Lunes XXX Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 8, 12-17: Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre)
- Salmo: Sal 67, 2 y 4. 6-7ab. 20-21: Nuestro Dios es un Dios que salva
+ Evangelio: Lc 13, 10-17: A ésta, que es hija de Abrahán, ¿no había que soltarla en sábado?




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 8,12-17: Somos hijos adoptivos de Dios, por eso clamamos: ¡Abba! ¡Padre!. Hemos de vivir no según la carne, sino según el Espíritu. Por el Espíritu somos hijos de Dios y lo invocamos como Padre nuestro. El mismo Cristo nos enseña a orar así: «Padre nuestro, que estás en el cielo»... San Agustín comenta este pasaje de San Pablo y dice:

«Por lo tanto, hermanos –ésta es la exhortación recibida hoy–, “no somos deudores de la carne para vivir conforme a la carne”. Para esto hemos sido auxiliados, para esto recibimos el Espíritu de Dios, para esto pedimos el auxilio día a día en nuestras fatigas. La ley tiene bajo sí a quienes amenaza si no cumplen lo que ordena; éstos están bajo la ley, no bajo la gracia. Buena es la ley para quien haga buen uso de ella, esto es, para quien reconozca a través de ella la propia enfermedad y busque el auxilio divino para lograr la salud. Porque, como ya dije y ha de repetirse siempre, si la ley pudiese vivificar, la justicia procedería, ciertamente, de la ley. Entonces ni se buscaría un Salvador, ni hubiese venido Cristo, ni hubiese buscado con su sangre la oveja perdida» (Sermón 156,3).

–Con el Salmo 67 proclamamos que «nuestro Dios es un Dios que salva. Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; en cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría... Bendito sea el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación... Nos hace escapar de la muerte». En realidad todo esto lo ha realizado plenamente entre nosotros por Jesucristo, su Hijo bien amado, que padeció y murió en la Cruz para redimirnos.

–Lucas 13,10-17: Una curación en sábado escandaliza a los hipócritas, pero el pueblo sencillo se llena de júbilo. La bondad de Jesús se aparta de todo formalismo y de todo legalismo. La ley solo ha de servir para ayudar al amor. Ésta es la gran Ley. El mismo Jesucristo reduce toda la ley amor a Dios y al prójimo. Él vino a dar cumplimiento a la ley. Solo el pueblo sencillo y humilde puede apreciar esos gestos y esa doctrina sublime. Los soberbios, los autosuficientes, quedan vacíos. Son los más humildes los que mejor reciben la sanación y la salvación de Cristo, son ellos los que se atreven a pedírsela y a esperarla de su bondad. Escribe San Jerónimo:

«¿Por qué andas encorvado y pegado a la tierra y estás hundido en el cieno? Aquella mujer a la que Satanás mantuvo atada durante dieciocho años, tan pronto como fue curada por el Salvador, se irguió y empezó a mirar al cielo (Lc 13, 11ss)» (Carta 147,9, a Sabiniano, diácono).

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