El Tiempo de Adviento en la Liturgia de la Iglesia

Anunciación (detalle)


La palabra Adviento procede del latín adventus, y significa venida: la venida inminente de algo o alguien que está al llegar y que, además, esperamos ardientemente.

El Adviento es tiempo de espera, espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal. Es también tiempo de conversión,  conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este Tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 3, 2). Y es también tiempo de esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cf. Rom 8, 24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, que la promesa se convierta en posesión, la fe en visión y lleguemos a ser semejantes a Cristo, aquel que viene, porque le veremos tal cual es (cf. 1Jn 3, 2).

Por tanto, en el Adviento celebramos el misterio de la Venida del Señor en una actitud gozosa, hecha de vigilancia, espera y acogida. Nuestra vida se presenta, con asombro siempre nuevo, ante el misterio entrañable de un Dios que se ha hecho hombre. Es este un misterio que el Adviento prepara, la Navidad celebra y la Epifanía manifiesta.

La norma litúrgica vigente en la Iglesia establece que: 

El tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o el más próximo a este día, y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad. (NUALC, 40).

En este tiempo hay generalmente cuatro domingos que se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento (NUALC, 41).

Las ferias del 17 al 24 de diciembre inclusive tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad (NUALC, 42).

1. Historia y características del adviento

Sus orígenes son muy inciertos. Según algunos autores, parece que el Adviento en la liturgia romana se remonta al siglo IV, aunque algunos liturgistas consideran que esto es poco probable…. En otros lugares, como en España, parece que estaba unido a la preparación de los catecúmenos que habían de recibir el Bautismo en la solemnidad de la Epifanía. Alrededor del año 600 podemos encontrar exhortaciones de los predicadores galos a que los fieles se preparen a la Navidad igual como para la Pascua de Resurrección, es decir con una confesión. En el siglo V hallamos las oraciones preparatorias para la fiesta de Navidad en el Rótulus de Rávena, que, se cree estuvo inspirado en los escritos de San Pedro Crisólogo. 

Es dato cierto que en el siglo VI el Adviento tenía la misma estructura que conocemos hoy, con cuatro semanas antes de Navidad, aunque la cuarta es incompleta según los años. Los días del 17 al 24 se celebran con especialísima importancia; el día 17 comienzan en Vísperas, como antífonas para el Magníficat, las llamadas «antífonas mayores» o «antífonas ¡O!», pues todas comienzan por esa exclamación latina. 

Originalmente el color litúrgico que se utilizaba era negro pero desde el siglo XIV es el morado. El tercer domingo de Adviento, igual como el cuarto domingo de Cuaresma se viste de rosado, signo de alegría por la fiesta que se avecina. El derecho canónico antiguo prohibía la celebración solemne del matrimonio en este tiempo.

Algo que llama la atención es la variación en cuanto a la duración, en el desarrollo histórico de este tiempo litúrgico: 

Dos Domingos de Adviento: En el siglo V son celebrados por el rito siro-jacobítico. Un domingo está dedicado al anuncio que hace el ángel a Zacarías y el otro dedicado a la anunciación de María.

Tres Domingos de Adviento: Alrededor del año 500 en Antioquia se añade un domingo dedicado a la proclamación de le genealogía de Jesús.

Cuatro Domingos de Adviento: Estos domingos se conocían en Roma ya en el siglo quinto.

Cinco Domingos de Adviento: En otras partes se da una imitación de la cuaresma con cuarenta días de Adviento que comenzaba el 14 de Noviembre con el ayuno de San Felipe. Por eso los cinco domingos.

Seis Domingos de Adviento: Se conservaban el Toledo y en Milán (rito ambrosiano). El ayuno comenzaba en la fiesta de San Martín de Tours.

2. Estructura litúrgica del adviento actualmente (Misal de Pablo VI)

La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II ha salvado los dos sentidos del Adviento en su desarrollo histórico: el de preparación para la Navidad y el de espera de la segunda venida de Cristo:

El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario n. 39).

