Lc 5, 27-32: Vocación de Leví y comida con pecadores

Texto Bíblico

27 Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». 28 Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. 29 Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. 30 Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». 31 Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Cirilo de Jerusalén

Catequesis Bautismales: La cuaresma conduce al bautismo

«Dejándolo todo, se levantó y le siguió» (Lc 5,28)
1


Sois ya discípulos de la nueva Alianza y partícipes de los misterios de Cristo, ahora por vocación, pero dentro de poco también como un don: haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ez 18,31) para que se alegren los moradores del cielo. Pues si, como dice el evangelio, «habrá alegría por un solo pecador que se convierte» ( Lc 15,7), ¿cuánto más no moverá a la alegría a los habitantes del cielo la salvación de tantas almas?

Habiendo entrado por un camino ancho y hermoso, recorred cautelosamente la senda de la piedad. Pues el unigénito Hijo de Dios está plenamente dispuesto para vuestra redención y señala: «Venid todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré» (Mt 11,28). Los que lleváis el pernicioso vestido de vuestras ofensas y estáis oprimidos por las cadenas de vuestros pecados, escuchad la voz del profeta que dice: «Lavaos, purificaos, quitad de delante de mis ojos las maldades de vuestra alma»( Is 1,16), de modo que os aclame el coro de los ángeles: «Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado»( Sal. 31,1). Los que habéis encendido hace poco por primera vez las lámparas de la fe, sostenedlas en las manos sin que se apaguen, para que aquel que en otro tiempo abrió por la fe el paraíso al ladrón en este santísimo monte del Gólgota (Lc 23,43) os conceda también a vosotros cantar el cántico nupcial.

Si alguno es ahora esclavo del pecado, prepárese mediante la fe para la regeneración liberadora de la adopción filial. Y abandonada la funesta servidumbre de los pecados, una vez dedicado al dulce servicio del Señor, será juzgado digno de disfrutar la herencia del reino celestial. Desvestíos por medio de la confesión del hombre viejo, que se corrompe por las concupiscencias del error, para revestiros del hombre nuevo, que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó. Recibid por la fe las arras del Espíritu (2Co 5,5) para que podáis ser recibidos en las moradas eternas. Acercaos (a recibir) el sello espiritual para que podáis ser reconocidos favorablemente por vuestro dueño.

Francisco de Sales

Sermón: La cuaresma conduce al bautismo

«Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu... Y después de ayunar cuarenta días, sintió hambre» (Mt 4, 1-2)
para el Miércoles de ceniza, 9-2-1622. X, 185


Esto es lo que tengo que deciros sobre el ayuno y lo que hay que observar para hacerlo bien.

Lo primero es que vuestro ayuno ha de ser total y general, es decir, que hagáis ayunar a todos los miembros de vuestro cuerpo y todas las potencias de vuestra alma: llevando la vista baja, o al menos más que de ordinario; guardando más silencio, por lo menos más puntualmente que de costumbre; mortificando el oído y la lengua para no oír ni decir nada vano e inútil.

El entendimiento para no considerar sino cosas (que os lleven a devoción); la memoria, llenándola del recuerdo (de lo que nuestro Señor ha sufrido por vos); en fin, sujetando vuestra propia voluntad y vuestro espíritu propio. Si hacéis esto, vuestro ayuno será completo, interior y exterior, pues mortificaréis el cuerpo y el espíritu.

La segunda condición es que ni vuestro ayuno ni vuestras obras las hagáis para que las vean los hombres... ¡Cuántos hipócritas ponen caras tristes y no estiman como santos sino a los que están flacos. Qué locura! Como si la santidad consistiese en la delgadez. Pues Santo Tomás de Aquino no era delgado sino muy gordo... y era santo. Y otros muchos que no eran delgados, eran muy austeros y excelentes servidores de Dios.

Pero el mundo, que no mira sino lo externo, no tiene por santos sino a los pálidos y enflaquecidos. Ahí veis lo que es el espíritu humano: no considera más que las apariencias y todas sus obras las hace para aparecer ante los hombres; nuestro Señor no lo hace así, haced vuestro ayuno en secreto, para los ojos de vuestro Padre Celestial.

