Lc 2, 15-20: Visita de los pastores

Texto Bíblico

15 Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado».
16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)


Homilías, comentarios, meditaciones desde la Tradición de la Iglesia

San Francisco de Sales, obispo

Sermón: Misterio de visitación.

Sermón de la víspera de Navidad de 1613. IX, 11.

«Encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16).

¿Qué otra cosa nos queda por decir sino que el misterio de la Natividad del Señor es un misterio de visitación?

Así como la Santísima Virgen fue a visitar a su prima Santa Isabel, así nosotros, durante esta octava, tenemos que ir a menudo a visitar al divino Angelito, acostado en el pesebre; y allí aprenderemos, de este soberano Pastor de pastores, a conducir, gobernar y cuidar nuestros rebaños para que sean agradables a su bondad.

Los pastores seguro que no fueron sin llevarle algún corderito, y nosotros tampoco debemos ir con las manos vacías, sino llevándole algo. Decidme: ¿qué podremos llevar al Pastor divino que le sea más agradable que el corderito de nuestro amor, que es la mejor parte de nuestro rebaño espiritual, puesto que el amor es la primera pasión del alma?

¡Con cuánto gusto recibirá nuestro presente, y con cuánto consuelo lo recibirá la Santísima Virgen, pues tanto desea nuestro bien! El Niño divino nos mirará, sin duda, con sus ojitos dulces y graciosos en recompensa por nuestro regalo, y para demostrarnos con cuánto gusto lo ha recibido.

¡Qué felices seremos si visitamos al amado Salvador de nuestras almas! Recibiremos unos consuelos sin igual y así como el maná tenía para cada uno el sabor que deseaba, también cada uno puede encontrar su consuelo al visitar a este Bebé tan amable.

Los pastores le visitaron y experimentaron una viva alegría; al volver iban cantando las alabanzas de Dios y anunciando, a cuantos se encontraban, lo que habían visto. Pero San José y la Virgen tuvieron consolaciones indeciblemente mayores, pues ellos le atendían y permanecían en su presencia para servirle lo mejor que podían.

Lo mismo los que partieron que los que se quedaron, todos recibieron consuelos, pero no todos por igual, sino cada uno según su capacidad.

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