Jueves VII Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Si 5, 1-8: No tardes en volverte al Señor
- Salmo: Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
+ Evangelio: Mc 9, 41-50: Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al abismo




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana I-IX del Tiempo Ordinario. , Vol. 4, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Eclesiástico 5, 1-10: No tardes en volver al Señor. No hay que fiarse de las riquezas ni de las apariencias exteriores. Es necesario por encima de todo dar de lado a los razonamientos engañosos sobre las consecuencias del pecado.

Hay dos formas de presunción: la confianza arrogante del hombre en las riquezas y el poder que acumula, y la presunción de apoyarse en la misericordia de Dios para seguir pecando. Es algo increíble, pero hasta ahí llega la miseria del hombre. Comenta San Agustín:

«No queráis ahogar con las codicias y cuidados seculares la buena semilla que nuestro ministerio va sembrando en vosotros. Sed tierra buena... Hoy me dirijo a la cizaña; también hay ovejas que son cizaña. ¡Oh, cristianos malos! Con vuestro número y mala vida oprimís a la Iglesia. Corregíos antes de que llegue la siega. «No digáis: pequé, ¿y qué me ha sucedido?» (Eclo 5,4). Dios no ha perdido su potencia, pero exige de ti la penitencia. Esto lo digo a los malos, aunque son cristianos» (Sermón73,3).

–El Salmo 1 nos ofrece una meditación adecuada a la lectura anterior: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde que la acequia; da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal».

Marcos 9,40-49: Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al abismo. Cristo hace resaltar la gravedad del escándalo, que el discípulo debe evitar cueste lo que cueste. Estar con Cristo supone estar con todos los hombres. Su amor lleva siempre a una solidaridad humana. Todo amor al Señor y al prójimo se han de traducir en un espíritu de servicio a todos. Hay que sacrificar todo al Amor divino. Hay que hacer un sacrificio agradable a Dios. El discípulo de Cristo y candidato al Reino ha de ser despiadado consigo mismo, si advierte que existe en él un obstáculo que impide el fin para el que ha sido llamado por Dios desde toda la eternidad. San Basilio hablaba así a los jóvenes:

«No hay que buscar lo superfluo, ni se debe mimar al cuerpo más de lo necesario, para que sirva al alma... Si un cuidado excesivo del cuerpo es nocivo y perjudicial para el alma, es una locura manifiesta servirle y mostrarse sumiso a él» (Discurso a los jóvenes).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Señor, yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
(Sal 12, 6)

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
concede a tu pueblo
que la meditación asidua de tu doctrina
le enseñe a cumplir, de palabra y de obra,
lo que a ti te complace.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Al celebrar tus misterios con culto reverente,
te rogamos, Señor,
que los dones ofrecidos para glorificarte
nos obtengan de ti la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti
y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.
(Cf. Sal 9, 2-3)

O bien:
Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios,
el que tenía que venir al mundo.
(Jn 11, 27)

Oración post-comunión
Concédenos, Dios todopoderoso,
alcanzar un día la salvación eterna,
cuyas primicias nos has entregado
en estos sacramentos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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