Sábado XXXIV Tiempo Ordinario (Impar) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Dn 7, 15-27: El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo
- Salmo: Dn 3, 82. 83. 84. 85. 86. 87: Hijos de los hombres: bendecid al Señor
+ Evangelio: Lc 21, 34-36: Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XXVII-XXXIV del Tiempo Ordinario. , Vol. 7, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

–Daniel 7,15-27: El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo. No obstante las persecuciones del mundo, la victoria es de nuestro Señor. Al fin se les hará justicia a los fieles, ya que la irresistible Autoridad divina arrebatará el dominio al perseguidor y lo dará a los santos para siempre. El desquite de éstos será total, y llegará como fruto de una gran paciencia. Oigamos a San Cipriano:

«Esta virtud de la paciencia derrama sus frutos con profusión y exuberancia por todas partes. La paciencia es la que nos recomienda y guarda para Dios; modera nuestra ira, frena la lengua, dirige nuestro pesar, conserva la paz, endereza la conducta, doblega la rebeldía de la pasión, reprime el orgullo, apaga el fuego de los enconos, contiene la prepotencia de los ricos, alivia la necesidad de los pobres... Es la que fortifica sólidamente los cimientos de nuestra fe, y levanta en alto nuestra esperanza... Ella nos lleva a perseverar como hijos de Dios, imitando la paciencia del Padre» (Tratado de la paciencia 20).

–Sigue como canto responsorial el de los tres jóvenes, en Daniel 3: «Hijos de los hombres, bendecid al Señor. Bendiga Israel al Señor. Sacerdotes del Señor, siervos del Señor, almas y espíritu justos, santos y humildes de corazón... bendecid al Señor». Así hemos de proceder en nuestros días, de modo que toda nuestra vida sea una alabanza continuada al Señor. Y cuando nuestros labios no puedan manifestar nuestro júbilo, que venga expresado en todo por nuestras obras, y que eleve nuestro pensamiento al Señor, alzando hacia Él constantemente breves oraciones o jaculatorias.

–Lucas 21,34-36: Vigilancia y oración son las actitudes necesarias para esperar la venida del Señor. Jesucristo nos anuncia en cada página del Evangelio un mensaje de esperanza. Cristo mismo es nuestra única esperanza. Él es la garantía plena para alcanzar los bienes prometidos. Él nos muestra cuál debe ser el objeto principal de nuestra esperanza: el tesoro de la herencia incorruptible, la felicidad suprema de la posesión eterna de Dios. Escribe San Basilio:

«El único motivo que te queda para gloriarte, oh hombre, y el único motivo de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la vida futura en Cristo» (Homilía 20 sobre la humildad).

Pero la esperanza no es posible, como dice San Agustín, si no hay amor (Sobre la fe, la esperanza y la caridad 117). Y en el atardecer de nuestra vida, como dice San Juan de la Cruz, seremos examinados sobre el AMOR.

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