Sábado XX Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

Ez 43, 1-7a: La Gloria del Señor entró en el templo
Sal 84, 9-10. 11-12. 13-14: La gloria del Señor habitará en nuestra tierra
Mt 23, 1-12: No hacen lo que dicen



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Ezequiel 43,1-7: La gloria del Señor llena el templo. La plenitud de esto se alcanzó en Cristo, verdadero templo de Dios. Es el signo de la presencia de Dios entre los hombres. Pero se trata de un signo provisional, que en el Nuevo Testamento será sustituido por un signo de otra índole: Cristo y su Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, y en otro aspecto, del cristiano en gracia: templo vivo de Dios (Jn 2,19.21ss). Es muy explícita la doctrina de San Pablo (1 Cor 3,10-17; 2 Cor 6,16ss; Ef 2,20ss, etc.).

–Con el Salmo 84 proclamamos que «la gloria de Dios habitará en nuestra tierra». La gloria de Dios se considera acompañada de todos sus atributos: amor y verdad que se entrelazan; justicia y paz que se besan; verdad, fidelidad y justicia que miran desde el cielo; felicidad y abundancia de toda clase de bienes... Todo esto y más aún se encuentran en el Templo que es Cristo, que es la Iglesia, que son los cristianos en gracia: «Vendremos a él y haremos en él nuestra morada».

Mateo 23,1-12: No hacen lo que dicen. En este pasaje evangélico Cristo arremete contra la hipocresía de los responsables del judaísmo. Él enseña la humildad y el servicio. San Agustín comenta:

«También a estos los toleró el Apóstol; pero no les ordenó que fuesen así. También ellos hacen algo y son instrumentos de bien. Buscan lo suyo, pero anuncian a Cristo. No te preocupes de lo que busca el predicador; lo que anuncia, eso ten. No mires ni te interese lo que él pretende. Escucha la salvación de su boca y reténla aunque venga de sus labios. No te constituyas juez de su corazón... Escucha solo la salvación que predican. «Haced lo que dice». Te da seguridad en tu obrar. ¿Y qué es esto? ¿Obran mal? No hagáis lo que hacen (Mt 23,3). ¿Obran bien, es decir, no saludan por el camino, no anuncian el Evangelio por oportunismo? Imitadlos como ellos imitan a Cristo. ¿Es bueno el hombre que predica? Toma la uva del racimo de la vid. ¿Es malo? Coge la uva, aunque prenda del seto espinoso. El racimo es fruto del sarmiento, no de las espinas, aunque haya crecido enredado entre ellas. Por lo tanto, cuando lo ves, si tienes hambre, cógelo, con cuidado, no sea que al meter la mano para coger el racimo te pinches con las espinas. Esto es lo que te digo: oye lo bueno y no imites las malas costumbres» (Sermón 101,10).

Y San Jerónimo:

«¿Quién más manso, quién más bueno que el Señor? Es tentado por los fariseos, sus trampas se rompen..., y sin embargo, por respeto al sacerdocio, por la dignidad de su nombre, exhorta al pueblo a sometérsele, en consideración no de sus obras sino de su doctrina» (Comentario al Evangelio de Mateo 23,1-3).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo;
mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa.
(Sal 83, 10-11)

Oración colecta
Oh Dios, que has preparado bienes inefables
para los que te aman,
infunde tu amor en nuestros corazones,
para que, amándote en todo y sobre todas las cosas
consigamos alcanzar tus promesas,
que superan todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestros dones,
en los que se realiza un admirable intercambio,
para que, al ofrecerte lo que tú nos diste,
merezcamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.
(Sal 129, 7)

O bien:
Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan,
vivirá para siempre.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
Señor, después de haber recibido a Cristo
en estos sacramentos,
imploramos de tu misericordia que,
transformados en la tierra a su imagen,
merezcamos participar de su gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.