Sábado XXI Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 Tes 4, 9-11: Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros
- Salmo: Sal 97, 1. 7-8. 9: El Señor llega para regir los pueblos con rectitud
+ Evangelio: Mt 25, 14-30: Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

1 Tesalonicenses 4,9-11: Dios mismo nos enseña a amarnos. La caridad viene de Dios. No es solo benevolencia, sino una verdadera comunión, creada por la participación de una misma vida. Por eso es fraternidad. El cristiano se purifica progresivamente del pecado y así se deja invadir más y más por la vida divina. San Clemente Romano escribe:

«La altura a la que nos eleva la caridad es inenarrable. La caridad nos une con Dios, la caridad cubre la muchedumbre de pecados, la caridad todo lo soporta, la caridad es paciente. Nada hay vil en la caridad, nada soberbio... En la caridad se perfeccionaron todos los elegidos de Dios. Sin la caridad nada es agradable a Dios» (Carta a los Corintios I,49).

–Con el Salmo 97 proclamamos que en la concordia y la paz de todos brota la alabanza divina, pues todo nos viene del Señor: «El Señor llega para regir la tierra con rectitud. Cantemos al Señor un cántico nuevo porque hace maravillas; su diestra le ha dado la victoria; retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes. El Señor rige el orbe con justicia y los pueblos con rectitud». De Él aprendemos todos y así todos viviremos en la paz, que es uno de los mejores bienes de los pueblos.

San Pablo decía a los Filipenses: «La paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros sentidos en Jesucristo» (4,7). La paz del cristiano es de orden interior, conocimiento de las propias miserias y de las propias virtudes, respeto a los demás y una confianza plena en el Señor.

Años pares

Mateo 25,14-30: La fidelidad para entrar en el Reino. La parábola sobre los talentos exhorta a una postura activa y generosa en toda la vida. San Juan Crisóstomo comenta:

«Este hombre, padre de familia, es Cristo, sin ninguna duda. Él, al ascender victorioso al Padre después de su resurrección, llamó a los apóstoles y les confió la doctrina evangélica, dando a uno más y a otro menos, no por liberalidad o parsimonia, sino según las fuerzas de los que recibían, como dice también el Apóstol que había alimentado con leche a los no podían tomar alimento sólido. Por eso acoge con la misma alegría al que había transformado en diez los cinco talentos que al que había transformado los dos en cuatro, no considerando la magnitud de la ganancia sino la intención de su esfuerzo... Lo que había dicho para excusarse, se vuelve contra él mismo.

«Es llamado servidor malo porque acusa, sin razón, a su señor; perezoso porque no quiso duplicar el talento, de modo que por un lado se le condena por su indolencia y por el otro, por su negligencia... La palabra divina, que debería haber sido dada a los banqueros y negociantes, es decir, ya sea a los otros doctores –que es lo que hicieron los apóstoles consagrando presbíteros y obispos en cada provincia– o a todos los creyentes que hubieran podido duplicar el dinero y devolverlo con interés ejecutando con obras todo lo que habían aprendido con palabras...» (Comentario al Evangelio de Mateo 25,14-15.26-28).

José Aldazabal

Enséñame tus Caminos

Tiempo Ordinario. Semanas X-XXI. , Vol. 5, CPL, Barcelona, 1997
pp. 324-327

1. I Tesalonicenses 4,9-11

a) La consigna de ayer era «Seguid adelante». La de hoy, «os exhortamos a seguir progresando». Una comunidad tiene que crecer, porque siempre es débil e incipiente su seguimiento de Cristo. Si ayer las recomendaciones se referían a la vida sexual, hoy tratan de la caridad fraterna, que también tiene que mejorar.

«Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros». Aunque todavía no ha sido escrito el evangelio, Pablo ya lo está predicando con las palabras que todos recordaban del Maestro, Jesús. Y hay detalles concretos de ese amor fraterno, que Pablo sabe muy bien qué conviene recordar a una comunidad: «mantened la calma, ocupándoos de vuestros propios asuntos y trabajando con vuestras propias manos».

b) Toda comunidad cristiana, sea la familiar o la religiosa o la parroquial y diocesana, puede hoy sentirse interpelada: «os exhortamos a seguir progresando». Y, en concreto, progresando en vida fraterna.

Es la enseñanza que más veces nos pone delante la Palabra de Dios. Es el mandamiento principal: amar a Dios y amar al prójimo. Por desgracia, la experiencia nos dice que la fraternidad es el campo en que más faltamos y, por tanto, el que más necesita nuestro esfuerzo de conversión continua y de crecimiento.

