Lc 14, 12-14: Elección de invitados

El Texto (Lc 14,12-14)

12 Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14  y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»

Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos

Teofilacto

12-13. El convite se compone de dos clases de personas, esto es, de los que convidan y de los convidados. A los convidados ya les había aconsejado que fuesen humildes. Ahora premia al que convida, aconsejándole que no lo haga por agradar a los hombres. Por esto añade: «Dijo también al que le había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.”»

Crisóstomo, in epist. ad Colos

12. Hay muchas razones por las que se forman los vínculos de la amistad. Pasando en silencio las ilícitas, hablaremos sólo de las naturales y las morales. Las naturales son la de un padre con su hijo, la de un hermano con su hermano y otras semejantes, lo cual significa cuando dice: «Ni a tus hermanos, ni a tus parientes…» Y morales son las de los que se encuentran en un convite o son vecinos y respecto de éstas dice: «Ni a tus vecinos ricos…» (homil.14).

13-14. Por tanto, no hagamos beneficios a otros en la confianza de que nos lo paguen, porque esta intención es fría y de aquí viene que tal amistad se desvanezca pronto. Pero si convidas al pobre, tendrás por deudor a Dios, que nunca olvida. Por esto sigue: «Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos…» Cuanto más pequeño es tu hermano, tanto más se aproxima Cristo y visita por él. Porque quien recibe a un grande lo hace muchas veces por vanagloria y por otros fines y se busca en muchas ocasiones la ventaja de ser promovido por él. Yo podría hacer mención de muchos que tratan a muy ilustres senadores para obtener por medio de ellos gracias extraordinarias y elevados puestos. No busquemos, pues, a los que pueden pagarnos los convites. Por esto sigue: «Y serás dichoso, porque no te pueden corresponder…» No nos turbemos, por tanto, cuando no recibamos el pago de nuestros beneficios, sino cuando lo recibamos; porque si lo recibimos aquí, nada recibiremos allí; pero si los hombres no nos pagan, Dios nos lo pagará. Por esto añade: «Pues se te recompensará en la resurrección de los justos.» (homil.1).

Pero dirás: el pobre está sucio y lleno de inmundicias, lávale y haz que se siente contigo a la mesa. Y si lleva vestidos sucios, dale un vestido limpio. Es Jesucristo quien viene por él y tú te ocupas de cosas frívolas (homil.1)..

Convendría también recibirlos en la terraza que hay arriba en vuestras casas; y si no os agrada, al menos recibid a Cristo en la parte baja de ella, en donde están los criados y los animales. Que el pobre se quede siquiera a la puerta. Donde se da limosna no se atreve a penetrar el diablo, y si no quieres que se sienten contigo, al menos mándales algo de tu mesa (homil.1)..

Beda

12. No prohíbe como un delito que se convide a los hermanos, a los amigos y a los ricos, pero manifiesta que, como los otros comercios de la necesidad humana, de nada nos aprovecha para obtener la salvación. Por esto añade: «No sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.”». No dice que se pecará. Y esto se parece a lo que dice en otro lugar (Lc 6,36): “¿Y si hacéis beneficios a los que os los hacen, en qué consistirán vuestros méritos?” Hay también ciertos convites de hermanos y de vecinos, que no sólo no producen beneficio en la presente vida, sino que exponen a la condenación en la otra. Aquellos, por ejemplo, que se celebran contribuyendo todos a los gastos, o que paga cada cual con otro convite y en los cuales se conviene en hacer algo malo, excitándose muchas veces las pasiones por el exceso en la bebida.

14. «Y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.» Y aun cuando todos resucitan, se llama, sin embargo, resurrección de los justos, porque no dudan que serán bienaventurados en esta resurrección. Por tanto, los que convidan a los pobres recibirán el premio en la otra vida, pero los que convidan a los amigos, a los hermanos y a los ricos ya reciben aquí su premio. Mas cuando se hace esto por Dios, a imitación de los hijos de Job, como los otros deberes del amor fraternal, el mismo que lo manda recompensa.

San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr

13. No menosprecies a los caídos como indignos de todo. Piensa lo que son y encontrarás su gran mérito. Son imagen del Salvador, herederos de los bienes celestiales, tienen las llaves del reino de la gloria, son acusadores y defensores idóneos, que no hablan, pero que son examinados por el juez.

Orígenes, vel Geometer, in Cat. graec. Patr

13. En sentido espiritual, el que evita la vanagloria llama a los pobres a un convite espiritual (esto es, a los ignorantes) para enriquecerlos. A los débiles (o a los que tengan la conciencia dañada) para curarlos. A los cojos (o a los que se apartan de la recta razón) para que enderecen sus caminos. A los ciegos (esto es, a los que carecen de la contemplación de la verdad) para que vean la verdadera luz. Y respecto a lo que dice: «Porque no te pueden corresponder», se entiende que no supieron qué responder.