En la liturgia actual el adviento consta de cuatro domingos.  Sin perder su unidad, como lo prueban los textos litúrgicos y sobre todo la casi diaria lectura del profeta Isaías, este tiempo subraya de manera bastante clara los sentidos antes mencionados: 

1) desde el primer domingo de adviento hasta el 16 de diciembre se resalta más el aspecto escatológico, orientando el espíritu hacia la espera de la gloriosa venida de Cristo; 

2) del 17 al 24 de diciembre, tanto en la misa como en la  liturgia de las horas, todos los textos se orientan más directamente a preparar la Navidad. 

Los dos prefacios de adviento expresan acertadamente las características de una y otra fase. 

3. Textos bíblicos

El documento llamado Ordenación de las Lecturas de la Misa (OLM), que es una introducción a los leccionarios actuales, explica en sus números 93 y 94 la distribución y el sentido de los textos bíblicos usados en este tiempo:

a) Domingos 

Las lecturas del Evangelio tienen una característica propia: se refieren a la venida del Señor al final de los tiempos (primer domingo), a Juan Bautista (segundo y tercer domingo), a los acontecimientos que prepararon de cerca el nacimiento del Señor (cuarto domingo). 

Las lecturas del Antiguo Testamento son profecías sobre el Mesías y el tiempo mesiánico, tomadas principalmente del libro de Isaías. 

Las lecturas del Apóstol contienen exhortaciones y enseñanzas relativas a las diversas características de este tiempo. 

b) Ferias 

Hay dos series de lecturas, una desde el principio hasta el día 16 de diciembre, la otra desde el día 17 al 24

En la primera parte del Adviento se lee el libro de Isaías, siguiendo el orden mismo del libro, sin excluir aquellos fragmentos más importantes que se leen también en los domingos. 

Los Evangelios de estos días están relacionados con la primera lectura. Desde el jueves de la segunda semana comienzan las lecturas del Evangelio sobre Juan Bautista; la primera lectura es, o bien una continuación del libro de Isaías, o bien un texto relacionado con el Evangelio. 

En la última semana antes de Navidad, se leen los acontecimientos que prepararon de inmediato el nacimiento del Señor, tomados del Evangelio de san Mateo (cap. 1) y de san Lucas (cap. 1). En la primera lectura se han seleccionado algunos textos de diversos libros del Antiguo Testamento, teniendo en cuenta el Evangelio del día, entre los que se encuentran algunos vaticinios mesiánicos de gran importancia. 

4. Figuras del Adviento

En este tiempo litúrgico destacan de modo característico tres figuras bíblicas: el profeta Isaías, Juan BautistaMaría de Nazaret.

Isaías.- Una antiquísima y universal tradición ha asignado al adviento la lectura del profeta Isaías, ya que en él, más que en los restantes profetas, resuena el eco de la gran esperanza que confortará al pueblo elegido durante los difíciles y trascendentales siglos de su historia. Durante el adviento se proclaman las páginas más significativas del libro de Isaías, que constituyen un anuncio de esperanza perenne para los hombres de todos los tiempos.

Juan Bautista.- Es el último de los profetas, resumiendo en su persona y en su palabra toda la historia anterior en el momento en que ésta alcanza su cumplimiento. Encarna perfectamente el espíritu del adviento. El es el signo de la intervención de Dios en su pueblo; como precursor del Mesías tiene la misión de preparar los caminos del Señor (cf. ls 40,3), de anunciar a Israel el “conocimiento de la salvación” (cf. Lc 1,77-78) y, sobre todo, de señalar a Cristo ya presente en medio de su pueblo (cf. Jn 1,29-34).

María.- El adviento es el tiempo litúrgico en el que se pone felizmente de relieve la relación y cooperación de María en el misterio de la redención. Ello brota como desde dentro de la celebración misma y no por superposición ni por añadidura devocional.

La solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebrada al comienzo del adviento (8 diciembre), no es un paréntesis o una ruptura de la unidad de este tiempo litúrgico, sino parte del misterio. María inmaculada es el prototipo de la humanidad redimida, el fruto más espléndido de la venida redentora de Cristo. Ella, como canta el prefacio de la solemnidad, quiso Dios que “fuese… comienzo e imagen de la iglesia, esposa de Cristo llena de juventud y de limpia hermosura”.