Y esta es la tercera condición, a saber, mirar a Dios y hacerlo todo para agradarle... Haced, hija mía, todas vuestras acciones y, por tanto, vuestro ayuno para complacer sólo a Dios, a quien sea el honor y la gloria por todos los siglos. Amén.

Rafael Arnáiz Barón

Escritos Espirituales (15-12-1936): Seguirle es ser libre

«Abandonándolo todo, se levantó y lo siguió» (Lc 5,28)


Por encima del Monasterio pasan volando algunos días, aviones que surcan el cielo con velocidades prodigiosas. El ruido de sus motores atemoriza a los pajarillos que anidan en los cipreses de nuestro cementerio. Enfrente del convento y atravesando la finca, existe una alquitranada carretera por la que circulan a todas horas camiones y coches de turismo, para los cuales la vista del monasterio no ofrece ningún interés. También atraviesa los campos de la Trapa, una de las principales vías férreas de España... Todo eso, dicen que es libertad... Más el hombre que medite un poco, verá cuán engañado está el mundo en medio de eso que él llama libertad...

¿Dónde está pues la libertad? Está en el corazón del hombre que no ama más que a Dios. Está en el hombre cuya alma, ni está apegada al espíritu ni a la materia, sino sólo a Dios. Está en esa alma, que no se supedita al «yo» egoísta, en esa alma que vuela por encima de sus propios pensamientos, de sus propios sentimientos, de su propio sufrir y gozar. La libertad está en esa alma cuya única razón de existir es Dios, cuya vida es Dios y nada más que Dios. El espíritu humano es pequeño, es reducido, está sujeto a mil variaciones, altas y bajas, depresiones, decepciones, etc... y el cuerpo... ¡con tanta flaqueza!

La libertad está, pues, en Dios y el alma que de verás saltando por encima de todo, asiente en Él su vida, se puede decir que goza de libertad dentro de lo que cabe, para el que aún está en el mundo.

Richard Rolle

El Canto del amor: Se entregó por amor a nosotros

«He venido a llamar a los pecadores, para que se conviertan» (Lc 5,32)


Cristo crucificado llama a grandes voces. Colgado en el tormento, ofrece la paz. Se dirige a ti con deseos de verte abrasado en el amor…: ¡Considera esto, querido! Yo, el Creador sin límites, he desposado la carne para ser capaz de nacer de mujer. Yo, Dios, me he presentado a los pobres como su compañero. He elegido una madre humilde. He comido con los publicanos. Los pecadores no me han inspirado aversión. He soportado a los perseguidores. He padecido flagelación y «me he humillado hasta la muerte en la cruz» (Flp 2,8). «¿Qué he debido hacer que no haya hecho?» (Is 5,4). He abierto mi costado a la lanza. He dejado traspasar mis manos y mis pies. ¿Por qué no miras mi cuerpo ensangrentado? ¿Cómo no prestas atención a mi cabeza inclinada? (Jn 19,30). He pasado por ser un condenado cualquiera, y ahora, hundido en el sufrimiento, muero por ti, para que tú vivas por mí. Si te tienes en poco, si no tratas de desembarazarte de las redes de la muerte, arrepiéntete por lo menos ahora, por respeto a mí que he vertido el bálsamo precioso de mi propia sangre. Mírame a punto de morir, y detente en la pendiente del pecado. Sí, deja de pecar: ¡me has costado tanto!

Por ti me he encarnado, por ti también he nacido, por ti fui circuncidado, bautizado, saciado de oprobios, preso, maniatado, cubierto de salivazos, mofado, azotado, herido, clavado en la cruz, inmolado por ti. Mi costado está abierto y mi corazón atravesado. Acércate, rodea mi cuello: te ofrezco mi beso. Te he adquirido como lo que me toca en herencia, de suerte que no seas poseído por nadie más. Entrégate totalmente a mí que me entregué totalmente por ti.




Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

Tiempo de Cuaresma: Sábado después de Ceniza



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