vive”. Aquí se reprende nuestra soberbia; porque en tanto precio tenemos los honores y las riquezas los que cuidamos poco de nuestra verdadera naturaleza (en virtud de la cual hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios). Mas nuestro Redentor, para manifestar que las cosas más apreciables entre los hombres son despreciadas por los santos, no quiso ir a casa del hijo del Cortesano, siendo así que estaba dispuesto a ir a casa del siervo del centurión.

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