5. Teología del Adviento

El adviento encierra un rico contenido teológico; considera, efectivamente, todo el misterio desde la entrada del Señor en la historia hasta su final. Los diferentes aspectos del misterio se remiten unos a otros y se fusionan en una admirable unidad.

El adviento evoca ante todo la dimensión histórico-sacramental de la salvación. El Dios del adviento es el Dios de la historia, el Dios que vino en plenitud para salvar al hombre en Jesús de Nazaret, en quien se revela el rostro del Padre (cf. Jn 14,9). La dimensión histórica de la revelación recuerda que la salvación del hombre se ha realizado de una forma concreta, en Cristo que se hace uno de nosotros.

El adviento es el tiempo litúrgico en el que se evidencia con fuerza la dimensión escatológica del misterio cristiano. Dios nos ha destinado a la salvación (cf. 1 Tes 5,9), si bien se trata de una herencia que se revelará sólo al final de los tiempos (cf. 1 Pe 1,5). La historia es el lugar donde se actúan las promesas de Dios y está orientada hacia el día del Señor (cf. 1 Cor 1,8; 5,5). Cristo vino en nuestra carne, se manifestó y reveló resucitado después de la muerte a los apóstoles y a los testigos escogidos por Dios (cf. He 10,40-42) y aparecerá gloriosamente al final de los tiempos (He 1,11). Durante su peregrinación terrena, la iglesia vive incesantemente la tensión del ya sí de la salvación plenamente cumplida en Cristo y el todavía no de su actuación en nosotros y de su total manifestación con el retorno glorioso del Señor como juez y como salvador.

El adviento, finalmente, revelándonos las verdaderas, profundas y misteriosas dimensiones de la venida de Dios, nos recuerda al mismo tiempo la vocación misionera de la iglesia y de todo cristiano por el advenimiento del reino de Dios. La misión de la iglesia de anunciar el evangelio a todas las gentes se funda esencialmente en el misterio de la venida de Cristo, enviado por el Padre, y en la venida del Espíritu Santo, enviado del Padre y del (o por el) Hijo.

6. Espiritualidad del adviento

Como se decía al principio, la liturgia del adviento invita a la comunidad cristiana a vivir determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida: la vigilante y gozosa espera, la esperanza, la conversión.

La actitud de espera caracteriza a la iglesia y al cristiano, ya que el Dios de la revelación es el Dios de la promesa, que en Cristo ha mostrado su absoluta fidelidad al hombre (cf. 2 Cor 1,20). Como dirá san Pablo, ahora vemos “como en un espejo”, pero llegará el día en que “veremos cara a cara” (1 Cor 13,12). La iglesia vive esta espera en actitud vigilante y gozosa. Por eso clama: “Maranatha: Ven, Señor Jesús” (Ap 22,17.20). 

A pesar de que el Adviento es un tiempo marcado en la Iglesia, podemos decir sin temor a equivocarnos que toda la vida del cristiano está llamada a ser un constante Adviento, una espera siempre abierta de Aquel que vino, que viene y que vendrá, por eso San Bernardo habla de un Adviento triple. Entre la venida de Cristo en la encarnación, y su venida para el juicio final, se da ahora su venida al cristiano por la inhabitación. Este adviento presente «es oculto y espiritual, y de él habla el Señor cuando dice: “si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14,23) (cf. San Bernardo, Sermón Adviento III,4). 

Entrando en la historia, Dios interpela al hombre. La venida de Dios en Cristo exige conversión continua; la novedad del evangelio es una luz que reclama un pronto y decidido despertar del sueño (cf. Rom 13,11-14). El tiempo de adviento, sobre todo a través de la predicación del Bautista, es una llamada a la conversión en orden a preparar los caminos del Señor y acoger a Aquel que viene. El adviento, enseña a vivir esa actitud de los pobres de Yavé, de los mansos, los humildes, los disponibles, a quienes Jesús proclamó bienaventurados (cf. Mt 5,3-12).

