Semana Santa: Lunes Santo – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

- 1ª Lectura: Is 42, 1-7:
- Salmo: Sal 26, 1. 2. 3 y 13-14:
+ Evangelio: Jn 12, 1-11:




Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Tiempo de Cuaresma. , Vol. 2, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Isaías 42,1-7: No gritará ni voceará por las calles. El poema presenta a un hombre, el Siervo de Yahvé, elegido por Él. Su espíritu lo consagra para establecer el derecho entre los pueblos, que es la ley de Dios. El Siervo se presenta humilde, sencillo, manso, delicado, pero en su actuación es firme, tenaz, fiel hasta conseguir la aceptación de su mensaje. Dios lo guía amorosamente, lo pone como alianza para las naciones, luz de los pueblos, liberador de los oprimidos. Es bien clara la tradición eclesial de atribuir a Jesucristo las cualidades del Siervo de Yahvé.

El Papa Juan Pablo II decía

«Quizá una vez el Señor nos haya llamado con sus palabras al propio Corazón. Y ha puesto de relieve este único rasgo: mansedumbre y humildad. Como si quisiera decir que solo por ese camino quiere conquistar al hombre; que quiere ser el Rey de los corazones mediante la mansedumbre y la humildad. Todo el misterio de su reinado está expresado en estas palabras. La mansedumbre y la humildad encubren en cierto sentido, toda la riqueza del Corazón del Redentor, sobre la que escribió San Pablo a los Efesios. Pero, también esa mansedumbre y humildad lo desvelan plenamente; y nos permiten conocerlo y aceptarlo mejor; lo hacen objeto de suprema admiración» (Alocución 20-VI-79).

–En el Salmo 26 tenemos un canto de confianza y seguridad en Dios, aun en medio de las pruebas más duras. Por ello, es la oración del Siervo de Yahvé, probado, sí, pero no abandonado. Es también la oración de los que deseamos seguir a Cristo y aprender de Él a ser manso y humilde de corazón: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversario, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor».

Juan 12,1-11: ¡Déjala! Tenía guardado este perfume para el día de mi sepultura. Con ocasión de un banquete en casa del resucitado Lázaro, su hermana María unge a Jesús los pies con perfume. Judas critica tal gesto, pero Jesús ve en él un vaticinio de su embalsamamiento. Comenta San Agustín:

«Hemos oído el hecho; busquemos ahora su significado. ¡Oh alma, cualquiera que seas! si quieres ser fiel, unge con María los pies del Señor con precioso ungüento. Aquel ungüento significa justicia –por eso pesaba una libra– y era de gran precio –pístico–. Esta palabra no está desprovista de misterio, sino que está muy en consonancia con él. Pistis en griego significa fe. Querías obrar la justicia; el justo vive de la fe. Unge los pies de Jesús. Con tu buena vida sigue las huellas del Señor. Sécalos con tus cabellos; si tienes cosas superfluas, repártelas a los pobres, y así enjugas los pies del Señor... Tienes en qué emplear lo que te sobra; para ti son cosas superfluas, mas son necesarias a los pies del Señor... La casa se llenó de olor y el mundo se llena con la buena fama, porque la buena fama es un olor agradable. Quienes bajo el nombre de cristianos viven mal, injurian a Cristo...» (Trat. sobre el Evangelio de San Juan 50,6-7).

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