Lunes XXI Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 Tes 1, 1-5.8b-10: Abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para vivir aguardando la vuelta de su Hijo, a quien ha resucitado
- Salmo: Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6: El Señor ama a su pueblo
+ Evangelio: Mt 23, 13-22: ¡Ay de vosotros, guías ciegos!




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

1 Tesalonicenses 1,1-5.8-10: Vivir aguardando la segunda venida del Salvador. En Tesalónica hay una auténtica vida cristiana y San Pablo da gracias a Dios por ello. Es un signo del éxito de su predicación allí. Hay que servir al único Dios, vivo y verdadero. Severiano de Gábala escribe:

La vida interior está afianzada sobre el ejercicio de las virtudes teologales, ya que «la fe estimula a obrar bien, la caridad ayuda a soportar las fatigas y la esperanza hace resistir con longanimidad a quienes deben luchar» (Comentario a I Tes.).

Y San Juan Crisóstomo:

«La creencia y la fe se prueban por las obras; no diciendo que se cree, sino con acciones reales, cumplidas con perseverancia y con un corazón encendido de amor» (Homilía sobre I Tes.).

–Con el Salmo 149 proclamamos: «El Señor ama a su pueblo» Esto es motivo de gran alegría y de alabar al Señor: «Cantemos al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en nuestras reuniones litúrgicas o no, alegrémonos por nuestro Creador, por nuestro Rey. El Señor nos ama y adorna con la victoria a los humildes. Festejemos sus gloria, cantemos jubilosos, todos unidos, con vítores a Dios en la boca. Esto es nuestro gran honor».

Es una exhortación a celebrar con un cántico nuevo la salvación manifestada en el Nuevo Testamento, realizada por Cristo y proclamada por los misioneros de todos los tiempos. Es también un anuncio de las realidades futuras. Dios es nuestra gloria y nosotros hemos de ser gloria suya, con nuestra fe vivificada con obras generosas de caridad.

Mateo 23,13-32: ¡Ay de vosotros, ciegos, guías de ciegos! Las maldiciones consuman la separación entre Jesús y las enseñanzas del judaísmo oficial: los escribas y fariseos son condenados por su minuciosidad en la interpretación de la ley. El Evangelio es siempre actual. San Juan Crisóstomo escribe:

«Siempre es, ciertamente, grave cosa la maldad; pero lo es sobre todo cuando el malo no cree necesitar corrección. Y llega el mal a su colmo cuando el malo cree que es capaz de corregir a otros. Lo que Cristo pone de manifiesto al llamar a los escribas y fariseos ciegos y guías de ciegos. Extrema desgracia y miseria es que un ciego se imagine que no necesita guía; pero que encima pretenda guiar a los demás es querer precipitarse todos al abismo.

«Al hablar así el Señor, no hacía sino aludir una vez más a la loca ambición de gloria de aquellos y ponerles el dedo en la llaga de su rabiosa enfermedad. Porque no otra cosa era la causa de todos sus males, sino el hacerlo todo por ostentación. Esto los apartó de la fe, les hizo descuidar la verdadera virtud y los indujo a poner todo su empeño en las purificaciones corporales, sin atender para nada a la purificación del alma. Por ello justamente, para llevarlos a la verdadera virtud y a la pureza del alma les recuerda aquí la misericordia, la justicia y la fidelidad. Estas virtudes son, en efecto, las que conservan nuestra vida, éstas las que purifican el alma» (Homilía 73,2 sobre San Mateo).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

Tiempo Ordinario. Semanas X-XXI. , Vol. 5, CPL, Barcelona, 1997
pp. 304-308

1. I Tesalonicenses 1,1-5.8-10

Después de nueve semanas en que hemos ido siguiendo la historia de Israel en los Libros del AT, hoy pasamos al NT.

Esta semana leemos la primera carta que Pablo escribió a la comunidad cristiana de Tesalónica. Es el escrito más antiguo que se conserva del Nuevo Testamento, fechado hacia el año 51, apenas veinte años después de la muerte de Jesús. Los evangelios todavía no se habían escrito, pero se estaban predicando oralmente y aquí, en las primeras cartas de Pablo, ya se respiran y resumen.

Tesalónica, puerto de mar, la actual Salónica, era la capital de la Macedonia romana, al norte de Grecia. Allí había permanecido Pablo unos meses y había fundado una comunidad cristiana, ayudado por Silas. Se convirtieron, no los judíos, sino unos paganos griegos, con envidia de los dirigentes de la sinagoga judía, que promovieron un alboroto popular contra Pablo, que le obligó a huir (nos lo cuenta Hch 17,1-9).