7. ¿Qué actitud de cara al Adviento?

Es lamentable que la sociedad de consumo intente con sus propagandas en estos días eclipsar el verdadero espíritu litúrgico del Adviento. Que el gozo espiritual se manifieste también en cosas externas y materiales no está reñido con el sentido litúrgico de este tiempo; pero sí lo está con el desbordamiento que esto tiene en nuestros días. Ya el mismo San Bernardo se lamentaba de las celebraciones mundanas del adviento:

«Los mundanos, aunque también celebran este recuerdo [de la venida de Cristo], no se conmueven con él interiormente. Y lo que todavía es peor, el mismo recuerdo de esta inestimable dignación de Dios se vuelve para ellos ocasión de delicias carnales, pues estos días los verás preparar con toda solicitud el lujo de los vestidos y de los alimentos, como si Cristo en su nacimiento pidiera semejantes cosas… Oye lo que Él mismo te dice: “¿para qué preparas con tantas ansias vestidos para mi nacimiento? Detesto la soberbia, no la amo. ¿A qué fin viene que procures con tanto cuidado las opíparas mesas de este tiempo? No me agradan las delicias del cuerpo, no las apruebo… No me reverencias sino con tu vientre”» (Sermón Adviento I, 10). 

Por eso nos haría bien encontrar el significado original y verdadero de este maravilloso tiempo, que nos es dado ante todo para preparar nuestros corazones para recibir al Señor, que quiere venir a nosotros y entrar más adentro de nuestras vidas. Limpiemos la casa de nuestra conciencia con el sacramento de la penitencia. Acrecentemos estas semanas la oración, la limosna, las buenas obras y sobre todo el deseo del Salvador, que ya viene, y que nos trae nuevas luces y gracias.

En este tiempo nos ayudará recordar y profundizar continuamente las expresiones habituales de la esperanza cristiana que se contienen en la liturgia de todos los días y que nuestros labios repiten, quizá de manera casi inadvertida habitualmente («Venga tu reino», «Ven, Señor Jesús», «Mientras esperamos tu venida», «Bendito el que viene en nombre del Señor», etc.). Porque el cristiano dejaría de serlo si no esperara y pidiera la venida del Señor -del Mesias, del Cristo- y su presencia cada vez más intensa: por ello la liturgia cristiana repite cada día -no sólo en Adviento- diversas expresiones de esperanza. Pero no siempre estas expresiones se viven con la intensidad que tienen en sí mismas. El Adviento es una buena ocasión para revitalizarlas.

8. La corona de Adviento

Una costumbre significativa y de gran ayuda para vivir este tiempo es la corona o guirnalda de Adviento, que constituye como el primer anuncio de la Navidad.

Origen.- La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre-cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.

Evolución.- Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.”

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.

La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violeta, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela mas hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aun se puede hacer la corona ya que lo mas importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.

Simbología de la corona de Adviento

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.


