Jn 16, 16-20 – Despedida: No entendían lo que decía

Texto Bíblico

16 Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver». 17 Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?». 18 Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice». 19 Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver”? 20 En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Agustín de Hipona

Sobre el Evangelio de san Juan: Lo que ellos no entendieron es manifiesto para nosotros

«Dentro de poco no me veréis, dentro de otro poco volveréis a verme» (Jn 16,16)
nn. 1-2


Ahora entendemos mejor las palabras de Jesús

1. Antes que se hubiera cumplido eso que dice, estas palabras del Señor donde asevera: «Un poco y ya no me veréis y de nuevo un poco y me veréis, porque voy al Padre»(Jn 16,16), para los discípulos eran tan oscuras que, al preguntar entre sí qué significaba lo que decía, confesaron que ellos lo desconocían absolutamente. En efecto, el evangelio sigue: Dijeron, pues, mutuamente de entre sus discípulos: «¿Qué significa esto que nos dice: «Un poco y no me veréis y de nuevo un poco y me veréis» y«porque voy al Padre»?». Decían, pues: «¿Qué significa esto que dice, «un poco»? Desconocemos de qué habla»(Jn 16,17-18). En efecto, lo que los turbaba es esto: que dijo: «Un poco y no me veréis y de nuevo un poco y me veréis». Porque en lo precedente no había dicho «un poco», sino que había dicho «Voy al Padre y ya no me veréis»(Jn 16,10), ciertamente les pareció que hablaba cual claramente y sobre esto nada preguntaron entre sí. Ahora, pues, lo que para ellos fue entonces oscuro y se manifestó muy pronto, para nosotros es ya manifiesto, evidentemente, ya que tras un poquito padeció y no le vieron, de nuevo tras un poquito resucitó y le vieron. Por otra parte, cómo ha de comprenderse lo que asevera: «Ya no me veréis», lo expuse allí donde dijo: «el Espíritu Santo acusará al mundo respecto a justicia, porque voy al Padre y ya no me veréis»(Cf Tr. 95), o sea, que en adelante no verían mortal a Cristo: que quiso que con ese vocablo, esto es, ya, se entendiera esto, que no le verían más.

Tristeza de los discípulos y alegría del mundo

2. Por su parte, Jesús, como el evangelista dice al seguir, conoció que querían interrogarle y les dijo: «Acerca de eso preguntáis entre vosotros, porque dije: «Un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis». En verdad, en verdad os digo que os lamentaréis y lloraréis vosotros; el mundo, en cambio, gozará; vosotros, en cambio, os contristaréis, pero vuestra tristeza será para gozo»(Jn 16,19-20). A propósito, esto puede comprenderse así: que los discípulos se contristaron por la muerte del Señor y al instante se alegraron de su resurrección; en cambio, el mundo, nombre con que se ha aludido a los enemigos por los que Cristo fue asesinado, asesinado Cristo se alegraron, evidentemente justo cuando los discípulos se contristaron. Sin duda, con el nombre de mundo puede entenderse la malicia de este mundo, esto es, de los hombres amigos de este mundo. Por ende, dice en su carta el apóstol Santiago «Cualquiera que quisiere ser amigo de este siglo, se constituye en enemigo de Dios»(St 4,4), enemistades de Dios en virtud de las cuales sucedió que ni siquiera a su Unigénito se le tuviera miramiento.

Teresa Benedicta de la Cruz [Edith Stein]

Obras Completas: El Señor no promete un simple consuelo

«Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo» (Jn 16,20)
Cuadernos de Notas personales, Ejercicios 1937, pp. 846-847


El Salvador dice a los discípulos que el se va por un tiempo, que ellos se entristecerán y que el mundo se alegrará. Pero esto es bueno para ellos. Su apego humano a la persona de Jesús era demasiado grande, él tenía que separarse de ellos para que pudieran recibir interiormente su Espíritu.

Así, también, es bueno para nosotros, si se nos quita el consuelo humano, el apoyo por medio de un representante humano, y hasta si se nos quitan siempre consuelos para que se reciban acciones espirituales más profundas. Podemos entristecernos de la ausencia del Señor y de que el «modicum» se nos haga largo, pero debemos estar seguros de que él no nos deja solos.

Francisco de Sales

Carta (17-06-1606): Nada hay que temer mientras Él nos tenga de su mano

«Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Jn 16,20)
A la Baronesa de Chantal


Querida hija: Poseo vuestra carta del 6 de junio, y dentro de breves momentos montaré a caballo para la visita que durará unos cinco meses. Pensad si estaré dispuesto a ir a Borgoña, pues, querida hija, esta acción de la visita me es necesaria y es de las principales de mi cargo. La emprendo con gran ánimo, y desde esta mañana experimento un consuelo especial en emprenderla, aunque antes, durante varios días, haya tenido por ello mil vanas aprensiones y tristezas, las cuales, sin embargo, no llegaban más que a la epidermis de mi corazón y no al interior: eran como esos estremecimientos que acompañan a la primera impresión de algo frío. Pero, como os he dicho muchas veces, nuestro amoroso Dios me trata como a un tierno niño, pues no me expone a rudas sacudidas; conoce mi enfermedad y sabe que no estoy para soportar grandes agitaciones. Os cuento aquí mis pequeñas cuitas porque ello me hace mucho bien.

Me complace el que soportéis con resignación las fiebres tercianas. Tengo para mí que si tuviéramos el olfato un poco afinado, percibiríamos las aflicciones como perfumadas de mil buenos olores; pues aunque de sí mismas sean de olor desagradable, no obstante, por salir de la mano, o más bien, del seno y del corazón del Esposo, que en sí mismo es todo bálsamo y perfume, nos llegan de igual modo llenas de toda suavidad.

Mostrad, hija mía, mostrad vuestro corazón alegre ante Dios; vayamos siempre con júbilo ante su presencia; El nos ama, nos quiere; este dulce Jesús es todo nuestro; seamos del todo suyos solamente, amémosle, querámosle, y que las tinieblas, que las tempestades nos rodeen, que nos lleguen al cuello las aguas de la amargura, mientras El nos tenga de su mano, nada hay que temer.

Os escribiré a menudo, querida hija mía, y mil veces os bendeciré con las bendiciones que me ha confiado Dios. Vivid alegre, ya sana o ya enferma, y apretad bien firme a vuestro Esposo contra vuestro corazón, querida hija, mi muy querida hija, de quien soy lo que su divina Majestad quiere que sea y que no puede explicarse con palabras. ¡Viva para siempre Jesús! Amén.




Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

Tiempo de Pascua: Jueves VI



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