Martes XXXI Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Rm 12, 5-16a: Cada miembro está al servicio de los otros miembros
- Salmo: Sal 130, 1. 2. 3: Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor
+ Evangelio: Lc 14, 15-24: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Romanos 12,5-16: Cada uno ha de entregarse al servicio de los demás. Cada miembro de la Iglesia ha de cumplir su propia misión, procurando el bien de todos por la vida de oración y el ejercicio de la caridad. Oigamos a San Agustín:

«Dice el Apóstol: “llenos de gozo en la esperanza”. Así, pues, nuestro gozo actual es gozo en la esperanza, aún no en la realidad... Si los compañeros de peregrinación gozan de esta manera en el camino, ¡cuál será su gozo en la Patria! Los mártires lucharon en esta vida, luchando caminaron, y caminando aclamaron. En efecto, quienes aman, caminan, pues hacia Dios no se corre con pasos, sino con el afecto. Hay tres clases de hombres detestables: el que se para, el que da marcha atrás y el que se sale del camino. Que nuestro caminar se vea libre y protegido, con la ayuda de Dios, de estos tres tipos de mal» (Sermón 306,B,1).

–Con el Salmo 130 decimos: «Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre». Éste es el camino de la infancia espiritual, libre de preocupaciones altaneras, dócil a las inspiraciones de Dios, como quien sabe que camina de su mano, más seguro que conducido por la más cariñosa de las madres.

–Lucas 14,15-24: Los invitados más distinguidos, fueron descorteses, y no quisieron venir. Entonces el padre de familia convocó a toda clase de gente. La Iglesia es el lugar de la reunión universal realizada por Cristo. Comenta San Agustín:

«Dejemos de lado las excusas vanas y perversas, y acerquémonos a la cena que nos saciará interiormente. No nos lo impida la soberbia altanera, no nos engría o sujete y aparte de Dios la ilícita curiosidad; la sensualidad de la carne no nos aleje del placer del corazón. Acerquémonos y saciémonos. ¿Quiénes se acercaron sino los mendigos, los débiles, los cojos y los ciegos? No vinieron los ricos, los sanos... Vengan, pues, los mendigos... vengan los débiles.... vengan los cojos..., vengan los ciegos... Éstos vinieron en hora buena, pues los primeros invitados fueron reprobados debido a sus excusas» (Sermón 112,8).

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