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Homilías y comentarios bíblicos
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Mc 11, 11-26 – La higuera estéril y el signo del templo

/ 22 mayo, 2016 / San Marcos
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1 Texto Bíblico
2 Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia
2.1 San Jerónimo, presbítero
2.1.1 Sobre el Evangelio de san Marcos: Todavía no es tiempo de higos
2.1.2 Sobre el Evangelio de san Marcos: Lo que das no es tuyo, lo has recibido
2.2 Juan Taulero, presbítero
2.2.1 Sermón: ¿Cuál es ese templo convertido en cueva de bandidos?
3 Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

Texto Bíblico

11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.
12 Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.13 Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.14 Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie frutos de ti». Los discípulos lo oyeron.
15 Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.16 Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.17 Y los instruía diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos».18 Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.
19 Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
20 A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz.21 Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado».22 Jesús contestó: «Tened fe en Dios.23 En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.24 Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis.25 Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas».

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

San Jerónimo, presbítero

Sobre el Evangelio de san Marcos: Todavía no es tiempo de higos

«No encontró más que hojas en la higuera, porque no era tiempo de higos» (Mc 11,13)
n. 8, SC 494

«No era tiempo de higos». El apóstol interpreta este pasaje en la carta a los Romanos: «No quiero que ignoréis, hermanos, que el endurecimiento vino a una parte de Israel, hasta que entrase la plenitud de las naciones. Cuando haya entrado la plenitud de las naciones, entonces todo Israel será salvo». Si el Señor hubiera encontrado frutos en esa higuera, no hubiera entrado primero la plenitud de las naciones. Pero como entró esta plenitud de las naciones, todo Israel se salvará al final... Después, también Juan en su Apocalipsis dice: de la tribu de Judá habrá doce mil creyentes, de la tribu de Rubén doce mil creyentes, y del mismo modo habla de las restantes tribus; suman en total ciento cuarenta y cuatro mil todos los creyentes...

Si Israel hubiese creído, nuestro Señor no hubiese sido crucificado, y si nuestro Señor no hubiese sido crucificado, la multitud de los gentiles no se hubiese salvado. Creerán los judíos, por tanto, pero creerán al fin del mundo. No era tiempo para que creyeran en la cruz... Su infidelidad es nuestra fe, su ruina nuestra elevación. No era el tiempo de ellos, para que fuera nuestro tiempo.

Sobre el Evangelio de san Marcos: Lo que das no es tuyo, lo has recibido

«En el templo se puso a echar a los que compraban y vendían» (Mc 11,15)
n. 9

Ciertamente enterados de la resurrección de Lázaro están estupefactos de que el hijo de una viuda haya resucitado, otros se impresionan por otros milagros. Sin duda, es admirable devolver a la vida un cuerpo muerto. Por mi parte, estoy más impresionado por este hecho: este hombre, hijo de carpintero, un pobre sin morada, sin lugar donde reposar, desarmado, ni líder, ni juez ¿qué autoridad tiene....para enfrentarse él sólo a una multitud? Nadie ha protestado, nadie ha osado poner resistencia, ninguna persona ha osado oponerse al Hijo que repara la injuria hecha a su Padre...

"Empezó a expulsar a aquellos que vendían y compraban dentro del Templo" si esto ha sido posible en casa de los judíos, ¿por qué no puede ser con más razón en nuestra propia casa? Si esto acontece dentro del marco de la Ley ¿por qué no puede ocurrir con más motivo en el marco del Evangelio? ... Cristo, pobre, expulsa a vendedores y compradores que son ricos. Aquellos que venden son expulsados igual que los que compran. Que nadie diga: "Yo regalo todo lo que tengo, yo hago limosna a los pobres como Dios manda".En un pasaje de San Mateo leemos esto:"Gratis habéis recibido, dad gratis" (Mt 10,8). La gracia de Dios no se vende, se da.

Juan Taulero, presbítero

Sermón: ¿Cuál es ese templo convertido en cueva de bandidos?

«Habéis convertido mi casa en una cueva de bandidos» (Mc 11,17)
n. 46

El Señor entró en el Templo y se puso a echar fuera a todos los que compraban y vendían, diciendo: «Mi casa se llama casa de oración. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos». ¿Cuál es ese templo convertido en cueva de bandidos? Es el alma y el cuerpo del hombre, que son más realmente el templo de Dios que todos los templos edificados (1Co 3,1; 6,19).

Cuando Nuestro Señor quiere llegarse a este último templo, lo encuentra cambiado en un escondite de bandidos y en un bazar de comerciantes. ¿Qué es un comerciante? Son los que dan lo que tienen – a su libre arbitrio- a cambio de lo que no tienen –las cosas de este mundo. ¡El mundo entero está lleno de esa clase de comerciantes! Los encontramos entre los presbíteros y los laicos, entre los religiosos, los monjes y las monjas... Tanta gente llena de su propia voluntad...; tanta gente que buscan en todo su propio interés. Si, por el contrario, tan sólo quisieran comerciar con Dios dándole su propia voluntad, ¡qué comercio tan dichoso no harían!

El hombre debe querer, debe perseguir, debe buscar a Dios en todo lo que hace; y cuando ha hecho todo eso –beber, dormir, comer, hablar, escuchar- que deje completamente las imágenes de las cosas y obre de manera que su templo quede totalmente vacío. Una vez el templo esté vacío, una vez que habrás echado fuera toda la tropa de vendedores, las imaginaciones que le estorban, entonces podrás ser una casa de Dios (Ef 2,19). Y así encontrarás la paz y el gozo de tu corazón, y ya nada te atormentará, nada de lo que ahora te inquieta, de deprime y te hace sufrir.

Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

  • Viernes VIII del Tiempo Ordinario (Año Impar).
  • Viernes VIII del Tiempo Ordinario (Año Par).

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