Liturgia y año litúrgico

Nuestra vida está marcada por la semana de siete días y por los meses y los años. Cada semana la comenzamos el domingo y la terminamos el sábado. Cada año lo comenzamos el 1 de enero y lo terminamos el 31 de diciembre.

Así sucede también con la liturgia, pues tiene su “año”, como el año civil.

¿Qué es el año litúrgico?

El año litúrgico es un conjunto de tiempos y de fiestas, caracterizados por la memoria actualizada de los misterios de la vida de Cristo, al que se unen la conmemoración de la Virgen María y de los santos.

El centro de todo el año es Jesucristo, de Cristo parte la celebración y a Él vuelve. Él es la clave para entender la Historia de la Salvación, desde la creación del mundo, hasta la consumación de esa historia (Ef 4, 13). Cristo es el centro y el protagonista de todo el año litúrgico.

El cristiano entra en contacto con todos y cada uno de los misterios salvíficos de la vida de Jesucristo, especialmente de su Muerte y Resurrección a través del año litúrgico, no como un simple recuerdo, sino como actualización, aquí y ahora, de su Salvación.

El año litúrgico y el Misterio Pascual

1. El ciclo pascual, que incluye el Triduo Pascual, el tiempo de Pascua y el Tiempo de Cuaresma, que lo antecede. El Ciclo Pascual tiene como núcleo original la Vigilia Pascual. Se prolonga a lo largo de los 50 días que llegan hasta Pentecostés, que significa “50”, es decir, siete semanas de siete días. Como preparación, se va formando un período de 40 días, la Cuaresma (del latín “quadragesima” o cuarenta). Al mismo tiempo, la Vigilia Pascual, que a continuación dio origen al domingo de Ramos y, por consiguiente, a la Semana Santa.

2. El ciclo de Navidad. La fiesta de Navidad o Natividad, no nació sino hasta el siglo IV. De hecho, era una manera de recuperar las fiestas paganas del solsticio de invierno, ya que nada nos indica que Jesús nació un 25 de Diciembre. Lo mismo ocurrió con la epifanía o manifestación del Señor en Oriente, donde se celebraba el solsticio el 6 de Enero. Esta fiesta la conocemos como la fiesta de los santos reyes. Finalmente, la fiesta de la Presentación del Señor (la “Candelaria”), es una prolongación de las fiestas de Navidad, aunque generalmente se celebre en el Tiempo Ordinario, antes de Cuaresma.

Incluso en Navidad celebramos el Misterio Pascual

No perdamos de vista que la pascua semanal es el domingo, tanto si es el primer domingo, como el día de Epifanía o el domingo XXIII del Tiempo Ordinario. En todos celebramos siempre a Jesucristo, muerto y resucitado. Cristo Resucitado es el sol que ilumina todo el año litúrgico. Es él el que hace brillar, a lo largo del domingo y de las fiestas, cada una de las facetas de los misterios de la fe.

En la práctica esto tiene que ver mucho. Por ejemplo, pongamos el ejemplo de Navidad, tan popular entre nosotros, pero que, desafortunadamente, la gente piensa que es la fiesta más importante incluso más que la Pascua y que la Semana Santa. Una celebración que no “despegara” de la imagen del niño Jesús, no iría en el sentido de la fe, pero se vería gravemente mutilada si no se contemplara, al mismo tiempo, el destino del Hombre Dios, que adquiere toda su dimensión en el sacrificio pascual.

Por otra parte, si nos fijamos en los datos de la liturgia, no podemos mutilar el misterio de Navidad, ya que celebramos en ella la Eucaristía, que es la Pascua de Cristo. Podemos decir que el año litúrgico es una “anámnesis” perpetua. “Anámnesis” significa memoria, conmemoración, recuerdo. Todas las fiestas se celebran en las tres dimensiones del tiempo: ayer, hoy y mañana. Por ejemplo, Navidad: Cristo hace dos mil años, viene hoy a nosotros (por la Iglesia, por la conversión… ), volverá algún día…

A lo largo del año

No cabe aquí detallar cada una de las fiestas o de los tiempos litúrgicos. Nos conformaremos con subrayar lo esencial de cada uno.

¿Cuándo comienza y termina el año litúrgico?

El año litúrgico tiene una estructura que distribuye y articula las celebraciones de la comunidad cristiana, siguiendo unos períodos de tiempos variables, según su situación en el año o ligados a determinadas fechas del calendario, es decir propio del Tiempo y Santoral.

El año litúrgico consta de tres ciclos temporales: Pascua, Navidad y Tiempo Ordinario, y de un conjunto de solemnidades y de fiestas del Señor, de la Virgen María y de los Santos.

Evolución histórica del año litúrgico

En los comienzos, la liturgia cristiana sólo celebraba el domingo como memorial de la resurrección de Jesucristo, sin más denominaciones que la del día del Señor. Casi al mismo tiempo, surgió cada año un gran domingo como celebración anual de la Pascua, que se ampliaría al Triduo Pascual, con una prolongación de la fiesta durante cincuenta días. La Pascua fue el centro vital de la predicación, de la celebración y de la vida cristiana: el culto de la Iglesia nació dela Pascua y para celebrar la Pascua.

Durante los primeros siglos, por la exigencia de preparar a los bautizados para los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), y la incorporación de los penitentes a la comunión en la Iglesia en la mañana del Jueves Santo, se estableció un tiempo más extenso para prepararse a la Pascua, basado en los cuarenta días o años de la Biblia, llamado Cuaresma.

Constituido el ciclo pascual, se estructuró en el siglo IV el ciclo de Navidad. La ocasión fue la necesidad de apartar a los cristianos de las celebraciones paganas del sol invicto o invencible, que tenían lugar en el solsticio de invierno. Esta fiesta pagana inspiró a la Iglesia a celebrar el nacimiento y manifestación de Jesús, el verdadero Sol Invencible, y permitió afirmar así la auténtica fe en el misterio de la encarnación.

Al final del siglo IV, como el ciclo pascual tenía una larga preparación, también se introdujo una preparación para la celebración del nacimiento de Jesús, y surgió así el tiempo de Adviento.

A los dos ciclos, Pascua y Navidad, acompañaron otras celebraciones: el culto de los mártires y la veneración de la Santísima Virgen María. Posteriormente, se hizo también memoria de los confesores, de los maestros espirituales, obispos, monjes y otros cristianos, que encarnaron en su vida el misterio pascual de Jesucristo (SC 104-111).

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