Aceptemos las recomendaciones concretas de Pablo: que mantengamos la calma y la paz en la comunidad (sabiendo resolver las tensiones), que no nos metamos en los asuntos de los demás (no es lo mismo la corrección fraterna, o la corresponsabilidad, que el espíritu de intromisión en todo), y trabajando con nuestras propias manos (sin ceder a la pereza y sin aprovecharnos de la buena voluntad de los demás).

2. Mateo 25,14-30

a) Hoy leemos por última vez el evangelio de Mateo, que nos ha acompañado durante doce semanas, desde la 10a hasta la 21a. No lo hemos leído entero: por ejemplo, dejamos los capítulos finales, con la pasión, muerte y resurrección de Jesús, para los días de la Semana Santa y Pascua.

Concluye hoy el «discurso escatológico», sobre la vigilancia que debe caracterizar a los cristianos ante la Venida del Señor. Después de las parábolas del ladrón, de la vuelta del amo y de las jóvenes que esperan al novio, hoy Jesús nos transmite su enseñanza con la de los talentos.

Cada uno tiene que hacer fructificar los talentos que recibió del amo: cinco, dos o uno. No importa cuántos recibió (Dios es libre y sorprendente a la hora de conceder su gracia).

Lo que cuenta es si cada empleado ha trabajado o no, si le ha sacado rendimiento a ese capital que se le ha encomendado. Escucha las mismas palabras de alabanza el que recibió cinco que el que sólo dos. En cambio, el siervo perezoso es acusado, no de haber malgastado su talento o robado el dinero de su amo, sino de no haberlo hecho fructificar.

b) De nuevo resuena la consigna: «estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora».

Cada uno de nosotros ha recibido sus talentos, y no sabemos cuándo volverá el dueño a pedirnos cuentas del uso que hayamos hecho de ellos.

Podemos pensar, ante todo, en los dones naturales que hemos recibido: la vida, la salud, la inteligencia, las habilidades que nos caracterizan (unos son artistas, otros líderes, otros tienen simpatía abundante...). ¿Sacamos provecho de esos talentos? ¿los sabemos utilizar también para beneficio de la comunidad? ¿o los escondemos «bajo tierra» por pereza o por una falsa humildad? No somos dueños, sino administradores de los dones que Dios nos ha hecho, y que se presentan aquí como un capital que él ha invertido en nosotros.

Pero seguramente se trata, en la intención de Jesús, también de los dones sobrenaturales que Dios nos ha querido conceder. Ya Israel había tenido, en comparación con los otros pueblos, gracias muy especiales, como pueblo elegido de Yahvé. Y no supo aprovecharlas.

Los cristianos todavía tenemos más gracias y dones: Cristo Jesús como Salvador y Maestro, el don de su Espíritu, la Palabra de Dios, la comunidad eclesial, la fe, los sacramentos. ¿Qué fruto les estamos sacando? ¿se nos podría acusar de apatía o de pereza? La excesiva «prudencia» del tercer siervo sería en nosotros un claro «pecado de omisión», del que también tenemos que arrepentirnos. No se trata sólo de no hacer el mal, sino de hacer el bien que Dios espera que hagamos. Como el árbol, del que se esperan frutos, y no sólo apariencias.

No sabemos cuántos años nos quedan de vida y cuándo seremos convocados a examen. Pero todos deseamos que el examinador, el Juez, nos pueda decir las palabras que él guarda para los que se han esforzado por vivir según sus caminos: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor. Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor».

«Os exhortamos a seguir progresando» (1a lectura I)
«Muy bien, siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu señor» (evangelio).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Inclina tu oído, Señor, escúchame.
Salva a tu siervo que confía en ti.
Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día.
(Sal 85, 1-3)

Oración colecta
Escucha, Señor, nuestra oración matutina
y con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
para que, habiendo sido iluminados por tu claridad,
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas
Por el único sacrificio de Cristo,
tu Unigénito,
te has adquirido, Señor,
un pueblo de hijos tuyos;
concédenos propicio
los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor,
para sacar pan de los campos
y vino que alegre el corazón del hombre.
(Sal 103, 13. 14-15)

O bien:
El que come mi carne y bebe mi sangre
-dice el Señor-
tiene vida eterna
y yo lo resucitaré en el último día.
(Jn 6, 54)

Oración post-comunión
Te pedimos, Señor,
que lleves en nosotros a su plenitud
la obra salvadora de tu misericordia;
condúcenos a perfección tan alta
y mantennos en ella de tal forma
que en todo sepamos agradarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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