Sábado XXI Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: 1 Co 1, 26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo
- Salmo: Sal 32, 12-13. 18-19. 20-21: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
+ Evangelio: Mt 25, 14-30: Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

1 Corintios 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo. Dios llama a todos, a sabios e ignorantes, a vivos y a pobres, a gente distinguida y a gente sencilla..., porque lo que Él da no está sujeto a la riqueza, a la sabiduría humana ni a la aristocracia. Está por encima de todo eso. Este es el nuevo orden de cosas que trajo el Señor a la tierra, los más grandes son aquellos que más sirven, los más elevados son aquellos que más se abajan por amor a Dios y al prójimo. Comenta San Agustín:

«¿Quieres ser grande? Comienza por hacerte pequeño. ¿Piensas construir un edificio de colosal altura? Dedícate primero al cimiento bajo. Y cuanto más elevado sea el edificio que quieres levantar, tanto más honda debes preparar su base... Los edificios antes de llegar a las alturas se han de humillar. El remate se levanta airoso después de la humillación» (Sermón 142).

San Juan Crisóstomo exclama:

«¡Qué hermoso es el orden que el Apóstol pone en su lenguaje! Dios nos ha hecho sabios sacándonos del error; después justos y santos comunicándonos su espíritu» (Homilía sobre I Cor)

–El Salmo 32 nos muestra la misma doctrina: Es dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Es dichosa la nación no porque tiene riquezas y poder, sino porque su Dios es el Señor. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia. Es la enseñanza de San Juan Crisóstomo:

«Porque la soberbia fue la raíz y la fuente de la maldad humana, contra ella pone el Señor la humildad, como firme cimiento, porque una vez colocada ésta debajo, todas las demás virtudes se edificarán con solidez, pero si ésta no sirve de base, se destruye cuanto se levante por bueno que sea» (Homilía 15 sobre San Mateo).

Mateo 25,14-30: La fidelidad para entrar en el Reino. La parábola sobre los talentos exhorta a una postura activa y generosa en toda la vida. San Juan Crisóstomo comenta:

«Este hombre, padre de familia, es Cristo, sin ninguna duda. Él, al ascender victorioso al Padre después de su resurrección, llamó a los apóstoles y les confió la doctrina evangélica, dando a uno más y a otro menos, no por liberalidad o parsimonia, sino según las fuerzas de los que recibían, como dice también el Apóstol que había alimentado con leche a los no podían tomar alimento sólido. Por eso acoge con la misma alegría al que había transformado en diez los cinco talentos que al que había transformado los dos en cuatro, no considerando la magnitud de la ganancia sino la intención de su esfuerzo... Lo que había dicho para excusarse, se vuelve contra él mismo.

«Es llamado servidor malo porque acusa, sin razón, a su señor; perezoso porque no quiso duplicar el talento, de modo que por un lado se le condena por su indolencia y por el otro, por su negligencia... La palabra divina, que debería haber sido dada a los banqueros y negociantes, es decir, ya sea a los otros doctores –que es lo que hicieron los apóstoles consagrando presbíteros y obispos en cada provincia– o a todos los creyentes que hubieran podido duplicar el dinero y devolverlo con interés ejecutando con obras todo lo que habían aprendido con palabras...» (Comentario al Evangelio de Mateo 25,14-15.26-28).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Inclina tu oído, Señor, escúchame.
Salva a tu siervo que confía en ti.
Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día.
(Sal 85, 1-3)

Oración colecta
Escucha, Señor, nuestra oración matutina
y con la luz de tu misericordia
alumbra la oscuridad de nuestro corazón:
para que, habiendo sido iluminados por tu claridad,
no andemos nunca tras las obras de las tinieblas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas
Por el único sacrificio de Cristo,
tu Unigénito,
te has adquirido, Señor,
un pueblo de hijos tuyos;
concédenos propicio
los dones de la unidad y de la paz en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor,
para sacar pan de los campos
y vino que alegre el corazón del hombre.
(Sal 103, 13. 14-15)

O bien:
El que come mi carne y bebe mi sangre
-dice el Señor-
tiene vida eterna
y yo lo resucitaré en el último día.
(Jn 6, 54)

Oración post-comunión
Te pedimos, Señor,
que lleves en nosotros a su plenitud
la obra salvadora de tu misericordia;
condúcenos a perfección tan alta
y mantennos en ella de tal forma
que en todo sepamos agradarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

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