Todas las lecturas para el Tiempo de Adviento

SEMANA-DÍAHOMILÍASLECTURAS
SEMANA I (DOMINGOS)
IDomingo (Ciclo A)HomilíasIs 2, 1-5
Sal 121, 1-2. 4-9
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6
Rm 13, 11-14
Mt 24, 37-44
IDomingo (Ciclo B)HomilíasIs 63, 16b-17. 19b; 64, 2-7
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16.18-19
1 Co 1, 3-9
Mc 13, 33-37
IDomingo (Ciclo C)HomilíasJer 33, 14-16
Sal 24, 4-5. 8-10. 14
1 Tes 3, 12—4, 2
Lc 21, 25-28. 34-36
Ferias Semana I
ILunesHomilíasIs 2, 1-5
Sal 121, 1-4. 6-9
Mt 8, 5-11
IMartesHomilíasIs 11, 1-10
Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17
Lc 10, 21-24
IMiércolesHomilíasIs 25, 6-10a
Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
Mt 15, 29-37
IJuevesHomilíasIs 26, 1-6
Sal 117, 1. 8-9. 19-21. 25-27
Mt 7, 21. 24-27
IViernesHomilíasIs 29, 17-24
Sal 26, 1.4 .7-8
Mt 9, 27-31
ISábadoHomilíasIs 30, 19-21. 23-26
Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6
Mt 9, 35–10, 01. 06-08
SEMANA II (DOMINGOS)
IIDomingo (Ciclo A)HomilíasIs 11, 1-10
Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17
Rm 15, 4-9
Mt 3, 1-12
IIDomingo (Ciclo B)HomilíasIs 40, 1-5. 9-11
Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14
2 Pe 3, 8-14
Mc 1, 1-8
IIDomingo (Ciclo C)HomilíasBar 5, 1-9
Sal 125, 1-6
Flp 1, 4-6. 8-11
Lc 3, 1-6
Ferias Semana II
IILunesHomilíasIs 35, 1-10
Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14
Lc 5, 17-26
IIMartesHomilíasIs 40, 1-11
Sal 95, 1-2. 3 y 10ac. 11-12. 13
Mt 18, 12-14
IIMiércolesHomilíasIs 40, 25-31
Sal 102, 1-4. 8-9. 13-14. 17-18
Mt 11, 28-30
IIJuevesHomilíasIs 41, 13-20
Sal 144, 1bc y 9. 10-11. 12-13ab
Mt 11, 11-15
IIViernesHomilíasIs 48, 17-19
Sal 1, 1-4. 6
Mt 11, 16-19
IISábadoHomilíasSi 48, 1-4. 9-11
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16.18-19
Mt 17, 10-13
SEMANA III (DOMINGOS)
IIIDomingo (Ciclo A)HomilíasIs 35, 1-10
Sal 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10
St 5, 7-10
Mt 11, 2-11
IIIDomingo (Ciclo B)HomilíasIs 61, 1-11
Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
1 Tes 5, 16-24
Jn 1, 6-8. 19-28
IIIDomingo (Ciclo C)HomilíasSof 3, 14-18a
Is 12, 2-6
Flp 4, 4-7
Lc 3, 10-18
Ferias Semana III
IIILunesHomilíasNm 24, 2-7. 15-17a
Sal 24, 4-5a. 6 y 7cd. 8-9
Mt 21, 23-27
IIIMartesHomilíasSof 3, 1-2. 9-13
Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23
Mt 21, 28-37
IIIMiércolesHomilíasIs 45, 6c-8. 18. 21b-25
Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14
Lc 7, 19-23
IIIJuevesHomilíasIs 54, 1-10
Sal 29, 2y 4. 5-6. 11-12a y 13b
Lc 1, 5-25
IIIViernesHomilíasIs 56, 1-3a. 6-8
Sal 66, 2-3. 5. 7-8
Jn 5, 33-36
SEMANA IV (DOMINGOS)
IVDomingo (Ciclo A)HomilíasIs 7, 10-14
Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
Rm 1, 1-7
Mt 1, 18-24
IVDomingo (Ciclo B)Homilías2 S 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16
Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29
Rm 16, 25-27
Lc 1, 6-28
IVDomingo (Ciclo C)HomilíasMiq 5, 1-4a
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16.18-19
Heb 10, 5-10
Lc 1, 39-45
Ferias del 17 al 24 de Diciembre
17 de DiciembreHomilíasGn 49, 1-2. 8-10
Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8. 17
Mt 1, 1-17
18 de DiciembreHomilíasJer 23, 5-8
Sal 71, 1-2. 12-13. 18-19
Mt 1, 18-24
19 de DiciembreHomilíasJc 13, 2-7. 24-25a
Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17
Lc 1, 5-25
20 de DiciembreHomilíasIs 7, 10-14
Sal 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6
Lc 1, 26-38
21 de DiciembreHomilíasCt 2, 8-14
Sal 32, 2-3. 11-12. 20-21
Lc 1, 39-45
22 de DiciembreHomilías1 S 1, 24-28
1 S 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd
Lc 1, 46-56
23 de DiciembreHomilíasMal 3, 1-4. 23-24
Sal 24, 4-5a. 8-9. 10 y 14
Lc 1, 57-66
24 de DiciembreHomilías2 S 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16
Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29
Lc 1, 67-79
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