Homilías, comentarios, meditaciones desde la Tradición de la Iglesia

San Gregorio Nacianceno

Sermones: Ayudar a los que necesitan

Sermón sobre el amor a los pobres, PG 35, 858

Dios, emocionado por el gran desamparo del hombre, le dio la Ley y los profetas, después de haberle dado la ley no escrita de la naturaleza (cf Rm 1,26); finalmente, él mismo se entregó para la vida del mundo. Nos entregó a los apóstoles, evangelistas, doctores, pastores, curaciones, prodigios. Nos devolvió a la vida, destruyó a la muerte, triunfó sobre el que nos había vencido, nos dio la Alianza prefigurativa, la Alianza de verdad, los carismas del Espíritu Santo, el misterio de la salvación nueva…

Dios nos colma de bienes espirituales, si queremos recibirlos: no vaciles en ayudar a los que lo necesitan. Da sobre todo al que te pide, y hasta antes de que te pida, dando incansablemente limosna de la doctrina espiritual… A falta de estos dones, proponle por lo menos servicios más modestos: dale de comer, ofrécele viejos vestidos, abastécele de medicinas, venda sus heridas, pregúntale por sus dificultades, enséñale la paciencia. Acércate sin temor. Ningún peligro te hará daño ni te contagiarás de sus enfermedades… Apóyate en la fe; que la caridad triunfe ante tus reticencias… No engañes a tus hermanos, no permanezcas sordo a sus llamadas, no los evites. Sois miembros de un mismo cuerpo (1Co 12,12s), aunque esté quebrantado por la maldad; igual que a Dios, “a ti se encomienda el pobre” (Sal. 9,35 Vulg).

Santa Teresa del Niño Jesús

Manuscrito autobiográfico: amar a los menos amables

C. 28 r°-v°

He observado (y es muy natural) que las hermanas más santas son también las más queridas. Se busca su conversación, se les hacen favores sin que los pidan… Por el contrario, a las almas imperfectas no se las busca; se las trata, ciertamente, conforme a las reglas de la educación religiosa; pero, por miedo a decirles alguna palabra menos delicada, se evita su compañía…

Y ésta es la conclusión que yo saco: en la recreación y en la licencia, debo buscar la compañía de las hermanas que peor me caen y desempeñar con esas almas heridas el oficio de buen samaritano.

Una palabra, una sonrisa amable, bastan muchas veces para alegrar a un alma triste. Pero no quiero en modo alguno practicar la caridad con este fin, pues sé muy bien que pronto cedería al desaliento: una palabra dicha con la mejor intención puede ser interpretada completamente al revés.

Por eso, para no perder el tiempo, quiero ser amable con todas (y especialmente con las hermanas menos amables) por agradar a Jesús y seguir el consejo que él da en el Evangelio, poco más o menos en estos términos: “Cuando des un banquete, no invites a tus parientes ni a tus amigos, porque corresponderán invitándote y así quedarás pagado. Invita a pobres, cojos, paralíticos; dichoso tú, porque no pueden pagarte: tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará”. ¿Y qué banquete puede ofrecer una carmelita a sus hermanas sino un banquete espiritual compuesto de caridad atenta y gozosa?

Yo no conozco ningún otro, y quiero imitar a san Pablo, que se alegraba con los que estaban alegres. Es cierto que también lloraba con los tristes, y que las lágrimas han de aparecer también algunas veces en el banquete que yo quiero servir; pero siempre intentaré que al final esas lágrimas se conviertan en alegría, pues el Señor ama a los que dan con alegría.

San Bruno de Segni

Comentarios: una boda que se celebra cada día

Sobre el evangelio de Lucas, n. 1,14: PL 165, 406-407

El Señor fue invitado a un banquete de boda. Observando a los invitados… les contó esta parábola, que incluso tomada en su sentido literal, es muy útil y necesaria a todos los que desean ser tenidos en consideración por los demás o tienen miedo de ser tenidos en poco…

Pero, como esta historia es una parábola, encierra en si un significado que rebasa su sentido literal. Miremos, pues, de qué boda se trata y quiénes son los invitados a la boda. Esta boda se realiza cada día en la Iglesia. Cada día el Señor celebra sus bodas, porque cada día él se une a las almas fieles en su bautismo o en su traspaso de este mundo al reino de los cielos. Y nosotros, los que hemos recibido la fe en Jesucristo y el sello del bautismo, estamos invitados a sus bodas. Una mes está preparada para nosotros, de la cual dice la Escritura: “Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos.” (Sal 22,5) Encontramos en la mesa los panes de la propiciación, el ternero cebado, el Cordero que quita los pecados del mundo. En esta mesa se nos ofrece el pan vivo bajado del cielo y el cáliz de la Alianza Nueva. Aquí se nos presentan los evangelios y las cartas de los apóstoles, los libros de Moisés y de los profetas que son como manjares llenos de todas las delicias.

¿Qué más podríamos desear? ¿Por qué escogeríamos los primeros sitios? Sea cual fuera el sitio que ocupemos, tenemos de todo en abundancia y no nos falta nada.