En las dos cartas que Pablo escribió a los Tesalonicenses, les alaba por la buena orientación de su vida y, a la vez, les exhorta a seguir por ese camino y a corregir algunas desviaciones, como, por ejemplo, la excesiva preocupación por la inminente venida final del Señor, que a algunos parece que les incitaba a no trabajar.

a) Se ve que Timoteo, enviado por Pablo a Tesalónica, habla traído buenas noticias sobre la marcha de la comunidad, y por eso empieza la carta con palabras de alabanza: han sabido acoger la llamada de Dios y la salvación que les ha conseguido Jesús, han abandonado los ídolos que antes adoraban y ahora son famosos por «la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y el aguante de su esperanza», aguardando la venida última de Jesús. Ya aparecen aquí las tres virtudes fundamentales de los cristianos, que luego se llamarían «virtudes teologales»: la fe, la esperanza y la caridad.

El apóstol recuerda que «cuando se proclamó el Evangelio en Tesalónica, no hubo sólo palabras, sino, además, fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda»: ahora se ven los frutos en la vida de la comunidad.

b) Alguien que nos conozca personalmente, y conozca nuestras comunidades, ¿nos podría felicitar como Pablo a los de Tesalónica? ¿podría decir que la dirección general de nuestra vida es la acertada y que estamos bien orientados en lo principal?

Una comunidad cristiana llena de fe, de caridad y de esperanza, puede hacer gozosamente suyo el salmo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles... el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes».

Al mismo tiempo, los cristianos debemos dar un testimonio profético en medio del mundo.

¿Podría Pablo decir de nosotros: «vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca»? Una familia cristiana, una comunidad religiosa o parroquial, deben ser luz y fermento en medio de la sociedad, un signo viviente del Evangelio de Jesús: ¿se notan en nuestro estilo de vida la fe, la esperanza y la caridad por las que era conocida la comunidad de Tesalónica, a pesar de haber recibido una formación un poco precipitada?

2. Mateo 23,13-22

a) Los ataques de Jesús contra los fariseos empezamos a leerlos el sábado pasado («no hacen lo que dicen») y van a continuar durante tres días, con una serie de lamentaciones que les descalifican: «ay de vosotros...».

Las acusaciones de Jesús son muy directas:

- no entran en el Reino, ni dejan entrar a los demás: porque no quieren reconocer al que es la Puerta, Jesús, y atosigan al pueblo con interpretaciones rigoristas;

- con el pretexto de oraciones, «devoran los bienes de las viudas»;

- hacen proselitismo, pero cuando encuentran a una persona dispuesta, no la convierten a Dios, sino a sus propias opiniones;

- caen en una casuística inútil, por ejemplo, sobre los juramentos, perdiendo el tiempo y angustiando a los fieles con cosas que no tienen importancia.

Son «guías ciegos y necios». Mal van a poder conducir al pueblo.

b) Con las personas normales, por débiles y pecadoras que sean, Jesús no se suele mostrar tan duro. Pero sí, con los que son -deberían ser- guías del pueblo, o constituidos en autoridad: «vuestra sentencia será más severa».

Los que tenemos alguna responsabilidad en la vida de la familia o en el campo de la educación o de la comunidad eclesial, tenemos mayor obligación de dar ejemplo a los demás, de no llevar una «doble vida» (entre lo que enseñamos y lo que luego hacemos), de no ser exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos (la «ley del embudo»), de no ser como los hipócritas, que presentan por fuera una fachada, pero por dentro son otra cosa...

Las acusaciones de Jesús nos las hemos de aplicar a nosotros, porque dentro de cada uno puede esconderse un pequeño o gran fariseo. ¿Qué actitudes farisaicas descubro en mí? Repasemos la lista y respondamos sinceramente si se nos podría tildar de «guías ciegos y necios», si buscamos «prosélitos» para vanidad nuestra más que para bien de los demás o para gloria de Dios, si perdemos el tiempo en inútiles discusiones de palabras, si hemos matado el espíritu con una casuística exagerada...

«Vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca» (1a lectura I)
«El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes» (salmo I)
«Ay de vosotros, guías ciegos: vuestra sentencia será más severa» (evangelio).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Inclina tu oído, Señor, escúchame.
Salva a tu siervo que confía en ti.
Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día.
(Sal 85, 1-3)

Oración colecta
Escucha, Señor, nuestra oración matutina
y con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
para que, habiendo sido iluminados por tu claridad,
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas
Por el único sacrificio de Cristo,
tu Unigénito,
te has adquirido, Señor,
un pueblo de hijos tuyos;
concédenos propicio
los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor,
para sacar pan de los campos
y vino que alegre el corazón del hombre.
(Sal 103, 13. 14-15)

O bien:
El que come mi carne y bebe mi sangre
-dice el Señor-
tiene vida eterna
y yo lo resucitaré en el último día.
(Jn 6, 54)

Oración post-comunión
Te pedimos, Señor,
que lleves en nosotros a su plenitud
la obra salvadora de tu misericordia;
condúcenos a perfección tan alta
y mantennos en ella de tal forma
que en todo sepamos agradarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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