Beato Charles de Foucauld

Retiros : Aprender la humildad

Tierra Santa, Cuaresma 1898

[Cristo:] Ved [mi] servicio y entrega a los hombres, y examinad cual debe ser el vuestro. Fijaos en esta humildad para el bien del hombre, y aprended a abajaros para hacerle bien…, a haceros pequeños para ganar a los otros, a no temer el descender, a perder vuestros derechos cuando se trata de hacer el bien, a no creer que, por el hecho de abajaros, os es imposible hacer el bien. Al contrario, abajándoos, me imitáis; abajándoos, empleáis, por amor a los hombres, el medio que he usado yo mismo; abajándoos, camináis por mi camino, por consiguiente, en la verdad; y entonces se está en el mejor lugar para obtener la vida, y para darla a los demás… Por mi encarnación me pongo en la misma hilera de las criaturas, por el bautismo… en el rango de los pecadores: anonadamiento, humildad. Abajaos siempre, humillaos siempre.

Que los que son los primeros se consideren siempre, por humildad y disposición de espíritu, en el ultimo lugar, con sentimiento de abajamiento y de servicio. Amor a los hombres, humildad, último lugar, en último lugar mientras la voluntad divina no os llame a ocupar otro, porque entonces es preciso obedecer. La obediencia es antes que todo, es la conformidad con la voluntad de Dios. Si os encontráis en el primer lugar, sentíos en el último lugar, por humildad; ocupadlo con espíritu de servicio, diciéndoos a vosotros mismos que sólo lo ocupáis para servir a los otros y llevarlos a la salvación.

P. Stefano de Fiores

Conferencia: el don de sí

Simposio Teológico-Pastoral del XLVIII Congreso Eucarístico Internacional

Antropología del don
La encíclica Ecclesia de Eucharistia se inserta en el contexto programático del tercer milenio, el cual se preocupa “por el ‘ser’ más que por el ‘hacer’” (NMI 15), ya que presenta a María en la lógica del don de sí, del cual es cumbre la Eucaristía.

Ya de por sí cada ser humano, creado a imagen de Dios, refleja en sí la naturaleza de un ser relacionado con Dios uno y trino, de manera que “no puede encontrarse a sí mismo de una manera plena si no es a través de un “don sincero de sí” (GS 24). La experiencia nos hace ver cómo cada historia individual se integra constantemente en las “demás historias”, hasta hacer surgir nuevas asociaciones o unidades complejas. Sin embargo, paradójicamente estas unidades se constituyen mediante una actitud de acogida del otro, que llega a la plena disponibilidad y al don de sí.

La tendencia actual es la de superar la idea del don como un intercambio interesado que requiere una respuesta, así como constatamos en las costumbres de varias sociedades antiguas estudiadas por Marcel Gauss. Las situaciones humanas son más complejas y ofrecen ejemplos de un don verdaderamente gratuito y sin posibilidad de devolución. El mismo Aristóteles había observado la asimetría del don de la vida de parte del progenitor, de manera que todos los servicios que el hijo le brindará no son comparables con el don recibido. Jesús, además, rompe el círculo del trueque invitando a sus discípulos al don desinteresado, sin cálculos secretos para recibir una devolución o una recompensa:

“Tú en cambio, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. ¡Qué suerte para tí si ellos no pueden compensarte!” (Lc 14,13-14).

Tomás de Aquino fundamenta la posibilidad del don gratuito en el amor agápico que no exige ninguna compensación, ya que busca el bien del otro. Se puede concluir con J. Derrida y criticando a M. Gauss que se debe distinguir el don del intercambio, ya que el don en sí no es nunca un intercambio: es un donar sin reciprocidad y sin regreso, un movimiento absolutamente no circular y de pura abertura.

Exactamente en este contexto se inserta la Eucaristía, la cual exige una cultura del don de sí y nos ayuda a realizarlo. Jesús alcanza lo máximo del don de sí en su Pasión: se dio a sí mismo (Gal 1,4; 1Tm 2,6), dio su vida (Mc 10,45), dio su cuerpo (Mt 26,26). Es más, Él mismo es el don por excelencia que brota del amor del Padre: “Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo Único” (Jn 3,16). A su vez, Jesús ofrece muchos dones a los hombres: su Palabra (Jn 17,7.14), el Pan de Vida (Jn 6,35.51), la paz (Jn 14,27), a su Madre (Jn 19,26-27). En especial Él ofrece dos dones preciosísimos: “dona el Espíritu sin medida (Jn 3, 34) y “la vida eterna” (Jn 10,28). Según la encíclica Ecclesia de Eucharistia, la Eucaristía no es “un don entre muchos otros, aunque muy valioso, sino que es el don por excelencia, ya que es el don de sí” (EE 11).

Juan Pablo II se fundamenta sobre la convicción de que “no podemos olvidar a María” porque ella tiene “una relación profunda” con el Santísimo Sacramento (EE 53): el “binomio de María y la Eucaristía” es inseparable (EE 57). El Papa sigue una doble pista: la pista histórica y la pista litúrgica. En la primera, María sobresale como ejemplo antropológico de fe eucarística de mucho alcance; en la segunda, ella se convierte en una presencia viva dentro de la celebración litúrgica.

* Siglas: EE = Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia
* Conferencia completa aquí:
vatican.va

www.deiverbum.org [*]
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